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miércoles, 17 de junio de 2026

CON SÉNECA EN CÓRDOBA

 

Estatua de Séneca junto a la Puerta árabe de Almodóvar
de la muralla cristiana cordobesa.
Esculpida por Amadeo Ruíz Olmos en 1965.
Recuerdo de la historia milenaria de Córdoba.

Acabo de enterarme hace poco de que en unos días estaré paseando por Córdoba. Yo soy así: cuando todo el mundo escapa del calor, yo voy hacia él. Pero no me importa. Voy a visitar la Córdoba histórica, la de las Iglesias Fernandinas, la de la Mezquita-Catedral y una Córdoba de la que poco se habla, la Corduba romana.

Uno de sus exponentes más conocidos es Lucio Anneo Séneca, conocido como Séneca el Joven. Este cordobés, compendio de las virtudes estoicas de lo mejor de Roma, tiene una estatua a la que hice esa foto junto a las murallas de Córdoba.

Su pensamiento puede verse resumido en su célebre máxima:


Séneca nació el año 4 antes de Cristo y murió en Roma en el 65 después de Cristo. Fue un gran filósofo, político, orador y escritor, conocido también como moralista. Hijo de Marco Anneo Séneca, el joven fue cuestor, pretor, senador y cónsul durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. De este último fue tutor y consejero (por la personalidad de Nerón no parece que Séneca tuviera mucho éxito...).

Fue muy importante en los años de Claudio y Nerón, siendo un senador muy influyente. Durante el mandato de este último, Séneca gobernó de facto. Esto le granjeó muchos enemigos que le obligaron a retirarse de la primera línea política. Fue acusado falsamente de participar en la conjura contra Nerón, su antiguo discípulo, que en su paranoia le obligó a suicidarse en el año 65.

El cordobés pasó a la historia como el representante del estoicismo, dejando por escrito unas máximas estoicas que llegaron hasta nuestros días. Asimismo, llegaron sus obras de teatro y diálogos filosóficos, tratados de filosofía natural, consolaciones y cartas.

Séneca se mostró como un gran retórico, accesible y alejado de jergas especializadas. Junto a Epícteto y Marco Aurelio está considerado el máximo exponente del estoicismo tardío y ha influido en filósofos cristianos como Lactancio, San Agustín y San Jerónimo. Fue admirado y venerado durante el Renacimiento como un oráculo moral, un maestro de estilo literario y un modelo de artes dramáticas.

Todo esto hizo que en cuanto estuve en Córdoba por primera vez le hiciera esa foto y hará que en cuanto vuelva con mis vacaciones vaya a visitarlo como cordobés ilustre que es. A mis 60 años he vivido lo mío y puedo decir que suscribo totalmente la frase de Séneca. Y he aprendido más de mi mismo desde el ictus que sufrí a los 46 años que en todos mi años anteriores. 

Esta publicación me parece muy pertinente dado el destino de mis vacaciones para terminar las publicaciones en el blog, que reanudaré a mi vuelta. Felices vacaciones a todos.

miércoles, 28 de enero de 2026

Libro: AVERROES: El sabio cordobés que iluminó Europa, de Andrés Martínez Lorca


Estamos ante un pequeño estudio biográfico (155 páginas tamaño cuartilla) sobre el sabio musulmán de origen cordobés. 

Averroes, el libro, es un recorrido por la vida y obra de este intelectual. Su autor es Andrés Martínez Lorca, catedrático de Medieval de la UNED, que nunca escondió su pasión por Al Andalus (la España ocupada por los musulmanes cuya capital era Córdoba).

En esta obra nos cuenta cómo Averroes, desde Córdoba, ilumina la Europa medieval. Y es en este momento cuando, en mi opinión, no deja clara la distinción entre almohades, procedentes de Arabia y cuya herencia recibe Averroes, y los almorábides, procedentes del norte de África, enemigos de Averroes así como hostiles a la mejor tradición de Córdoba.

Por otra parte, es dudosa la influencia griega en Al Andalus que defiende el autor. Averroes se limitó a traducir a los filósofos griegos, como Aristóteles, lo que no quiere decir que defendiera sus tesis. Nos encontramos ante dos filosofías distintas, la griega y la musulmana, poco compatibles a mi entender, en especial en lo que se refiere a la consideración de mujeres y homosexuales en el mundo musulmán, que dista mucho de la visión occidental.

Teniendo esto en cuenta, podemos acercarnos y disfrutar de la obra del profesor Martínez Lorca. Merece la pena leerlo si, como a mi, te ha deslumbrado la belleza de Córdoba. Junto con Maimónides y Séneca, otros cordobeses ilustres, Averroes es una de las figuras destacadas en la historia de la ciudad, que no es poca.


miércoles, 8 de octubre de 2025

GINÉS, EL DE LAS BOLAS

 


Cinco días llevaba en Pozoblanco y estaba aún perdido, recorriéndola e intentando crear un plano de la localidad para conseguir ubicarme. No es muy grande y, como voy en silla, esperaba conseguirlo rápido. Y aquella calurosa tarde, de pronto, durante uno de mis paseos de reconocimiento me encontré con esta plaza y esta escultura.

No sabía quién era el personaje del busto, pero cuatro enormes bolas llamaron mi atención. Y me acerqué a preguntar a un lugareño.

- Un vecino ilustre de Pozoblanco. El de las bolas, le llamamos aquí.

El de las bolas resultó ser Juan Ginés de Sepúlveda, sacerdote católico nacido en 1490, filósofo, jurista e historiador, conocido por su oposición a fray Bartolomé de las Casas durante la llamada Controversia o Junta de Valladolid (1550-1551), en la que afirmaba la necesidad de la guerra contra los indígenas para lograr su conversión. Sepúlveda era profundo defensor del derecho de conquista, de la colonización, de la conversión forzada y de la esclavitud virreinal.


Nació en Pozoblanco y cursó estudios primero en Córdoba y desde 1510 en la recién creada Universidad de Alcalá de Henares, donde se tituló en Artes y Teología. Marchó después a Bolonia, consiguiendo el doctorado en ambas disciplinas. Allí comenzó a destacar por su erudición en lenguas clásicas. Conoció a importantes personajes de la época, como Alberto Pío -príncipe de Capri-, Julio de Médicis y Adriano VI.

Tradujo la Política de Aristóteles, en la que este defiende el sometimiento de las culturas inferiores, lo que influyó en la posición de Sepúlveda acerca de la legitimidad de la conquista de América para infundir en los indios una cultura superior y cristiana.

Más tarde, ya en Nápoles, revisó el texto en griego del Nuevo Testamento. En Génova conoció a Carlos V y quedó el emperador tan impresionado con él que lo nombró su cronista. Se mostró contrario a las reformas de Erasmo de Róterdam y de Lutero.

Regresó a España y fue nombrado preceptor del que luego sería Felipe II. El obispo de Segovia, Antonio Ramírez de Haro, hizo condenar la obra en que se sustentaban sus doctrinas sobre la conversión de infieles por la Universidad de Salamanca y Alcalá y entonces Juan Ginés de Sepúlveda se retiró a su Pozoblanco natal. Allí se dedicó a escribir obras históricas, ganando por ello gran reputación, aunque posteriormente desprestigiada y manipulada por movimientos presuntamente indigenistas, fuente de actuales tiranías. Falleció en Pozoblanco allí en 1573.


Ginés de Sepúlveda se ha ganado un lugar en la Leyenda negra española (difundida especialmente por Inglaterra contra España por sus intereses en América), en la que es visto como una persona reprobable que legitimaba la explotación de los pueblos indígenas americanos por la conquista española. Esto no es así realmente. 

Sepúlveda defendía el derecho de conquista de unos pueblos a someter a otros por su civilización superior, pero para evangelizarlos y elevarlos a su misma altura, ya que eran pueblos sin civilizar, con sus costumbres caníbales y sacrificios humanos, por su inferioridad cultural y para evitar guerras entre ellos. Según él la conquista española era una acción legítima según el Derecho natural. 

No defendía la esclavitud, como también se dice, sino que para Ginés los indígenas estarían sujetos a servidumbre para poder asimilar los valores y principios religiosos de un pueblo superior en una especie de tutela. Esta mirada indicaba poco aprecio por la cultura indígena, pero no justificaba ni la explotación ni los abusos contra la población sometida.

Por su parte, Bartolomé de las Casas defendía la igualdad del ser humano al margen de cualquier posición política y la necesidad de que los españoles abandonaran América, limitándose a enviar predicadores para evangelizar, sin apoyo militar alguno.

Estas dos posiciones contrarias condujeron a la celebración  de una reunión de teólogos en Valladolid (conocida como Junta de Valladolid o la Controversia) en 1550 para solucionar esta disputa. No hubo resolución final y cada uno de los contrincantes se consideró vencedor.


miércoles, 23 de abril de 2025

LIBRO: EL MÉDICO DE CÓRDOBA, de Herbert Le Porrier


En el siglo XII Córdoba era la capital califal de Al-Andalus. Era una ciudad de calles pavimentadas, de magníficos jardines y con una de las universidades más reputadas del mundo medieval. En ella coincidieron en ese tiempo tres culturas, la cristiana, la árabe y la judía. Moisés Maimónides, ya anciano, recuerda la ciudad de su niñez que tanto le influyó y desde donde empezó, tras la invasión almohade, un camino que lo lleva a recorrer toda la costa mediterránea. Maimónides era médico, filósofo, teólogo y, sobre todo, sabio. Una de las figuras claves en la historia del pensamiento y este libro nos habla de él.

Herbert Le Porrier mediante esta obra (de la Editorial Penguin libros, de 275 páginas, tamaño A5 y tapa blanda) nos introduce en el sentimiento nostálgico dela biografía del conocido como médico de Córdoba, Moshé ben Maimón, y que pasó a la historia como Maimónides.

Este escritor francés se mete en la piel de un viejo Maimónides que, con nostalgia, recuerda desde su exilio egipcio su niñez y sus años cordobeses. Nos habla no solo de sus maestros judíos, sino que también nos da a conocer a Averroes en una época en la que los judíos aprendían de los musulmanes cordobeses y viceversa. El autor describe perfectamente las costumbres y nos lleva al ambiente urbano de la Córdoba del siglo XII para, cogidos de la mano del niño Maimónides, recorrer la ciudad.

En un momento determinado la trama de la novela da un giro y hace viajar al protagonista hasta Toledo, capital de Sefarad, donde le aqueja el llamado mal de Córdoba (nostalgia por la ciudad califal). Los que hemos tenido la suerte de pasear por sus calles, aunque sea un milenio después, y durante tan solo tres meses, comprendemos ese mal y lo sufrimos como él, a la espera de volver. 

Él, desgraciadamente, ya no pudo regresar. Desde Córdoba con trece años tuvo que huir al norte de África por la persecución a los judíos por parte de los almohades, que habían conquistado la ciudad. Y desde allí a Egipto, donde ya viejo nos cuenta esta historia. 

Después de leer esta obra nuestro propio mal de Córdoba se agrava. Ahora al leer el libro puedo reconocer a veces los sitios de los que habla. Todavía puedo ver la estatua de Maimónides con su libro "Guía de perplejos" en la mano. Por momentos parece cobrar vida en mis recuerdos. 

Al terminar la obra de Le Porrier, que recomiendo vivamente a los que quieran conocer la interesante historia de este filósofo y médico judío, no me gustaría que me pasara lo que le pasó a él, que murió triste lejos de Córdoba. Mientras no vuelva, me consolaré leyendo los libros que allí compré.

miércoles, 15 de enero de 2025

MAIMÓNIDES, Libro de Joel L. Kraemer

 


En mi reciente viaje a la maravillosa Córdoba se me ocurrió buscar información sobre la historia de la ciudad califal. Fui a parar a la sucursal de la Casa del Libro, visita siempre recomendable. Allí pretendía comprar algún libro sobre el tema y, gracias a la ayuda de una simpática chica cordobesa, me llevé siete!!!!

Acabo de terminar el primero titulado Maimónides: vida y enseñanzas del gran filósofo judío, escrito por Joel L. Kramer. Se trata de un ejemplar voluminoso y en tapa dura, con más de 600 páginas. Lo cogí pensando en que Maimónides era cordobés aunque en el libro se hace una sucinta referencia a esta circunstancia, puesto que no es una biografía (como yo pensaba) sino un repaso a su principal obra.

El gran filósofo del judaísmo estuvo en muchos sitios y en cada uno de ellos recibió una interesante influencia. Aunque tuvo que huir de uno a otro perseguido por la intolerancia musulmana, de la que poco se suele hablar.

Hablar de Maimónides es hablar del judaísmo del siglo XII. Si algo he de reseñar de este libro es la profundidad que destaca del pensamiento del sabio judío, autor entre otras obras de la histórica Guía de los perplejos. Esta es su obra cumbre, en la que concilia por primera vez el pensamiento religioso con el científico (la primera revolución en el pensamiento judaico) y que recuerdo porque en la estatua que se exhibe en la antigua judería aparece el pensador con este libro en la mano.

Estatua de Maimónides leyendo
Guía de los perplejos en la judería (Córdoba)

Si alguna pega puedo poner al libro de Kramer es, como ya dije, que no es una biografía sino un ensayo en el que la tercera parte está repleta de referencias bibliográficas que en nada ayudan a comprender el texto.

Este pensamiento del gran filósofo cordobés se desarrolló en un entorno siempre hostil, tanto en Sefarad (España) como en las cruzadas de Palestina. Sus reflexiones, representadas en el libro, entrelazan el judaísmo y el islam, haciendo especial referencia a la Mishnah Torah, clásico compendio legislativo del judaísmo.

En fin, a pesar de todo me alegro de haber comprado el libro en Córdoba, que, sentimentalmente, tanto me une a la ciudad como a la figura del propio Maimónides.

Como dije, compré más libros. Así que preparaos...

viernes, 15 de marzo de 2024

EL PLATON DESCONOCIDO

 


Solo los muertos verán el final de la guerra. 

Esta frase pasó a la historia porque la dijo Platón. Y lo sabía muy bien, porque antes de ser filósofo fue soldado. Lo conocí al final de las Guerras del Peloponeso. Los dos fuimos compañeros como peltastas (soldados de infantería). Para mi siempre fue Aristocles porque Platón fue el apodo con el que se hizo famoso más tarde. Así se le conocía por sus anchas espaldas, producto de un intenso y arduo entrenamiento para la lucha.

En aquella guerra sudamos cargando con treinta quilos de equipo a la espalda y sangramos juntos en la batalla y se estableció entre nosotros el nexo que surge entre dos veteranos soldados que han visto el horror y han sobrevivido a él.

Después de las terribles batallas, yo prosperé en este ejército y él se retiró para convertirse en filósofo, el mayor discípulo de Sócrates, fundador de la Academia de Atenas (institución a la que auguro larga vida) y maestro de Aristóteles. Yo ya intuía que, además de gran soldado, iba a ser un buen filósofo porque compartimos muchas charlas nocturnas a la luz de los fuegos campamentales. Hablamos de asuntos que  luego desarrollaría en sus Diálogos o en el mito de la caverna. Me habló también de su ascendencia, que se remonta a los primeros reyes de Atenas. 

Este era un Platón distinto al que se convirtió después de la muerte de Sócrates. Patriota, acusado de introducir nuevos dioses y corromper a la juventud, fue obligado por la ciudad de Atenas a beber cicuta. Esto hizo que mi amigo se convirtiera en un anti demócrata e individualista convencido. Lo comprendo, yo también soy individualista.

Coincidimos muchas veces en el Ágora y hablábamos de los viejos tiempos. Recordábamos a los camaradas caídos y maldecíamos a aquellos que no estuvieron a la altura de lo que de ellos se esperaba. Muchos de ellos aristócratas como Aristocles, que no tuvieron el valor de defender a Atenas en el campo de batalla. Esos fueron los primeros que se vanagloriaban de la guerra y de acciones en las que nunca habían intervenido.

Luego me enteré de que se había convertido en un orador y filósofo extraordinario. Para mi siempre será el soldado Aristocles, al que yo le cubrí las espaldas a veces y él a mi otras tantas, y al que pongo de ejemplo a los novatos durante su entrenamiento. Hasta que yo les hablé de él, solo lo conocían como Platón autor de la frase Solo los muertos verán el final de la guerra. Frase que él y yo sabemos que es cierta, y no porque nos lo hayan contado.


jueves, 7 de mayo de 2020

QUIEN ERA VOLTAIRE ? ( I )



                                             


   Francois - Marie Arouet nació en París el 21 de Noviembre de 1694 y murió el 30 de Mayo de 1778.
Fue escritor, historiador, filósofo y jurista conocido como Voltaire.
 Fue masón y uno de los creadores del movimiento galo conocido como Ilustración.
 Destacó el poder de la Ciencia y la Razón frente a la fe religiosa.
 En 1746 fue elegido miembro de la Academia Francesa ocupando el asiento 33.
 Parece que el pseudónimo Voltaire puede venir de Pequeño Voluntario, como era conocido de niño por su familia.
 También pudiera ser el anagrama de Arouet le Jeune en su versión latina. No se sabe. Incluso podía ser el nombre de un pequeño feudo materno.
 Sea como fuere, tras ser detenido en 1717, adopta ese nombre.
 Había nacido como hijo de un Notario, Consejero del Rey y una descendiente de la aristocracia que murió cuando el niño tenía siete años. Cuando nació tenía cuatro hermanos de los que sólo dos llegaría a ser adultos.
 Estudió Latín y Griego con los Jesuitas y allí se hizo amigo de los hermanos Anderson ( futuros ministros de Luis XV
 En 1706 escribió la Tragedia Amilius et Numitor
 Entre 1711 y 1713 estudió Derecho pero no terminó la Carrera porque quería ser un hombre de letras.
 Su padrino, el abate de Chateauneuf, lo metió en la Sociedad del Temple (un grupo libertino ). Recibió una muy buena herencia de Ninon de Leclos
 En 1713 fue nombrado Secretario de la Embajada en La Haya y compuso la Oda sobre las Desgracias del Tiempo.
 Tiene un idilio con una chica hugonota y es devuelto a París
 Escribe su Tragedia Edipo y comienza a redactar un poema épico culto La Henriada.
 En 1714 comienza a trabajar, como escribiente, en una Notaría y se hace habitual de las tertulias en los Salones de París.
 Acude a las veladas de la Duquesa de Maine. Conoce a la élite intelectual del momento y compone dos poemas libertinos: Le Bourbier y Anti - Giton.
 Muere Luis XIV y el Duque D´Orleans es nombrado Regente. Voltaire escribe sobre el incesto de él con su hija.
 Es encerrado en La Bastilla durante 11 meses
 Después es desterrado a Chatenay
 En 1718 escribe la Tragedia Edipo y en 1723 La Henriade dedicada a Enrique IV. Fue encarcelado en La Bastilla cinco meses y desterrado a Inglaterra. Se instaló en Londres y recibió gran influencia de la cultura anglosajona.
 A su regreso a Francia difunde el pensamiento de Newton.
 Escribe Zaireen 1734 y La Muerte de César ( 1735 ), Alzira ( 1736 ) Mahoma ( 1741 ).
 Viaja a Berlín donde es nombrado Caballero.
En 1749 vuelve a Berlín y escribe El Siglo de Luis XIV ( 1751 ) y Micrimegas (  1752 )
 una serie de cuentos iniciados con Zadig. Es expulsado de Alemania y acogido en Ginebra.
 Aquí se enfrenta al Calvinismo.
 Dedica a Miguel Servet su Ensayo sobre las Costumbres  ( 1756 )

lunes, 25 de noviembre de 2019

JORGE LUIS BORGES ( I )

 Jorge Luis Borges Acevedo nació en Buenos Aires ( Argentina ) fue uno de los más importantes escritores en español. Se especializó en relatos, ensayos, cuentos y poemas.
 Su obra es clave en la creación literaria universal. Esta considerado un erudito y un filósofo.
 Su obra ha sido, y es, objeto de múltiples y variados estudios Es un pensador que escapa del dogmatismo y de la intolerancia.
 Nació el 24 de Agosto de 1899 y murió - víctima del cáncer de hígado - el 14 de junio de 1986.
 en Ginebra ( Suiza ).
 Está enterrado en el Cementerio Suizo de Reves.
 Su nacionalidad fue, siempre, argentina. Sus padres fueron Jorge Guillermo Borges y Leonor Acevedo. La influencia de su madre marcaría, para siempre, su relación con las mujeres.
 Estuvo casado - entre 1967 y 1970 - con Elsa Astete . Posteriormente con Maria Kodama.
 También fue pareja de Maria Kodama, Concepción Guerrero, Esther Vázquez y Estela Canto.


                                          

lunes, 2 de marzo de 2015

MÁXIMAS DE MARCO AURELIO, EL EMPERADOR FILÓSOFO

Destruye la queja de "se me ha dañado" y destruido queda el daño.
El verdadero modo de vengarse de un enemigo, es no asemejársele.
Lo que no es útil para la colmena, no es útil para la abeja.
A la piedra arrojada, no le importa caer ni subir.
Ten muy presente que los hombres, hagas lo que hagas, siempre serán los mismos.
Si no conviene, no lo hagas; si no es verdad, no lo digas. Sé dueño de tus inclinaciones.
Realiza cada una de tus acciones como si fuera la última de tu vida.
No obres como si fueras a vivir mil años; obra como si el fin estuviera muy cerca.
La dulzura, cuando es sincera, es una fuerza invencible.
El arte de vivir se asemeja más a la lucha que a la danza.
El mundo no es más que transformación, y la vida, opinión solamente.
Te embarcaste, surcaste mares, atracaste: ¡desembarca!
La vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella
No desprecies la muerte, pero acéptala de buen agrado, porque forma parte de lo establecido
Quien huye de las obligaciones sociales es un desertor.
En ninguna parte puede hallar el hombre un retiro tan apacible y tranquilo como en la intimidad de su alma.
El tiempo es como un río que arrastra rápidamente todo lo que nace.
Una sola es la luz del sol, aunque la obstaculicen muros, montes, incontables impedimentos.
Contempla de continuo que todo nace por transformación, y habitúate a pensar que nada ama tanto la naturaleza del Universo como cambiar las cosas existentes y crear nuevos seres semejantes.
No permitas que tu memoria se enajene de las cosas que tienes, sino de las que te hagan falta.
Concibe sin cesar el mundo como un ser viviente único, que contiene una sola sustancia y un alma única, y cómo todo se refiere a una sola facultad de percibir, la suya, y cómo todo lo hace con un sólo impulso, y cómo todo es responsable solidariamente de todo lo que acontece, y cuál es la trama y contextura.
Todas las cosas se hallan entrelazadas entre sí y su común vínculo es sagrado y casi ninguna es extraña a la otra, porque todas están coordinadas y contribuyen al orden del mismo mundo.
La naturaleza del universo, valiéndose de la sustancia del conjunto universal, como de una cera, modeló ahora un potro; después, lo fundió y se valió de su materia para formar un arbusto, a continuación un hombrecito, y más tarde otra cosa.
Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza.
La perfección de las costumbres consiste en vivir cada día como si fuera el último.
Preciso es que a partir de este momento te des cuenta de qué mundo eres parte y de qué gobernante del mundo procedes como emanación, y comprenderás que tu vida está circunscrita a un período de tiempo limitado. Caso de que no aproveches esta oportunidad para serenarte, pasará, y tú también pasarás, y ya no habrá otra. Y te liberarás, si ejecutas cada acción como si se tratara de la última de tu vida, desprovista de toda irreflexión, de toda aversión apasionada que te alejara del dominio de la razón, de toda hipocresía, egoísmo y despecho en lo relacionado con el destino.
Acuérdate en adelante, cada vez que algo te contriste, de recurrir a esta máxima: que la adversidad no es una desgracia, antes bien, el sufrirla con grandeza de ánimo es una dicha.





                             

lunes, 22 de diciembre de 2014

DISCURSO DE JOSÉ MARTÍ

 José Martí  ( 1853 - 1895 ) fuél el prócer del movimiento independentista cubano. Poeta, filósofo y político, era hijo de unos emigrantes tinerfeños. Apasionado por la libertad, hizo de sus discursos políticos obras poéticas como esta:



                         
“Con todos y para el bien de todos”
                       
26 de noviembre de 1891


                   
Este discurso fue dado por José Martí en el Liceo Cubano en Tampa el 26 de noviembre de 1891. El señor Francisco María Gonzáles lo tomó taquigráficamente y después fue reproducido bajo el nombre de “Con todos y para el bien de todos” y distribuido en hojas sueltas.


         
Cubanos:


Para Cuba que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella. Y ahora, después de evocado su amadísimo nombre, derramaré la ternura de mi alma sobre estas manos generosas que ¡no a deshora por cierto! acuden a dármele fuerzas para la agonía de la edificación; ahora, puestos los ojos más arriba de nuestras cabezas y el corazón entero sacado de mí mismo, no daré gracias egoístas a los que creen ver en mí las virtudes que de mí y de cada cubano desean; ni al cordial Carbonell, ni al bravo Rivero, daré gracias por la hospitalidad magnífica de sus palabras, y el fuego de su cariño generoso; sino que todas las gracias de mi alma les daré, y en ellos a cuantos tienen aquí las manos puestas a la faena de fundar, por este pueblo de amor que han levantado cara a cara del dueño codicioso que nos acecha y nos divide; por este pueblo de virtud, en donde se aprueba la fuerza libre de nuestra patria trabajadora; por este pueblo culto, con la mesa de pensar al lado de la de ganar el pan, y truenos de Mirabeau junto a artes de Roland, que es respuesta de sobra a los desdeñosos de este mundo; por este templo orlado de héroes y alzado sobre corazones. Yo abrazo a todos los que saben amar. Yo traigo la estrella, y traigo la paloma en mi corazón.

No nos reúne aquí, de puro esfuerzo y como a regañadientes, el respeto periódico a una idea de que no se puede adjurar sin deshonor; ni la respuesta siempre pronta, y a veces demasiado pronta, de los corazones patrios a un solicitante de fama, o a un alocado de poder, o a un héroe que no corona el ansia inoportuna de morir con el heroísmo superior de reprimirla, o a un menesteroso que bajo la capa de la patria anda sacando la mano limosnera. Ni el que viene se afeará jamás con la lisonja, ni es este noble pueblo que lo recibe pueblo de gente servil y llevadiza. Se me hincha el pecho de orgullo, y amo aún más a mi patria desde ahora, y creo aún más desde ahora en su porvenir ordenado y sereno, en el porvenir, redimido del peligro grave de seguir a ciegas, en nombre de la libertad, a los que se valen del anhelo de ella para desviarla en beneficio propio; creo aún más en la república de ojos abiertos, ni insensata ni tímida, ni togada ni descuellada, ni sobreculta ni inculta, desde que veo, por los avisos sagrados del corazón, juntos en esta noche de fuerza y pensamiento, juntos para ahora y para después, juntos para mientras impere el patriotismo, a los cubanos que ponen su opinión franca y libre por sobre todas las cosas, -y a un cubano que se las respeta.
             
Porque si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que yo prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la cuna el hábito de recurrir a camarillas personales, fomentadas por un interés notorio o encubierto, para la defensa de las libertades: sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres honrados. Levántese por sobre todas las cosas esta tierna consideración, este viril tributo de cada cubano a otro. Ni misterios, ni calumnias, ni tesón en desacreditar, ni largas y astutas preparaciones para el día funesto de la ambición. O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos. ¡Para ajustar en la paz y en la equidad los intereses y derechos de los habitantes leales de Cuba trabajamos, y no para erigir, a la boca del continente, de la república, la mayordomía espantada de Veintimilla, o la hacienda sangrienta de Rosas, o el Paraguay, lúgubre de Francia! ¡Mejor caer bajo los excesos del carácter imperfecto de nuestros compatriotas, que valerse del crédito adquirido con las armas de la guerra o las de la palabra que rebajarles el carácter! Este es mi único título a estos cariños, que han venido a tiempo a robustecer mis manos incansables en el servicio de la verdadera libertad. ¡Muérdanmelas los mismos a quienes anhelase yo levantar más, y ¡no miento! amaré la mordida, porque me viene de la furia de mi propia tierra, y porque por ella veré bravo y rebelde a un corazón cubano! ¡Unámonos, ante todo, en esta fe; juntemos las manos, en prenda de esa decisión, donde todos las vean, y donde no se olvida sin castigo; cerrémosle el paso a la república que no venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos!
¡De todos los cubanos! Yo no sé qué misterio de ternura tiene esta dulcísima palabra, ni qué sabor tan puro sobre el de la palabra misma de hombre, que es ya tan bella, que si se le pronuncia como se debe, parece que es el aire como nimbo de oro, y es trono o cumbre de monte la naturaleza! Se dice cubano, y una dulzura como de suave hermandad se esparce por nuestras entrañas, y se abre sola la caja de nuestros ahorros, y nos apretamos para hacer un puesto más en la mesa, y echa las alas el corazón enamorado para amparar al que nació en la misma tierra que nosotros, aunque el pecado lo trastorne, o la ignorancia lo extravíe, o la ira lo enfurezca, o lo ensangriente el crimen! ¡Cómo que unos brazos divinos que no vemos nos aprietan a todos sobre un pecho en que todavía corre la sangre y se oye todavía, sollozar el corazón! Créese allá en nuestra patria, para darnos luego trabajo de piedad, créese, donde el dueño corrompido pudre cuanto mira, un alma cubana nueva, erizada y hostil, un alma hosca, distinta de aquella alma casera y magnánima de nuestros padres e hija natural de la miseria, que ve triunfar al vicio impune, y de la cultura inútil, que sólo halla empleo en la contemplación sorda de sí misma! ¡Acá, donde vigilamos por los ausentes, donde reponemos la casa que allá se nos cae encima, donde creamos lo que ha de reemplazar a lo que allí se nos destruye, acá no hay palabra que se asemeje más a la luz del amanecer, ni consuelo que se entre con más dicha por nuestro corazón, que esta palabra inefable y ardiente de cubano!
             
¡Porque eso es esta ciudad, eso es la emigración cubana entera, eso es lo que venimos haciendo en estos años de trabajo sin ahorro, de familia sin gusto, de vida sin sabor, de muerte disimulada! ¡A la patria que allí se cae a pedazos y se ha quedado ciega de la podre, hay que llevar la patria piadosa y previsora que aquí se levanta! ¡A lo que queda de patria allí, mordido de todas partes por la gangrena que empieza a roer el corazón, hay que juntar la patria amiga donde hemos ido, acá en la soledad, acomodando el alma, con las manos firmes que pide el buen cariño, a las realidades todas, de afuera y de adentro, tan bien veladas allí en unos por la desesperación y en otros por el goce babilónico, que con ser grandes certezas y grandes esperanzas y grandes peligros, son, aun para los expertos, poco menos que desconocidas! ¿Pues qué saben allá de esta noche gloriosa de resurrección, de la fe determinada y metódica de nuestros espíritus, del acercamiento continuo y creciente de los cubanos de afuera, que los errores de los diez años y las veleidades naturales de Cuba, y otras causas maléficas no han logrado por fin dividir, sino allegar tan íntima y cariñosamente que no se ve sino un águila que sube, y un sol que va naciendo, y un ejército que avanza? ¿Qué saben allá de estos tratos sutiles, que nadie prepara ni puede detener, entre el país desesperado y los emigrados que esperan? ¿Qué saben de este carácter nuestro fortalecido, de tierra en tierra, por la prueba cruenta y el ejercicio diario? ¿Qué saben del pueblo liberal, y fiero, y trabajador, que vamos a llevarles? ¿Qué sabe el que agoniza en la noche, del que le espera con los brazos abiertos en la aurora? Cargar barcos puede cualquier cargador; y poner mecha al cañón cualquier artillero puede; pero no ha sido esa tarea menor, y de mero resultado y oportunidad, la tarea única de nuestro deber, sino la de evitar las consecuencias dañinas, y acelerar las felices, de la guerra próxima, e inevitable, e irla limpiando, como cabe en lo humano, del desamor y del descuido y de los celos que la pudiesen poner donde sin necesidad ni excusa nos pusieron la anterior, y disciplinar nuestras almas libres en el conocimiento y orden de los elementos reales de nuestro país, y en el trabajo que es el aire y el sol de la libertad, para que quepan en ella sin peligro, junto a las fuerzas creadoras de una situación nueva, aquellos residuos inevitables de las crisis revueltas que son necesarias para constituirlas. Y las manos nos dolerán más de una vez en la faena sublime, pero los muertos están mandando, y aconsejando, y vigilando, y los vivos los oyen, y los obedecen, y se oye en el viento ruido de ayudantes que pasan llevando órdenes, y de pabellones que se desplegan! ¡Unámonos, cubanos, en esta otra fe: con todos, y para todos: la guerra inevitable, de modo que la respete y la desee y la ayude la patria, y no nos la mate, en flor, por local o por personal o por incompleta, el enemigo: la revolución de justicia y de realidad, para el reconocimiento y la práctica franca de las libertades verdaderas.
             
¡Porque eso es esta ciudad, eso es la emigración cubana entera, eso es lo que venimos haciendo en estos años de trabajo sin ahorro, de familia sin gusto, de vida sin sabor, de muerte disimulada! ¡A la patria que allí se cae a pedazos y se ha quedado ciega de la podre, hay que llevar la patria piadosa y previsora que aquí se levanta! ¡A lo que queda de patria allí, mordido de todas partes por la gangrena que empieza a roer el corazón, hay que juntar la patria amiga donde hemos ido, acá en la soledad, acomodando el alma, con las manos firmes que pide el buen cariño, a las realidades todas, de afuera y de adentro, tan bien veladas allí en unos por la desesperación y en otros por el goce babilónico, que con ser grandes certezas y grandes esperanzas y grandes peligros, son, aun para los expertos, poco menos que desconocidas! ¿Pues qué saben allá de esta noche gloriosa de resurrección, de la fe determinada y metódica de nuestros espíritus, del acercamiento continuo y creciente de los cubanos de afuera, que los errores de los diez años y las veleidades naturales de Cuba, y otras causas maléficas no han logrado por fin dividir, sino allegar tan íntima y cariñosamente que no se ve sino un águila que sube, y un sol que va naciendo, y un ejército que avanza? ¿Qué saben allá de estos tratos sutiles, que nadie prepara ni puede detener, entre el país desesperado y los emigrados que esperan? ¿Qué saben de este carácter nuestro fortalecido, de tierra en tierra, por la prueba cruenta y el ejercicio diario? ¿Qué saben del pueblo liberal, y fiero, y trabajador, que vamos a llevarles? ¿Qué sabe el que agoniza en la noche, del que le espera con los brazos abiertos en la aurora? Cargar barcos puede cualquier cargador; y poner mecha al cañón cualquier artillero puede; pero no ha sido esa tarea menor, y de mero resultado y oportunidad, la tarea única de nuestro deber, sino la de evitar las consecuencias dañinas, y acelerar las felices, de la guerra próxima, e inevitable, e irla limpiando, como cabe en lo humano, del desamor y del descuido y de los celos que la pudiesen poner donde sin necesidad ni excusa nos pusieron la anterior, y disciplinar nuestras almas libres en el conocimiento y orden de los elementos reales de nuestro país, y en el trabajo que es el aire y el sol de la libertad, para que quepan en ella sin peligro, junto a las fuerzas creadoras de una situación nueva, aquellos residuos inevitables de las crisis revueltas que son necesarias para constituirlas. Y las manos nos dolerán más de una vez en la faena sublime, pero los muertos están mandando, y aconsejando, y vigilando, y los vivos los oyen, y los obedecen, y se oye en el viento ruido de ayudantes que pasan llevando órdenes, y de pabellones que se desplegan! ¡Unámonos, cubanos, en esta otra fe: con todos, y para todos: la guerra inevitable, de modo que la respete y la desee y la ayude la patria, y no nos la mate, en flor, por local o por personal o por incompleta, el enemigo: la revolución de justicia y de realidad, para el reconocimiento y la práctica franca de las libertades verdaderas.
Ni los bravos de la guerra que me oyen tienen paces con estos análisis menudos de las cosas públicas, porque al entusiasta le parece crimen la tardanza misma de la sensatez en poner por obra el entusiasmo; ni nuestra mujer, que aquí oye atenta, sueña más que en volver a pisar la tierra propia, donde no ha de vivir su compañero, agrio como aquí vive y taciturno: ni el niño, hermano o hijo de mártires y de héroes, nutrido en sus leyendas, piensa en más que en lo hermoso de morir a caballo, peleando por el país, al pie de una palma!
            
¡Es el sueño mío, es el sueño de todos; las palmas son novias que esperan: y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas! Eso es lo que queríamos decir. A la guerra del arranque, que cayó en el desorden, ha de suceder, por insistencia de los males públicos, la guerra de la necesidad, que vendría floja y sin probabilidad de vencer, si no le diese su pujanza aquel amor inteligente y fuerte del derecho por donde las almas más ansiosas de él recogen de la sepultura el pabellón que dejaron caer, cansados del primer esfuerzo, los menos necesitados de justicia. Su derecho de hombres es lo que buscan los cubanos en su independencia; y la independencia se ha de buscar con alma entera de hombre. ¡Que Cuba, desolada, vuelve a nosotros los ojos! ¡Que los niños ensayan en los troncos de los. caminos la fuerza de sus brazos nuevos! ¡Que las guerras estallan, cuando hay causas para ella, de la impaciencia de un valiente o de un grano de maíz! ¡Que el alma cubana se está poniendo en fila, y se ven ya, como al alba, las masas confusas! ¡Que el enemigo, menos sorprendido hoy, menos interesado, no tiene en la tierra los caudales que hubo de defender la vez pasada, ni hemos de entretenemos tanto como entonces en dimes y diretes de localidad, ni en competencias de mando, ni en envidias de pueblo, ni en esperanzas locas! ¡Que afuera tenemos el amor en el corazón, los ojos en la costa, la mano en la América, y el alma al cinto! ¿Pues quién no lee en el aire todo eso con letras de luz? Y con letras de luz se ha de leer que no buscamos, en este nuevo sacrificio, meras formas, ni la perpetuación del alma colonial en nuestra vida, con novedades de uniforme yankee, sino la esencia y realidad de un país republicano nuestro, sin miedo canijo de unos a la expresión saludable de todas las ideas y el empleo honrado de todas las energías,-ni de parte de otros aquel robo al hombre que consiste en pretender imperar en nombre de la libertad por violencias en que se prescinde del derecho de los demás a las garantías y los métodos de ella. Por supuesto, que se nos echarán atrás los petimetres de la política, que olvidan como es necesario contar con lo que no se puede suprimir,-y que se pondrá a refunfuñar el patriotismo de polvos de arroz, so pretexto de que los pueblos. en el sudor de la creación, no dan siempre olor de clavellina. ¿Y qué le hemos de hacer? ¡Sin los gusanos que fabrican la tierra no podrían hacerse palacios suntuosos! En la verdad hay que entrar con la camisa al codo, como entra en la res el carnicero. Todo lo verdadero es santo, aunque no huela a clavellina. Todo tiene la entraña fea y sangrienta: es fango en las artesas el oro en que el artista talla luego sus joyas maravillosas; de lo fétido de la vida saca almíbar la fruta y colores la flor; nace el hombre del dolor y la tiniebla del seno maternal, y del alarido y el desgarramiento sublime: y las fuerzas magníficas y corrientes de fuego que en el horno del sol se precipitan y confunden, no parecen de lejos a los ojos humanos sino manchas! ¡Paso a los que no tienen miedo a la luz: caridad para los que tiemblan de sus rayos!
              
Ni vería yo esa bandera con cariño, hecho como estoy a saber que lo más santo se toma como instrumento del interés por los triunfadores audaces de este mundo, si no creyera que en sus pliegues ha de venir la libertad entera, cuando el reconocimiento cordial del decoro de cada cubano, y de los modos equitativos de ajustar los conflictos de sus intereses, quite razón a aquellos consejeros de métodos confusos que sólo tienen de terribles lo que tiene de terca la pasión que se niega a reconocer cuánto hay en sus demandas de equitativo y justiciero. ¡Clávese la lengua del adulador popular, y cuelgue al viento como banderola de ignominia, donde sea castigo de los que adelantan sus ambiciones azuzando en vano la pena de los que padecen, u ocultándoles verdades esenciales de su problema, o levantándoles la ira:-y al lado de la lengua de los aduladores, clávese la de los que se niegan a la justicia!
             
¡La lengua del adulador se clave donde todos la vean,- y la de los que toman por pretexto las exageraciones a que tiene derecho la ignorancia, y que no puede acusar quien no ponga todos los medios de hacer cesar la ignorancia, para negarse a acatar lo que hay de dolor de hombre y de agonía sagrada en las exageraciones que es más cómodo excomulgar, de toga y birrete, que estudiar, lloroso el corazón, con el dolor humano hasta los codos! En el presidio de la vida es necesario poner, para que aprendan justicia, a los jueces de la vida. El que juzgue de todo, que lo conozca todo. No juzgue de prisa el de arriba, ni por un lado: no juzgue el de abajo por un lado ni de prisa. No censure el celoso el bienestar que envidia en secreto. No desconozca el pudiente el poema conmovedor, y el sacrificio cruento, del que se tiene que cavar el pan que come; de su sufrida compañera, coronada de corona que el injusto no ve; de los hijos que no tienen lo que tienen los hijos de los otros por el mundo! ¡Valiera más que no se desplegara esa bandera de su mástil, si no hubiera de amparar por igual a todas las cabezas!
             
Muy mal conoce nuestra patria, la conoce muy mal, quien no sepa que hay en ella, como alma de lo presente y garantía de lo futuro, una enérgica suma de aquella libertad original que cría el hombre en sí, del jugo de la tierra y de las penas que ve, y de su idea propia y de su naturaleza altiva. Con esta libertad real y pujante, que sólo puede pecar por la falta de la cultura que es fácil poner en ella, han de contar más los políticos de carne y hueso que con esa libertad de aficionados que aprenden en los catecismos de Francia o de Inglaterra, los políticos de papel. Hombres somos, y no vamos a querer gobiernos de tijeras y de figurines, sino trabajo de nuestras cabezas, sacado del molde de nuestro país. Muy mal conoce a nuestro pueblo quien no observe en él como a la par de este ímpetu nativo que lo levanta para la guerra y no lo dejará dormir en la paz, se ha criado con la experiencia y el estudio, y cierta ciencia clara que da nuestra tierra hermosa, un cúmulo de fuerzas de orden, humanas y cultas,-una falange de inteligencias plenas, fecundadas por el amor al hombre, sin el cual la inteligencia no es más que azote y crimen,-una concordia tan íntima, venida del dolor común, entre los cubanos de derecho natural, sin historia y sin libros, y los cubanos que han puesto en el estudio la pasión que no podían poner en la elaboración de la patria nueva,-una hermandad tan ferviente entre los esclavos ínfimos de la vida y los esclavos de una tiranía aniquiladora,-que por este amor unánime y abrasante de justicia de los de un oficio y los de otro; por este ardor de humanidad igualmente sincero en los que llevan el cuello alto, porque tienen alta la nuca natural, y los que los llevan bajo, porque la moda manda lucir el cuello hermoso; por esta patria vehemente en que se reúnen con iguales sueños, y con igual honradez, aquellos a quienes pudiese divorciar el diverso estado de cultura-sujetará nuestra Cuba, libre en la armonía de la equidad, la mano de la colonia que no dejará a su hora de venírsenos encima, disfrazada con el guante de la república. ¡Y cuidado, cubanos, que hay guantes tan bien imitados que no se diferencian de la mano natural! A todo el que venga a pedir poder, cubanos, hay que decirle a la luz, donde se vea la mano bien: ¿mano o guante?-Pero no hay que temer en verdad, ni hay que regañar. Eso mismo que hemos de combatir, eso mismo nos es necesario. Tan necesario es a los pueblos lo que sujeta como lo que empuja: tan necesario es en la casa de familia el padre, siempre activo, como la madre, siempre temerosa. Hay política hombre y política mujer. ¿Locomotora con caldera que la haga andar, y sin freno que la detenga a tiempo? Es preciso, en cosas de pueblos, llevar el freno en una mano, y la caldera en la otra. Y por ahí padecen los pueblos: por el exceso de freno, y por el exceso de caldera.
¿A qué es, pues, a lo que habremos de temer? ¿Al decaimiento de nuestro entusiasmo, a lo ilusorio de nuestra fe, al poco número de los infatigables, al desorden de nuestras esperanzas? Pues miro yo a esta sala, y siento firme y estable la tierra bajo mis pies, y digo: "Mienten." Y miro a mi corazón, que no es más que un corazón cubano, y digo:- `Mienten."
             
¿Tendremos miedo a los hábitos de autoridad contraídos en la guerra, y en cierto modo ungidos por el desdén diario de la muerte? Pues no conozco yo lo que tiene de brava el alma cubana, y de sagaz y experimentado el juicio de Cuba, y lo que habrían de contar las autoridades viejas con las autoridades vírgenes, y aquel admirable concierto de pensamiento republicano y la acción heroica que honra, sin excepciones apenas, a los cubanos que cargaron armas; o, como que conozco todo eso, al que diga que de nuestros veteranos hay que esperar ese amor criminal de sí, ese postergamiento de la patria a su interés, esa traición inicua a su país, le digo: -"!Mienten!"
            
¿O nos ha de echar atrás el miedo a las tribulaciones de la guerra, azuzado por gente impura que está a paga del gobierno español, el miedo a andar descalzo, que es un modo de andar ya muy común en Cuba, porque entre los ladrones y los que los ayudan, ya no tienen en Cuba zapatos sino los cómplices y los ladrones? ¡Pues como yo sé que el mismo que escribe un libro para atizar el miedo a la guerra, dijo en versos, muy buenos por cierto, que la jutía basta a todas las necesidades del campo en Cuba, y sé que Cuba está otra vez llena de jutías, me vuelvo a los que nos quieren asustar con el sacrificio mismo que apetecemos, y les digo:-"Mienten".
             
¿Al que más ha sufrido en Cuba por la privación de la libertad le tendremos miedo, en el país donde la sangre que derramó por ella se la ha hecho amar demasiado para amenazarla? ¿Le tendremos miedo al negro, al negro generoso, al hermano negro, que en los cubanos que murieron por el ha perdonado para siempre a los cubanos que todavía lo maltratan? Pues yo se de manos de negro que están más dentro de la virtud que las de blanco alguno que conozco: yo sé del amor negro a la libertad sensata, que sólo en la intensidad mayor y natural y útil se diferencia del amor a la libertad del cubano blanco: yo sé que el negro ha erguido el cuerpo noble, y está poniéndose de columna firme de las libertades patrias. Otros le teman: yo lo amo: a quien diga mal de él, me lo desconozca, le digo a boca llena:-"Mienten".
            
¿Al español en Cuba habremos de temer? ¿Al español armado, que no nos pudo vencer por su valor, sino por nuestras envidias, nada más que por nuestras envidias? ¿Al español que tiene en el Sardinero o en la Rambla su caudal y se irá con su caudal, que es su única patria; o al que lo tiene en Cuba, por apego a la tierra o por la raíz de los hijos, y por miedo al castigo opondrá poca resistencia, y por sus hijos? ¿Al español llano, que ama la libertad como la amamos nosotros, y busca con nosotros una patria en la justicia, superior al apego a una patria incapaz e injusta, al español que padece, junto a su mujer cubana, del desamparo irremediable y el mísero porvenir de los hijos que le nacieron con el estigma de hambre y persecución, con el decreto de destierro en su propio país, con la sentencia de muerte en vida con que vienen al mundo los cubanos? ¿Temer al español liberal y bueno, a mi padre valenciano, a mi fiador montañés, al gaditano que me velaba el sueño febril, al catalán que juraba y votaba porque no quería el criollo huir con sus vestidos, al malagueño que saca en sus espaldas del hospital al cubano impotente, al gallego que muere en la nieve extranjera, al volver de dejar el pan del mes en la casa del general en jefe de la guerra cubana? ¡Por la libertad del hombre se pelea en Cuba, y hay muchos españoles que aman la libertad! ¡A estos españoles los atacarán otros: yo los ampararé toda mi vida! A los que no saben que esos españoles son otros tantos cubanos, les decimos: "¡Mienten!"
              
¿Y temeremos a la nieve extranjera? Los que no saben bregar con sus manos en la vida, o miden el corazón de los demás por su corazón espantadizo, o creen que los pueblos son meros tableros de ajedrez, o están tan criados en la esclavitud que necesitan quien les sujete el estribo para salir de ella, esos buscarán en un pueblo de componentes extraños y hostiles la república que sólo asegura el bienestar cuando se le administra en acuerdo con el carácter propio, y de modo que se acendre y realce. A quien crea que falta a los cubanos coraje y capacidad para vivir por sí en la tierra creada por su valor, le decimos: "Mienten".
            
Y a los lindoros que desdeñan hoy esta revolución santa cuyos guías y mártires primeros fueron hombres nacidos en el mármol y seda de la fortuna, esta santa revolución que en el espacio más breve hermanó, por la virtud redentora de las guerras justas, al primogénito heroico y al campesino sin heredad, al dueño de hombres y a su esclavos; a los olimpos de pisapapel, que bajan de la trípode calumniosa para preguntar aterrados, y ya con ánimos de sumisión, si ha puesto el pie en tierra este peleador o el otro, a fin de poner en paz el alma con quien puede mañana distribuir el poder; a los alzacolas que fomentan a sabiendas, el engaño de los que creen este magnífico movimiento de almas, esta idea encendida de la redención decorosa, este deseo triste y firme de la guerra inevitable, no es más que el tesón de un rezagado indómito, o la correría de un general sin empleo, o la algazara de los que no gozan de una riqueza que sólo se puede mantener por la complicidad con el deshonor, o la amenaza de una turba obrera, con odio por corazón y papeluchos por sesos, que irá, como del cabestro, por donde la quiera llevar el primer ambicioso que la adule, o el primer déspota encubierto que le pase por los ojos la bandera,-a lindoros, o a olimpos, y a alzacolas, -les diremos: -"Mienten." ¡Esta es la turba obrera, el arca de nuestra alianza, el tahalí, bordado de mano de mujer, donde se ha guardado la espada de Cuba, el arenal redentor donde se edifica, y se perdona, y se prevee, y se ama!
            
¡Basta, basta de meras palabras! Para lisonjearnos no estamos aquí, sino para palparnos los corazones, y ver que viven sanos, y que pueden; para irnos enseñando a los desesperanzados, a los desbandados, a los melancólicos, en nuestra fuerza de idea y de acción, en la virtud probada que asegura la dicha por venir, en nuestro tamaño real, que no es de presuntuoso, ni de teorizante, ni de salmodista, ni de melómano, ni de caza nubes, ni de pordiosero. Ya somos unos, y podemos ir al fin: conocemos el mal, y veremos de no recaer; a puro amor y paciencia hemos congregado lo que quedó disperso, y convertido en orden entusiasta lo que era, después de la catástrofe, desconcierto receloso; hemos procurado la buena fe, y creemos haber logrado, suprimir o reprimir los vicios que causaron nuestra derrota, y allegar con modos sinceros y para fin durable, los elementos conocidos o esbozados, con cuya unión se puede llevar la guerra inminente al triunfo. ¡Ahora, a formar filas! ¡Con esperar, allá en lo hondo del alma, no se fundan pueblos! Delante de mí vuelvo a ver los pabellones, dando órdenes; y me parece que el mar que de allá viene, cargado de esperanza y de dolor, rompe la valla de la tierra ajena en que vivimos, y revienta contra esas puertas sus olas alborotadas... ¡Allá está, sofocada en los brazos que nos la estrujan y corrompen! ¡Allá está, herida en la frente, herida en el corazón, presidiendo, atada a la silla de tortura, el banquete donde las bocamangas de galón de oro ponen el vino del veneno en los labios de los hijos que se han olvidado de sus padres! ¡Y el padre murió cara a cara al alférez, y el hijo va, de brazos con el alférez, a podrirse a la orgía! ¡Basta de meras palabras! De las entrañas desgarradas levantemos un amor inextinguible por la patria sin la que ningún hombre vive feliz, ni el bueno, ni el malo. Allí está, de allí nos llama, se la oye gemir, nos la violan y nos la befan y nos la gangrenan a nuestro ojos, nos corrompen y nos despedazan a la madre de nuestro corazón! ¡Pues alcémonos de una vez, de una arremetida última de los corazones, alcémonos de manera que no corra peligro la libertad en el triunfo, por el desorden o por la torpeza o por la impaciencia en prepararla; alcémonos, para la república verdadera, los que por nuestra pasión por el derecho y por nuestro hábito del trabajo sabremos mantenerla; alcémonos para darle tumba a los héroes cuyo espíritu vaga por el mundo avergonzado y solitario; alcémonos para que algún día tengan tumba nuestros hijos! Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante:
¡Basta, basta de meras palabras! Para lisonjearnos no estamos aquí, sino para palparnos los corazones, y ver que viven sanos, y que pueden; para irnos enseñando a los desesperanzados, a los desbandados, a los melancólicos, en nuestra fuerza de idea y de acción, en la virtud probada que asegura la dicha por venir, en nuestro tamaño real, que no es de presuntuoso, ni de teorizante, ni de salmodista, ni de melómano, ni de caza nubes, ni de pordiosero. Ya somos unos, y podemos ir al fin: conocemos el mal, y veremos de no recaer; a puro amor y paciencia hemos congregado lo que quedó disperso, y convertido en orden entusiasta lo que era, después de la catástrofe, desconcierto receloso; hemos procurado la buena fe, y creemos haber logrado, suprimir o reprimir los vicios que causaron nuestra derrota, y allegar con modos sinceros y para fin durable, los elementos conocidos o esbozados, con cuya unión se puede llevar la guerra inminente al triunfo. ¡Ahora, a formar filas! ¡Con esperar, allá en lo hondo del alma, no se fundan pueblos! Delante de mí vuelvo a ver los pabellones, dando órdenes; y me parece que el mar que de allá viene, cargado de esperanza y de dolor, rompe la valla de la tierra ajena en que vivimos, y revienta contra esas puertas sus olas alborotadas... ¡Allá está, sofocada en los brazos que nos la estrujan y corrompen! ¡Allá está, herida en la frente, herida en el corazón, presidiendo, atada a la silla de tortura, el banquete donde las bocamangas de galón de oro ponen el vino del veneno en los labios de los hijos que se han olvidado de sus padres! ¡Y el padre murió cara a cara al alférez, y el hijo va, de brazos con el alférez, a podrirse a la orgía! ¡Basta de meras palabras! De las entrañas desgarradas levantemos un amor inextinguible por la patria sin la que ningún hombre vive feliz, ni el bueno, ni el malo. Allí está, de allí nos llama, se la oye gemir, nos la violan y nos la befan y nos la gangrenan a nuestro ojos, nos corrompen y nos despedazan a la madre de nuestro corazón! ¡Pues alcémonos de una vez, de una arremetida última de los corazones, alcémonos de manera que no corra peligro la libertad en el triunfo, por el desorden o por la torpeza o por la impaciencia en prepararla; alcémonos, para la república verdadera, los que por nuestra pasión por el derecho y por nuestro hábito del trabajo sabremos mantenerla; alcémonos para darle tumba a los héroes cuyo espíritu vaga por el mundo avergonzado y solitario; alcémonos para que algún día tengan tumba nuestros hijos! Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: "Con todos, y para el bien de todos".
José Martí
                    
 
             

viernes, 8 de agosto de 2014

DADAISMO

 El Dadaismo ( o Movimiento Dadá ) tiene su origen  en la Suiza de 1916. Comienza allí de manos de artistas pacifistas, refugiados de la I Guerra Mundial. Después de la guerra se extiende por Francia y Alemania. Se considera una evolución del futurismo italiano, el expresionismo alemán y el cubismo francés.
 En 1916 un grupo de artistas abre en Zurich el Cabaret Voltaire. Allí se reunen el filósofo Hugo Ball, el poeta Tristán Tzara y el pintor Hans Arp. Inician actividades artísticas y, en primer lugar, bautizan el local. Lo llamarán Dadá.
  El origen del término es un misterio. Algunos sostienen que era el unico término capaz de ser pronunciado por artistas procedentes de países tan distintos. Otros dicen que es la primera palabra pronunciada por los niños y , por lo tanto, es un homenaje a la sencillez del arte ( convertido en expresión infantil ). En pocos meses el dadaismo se ha extendido por toda Suiza.  Presumía de su condición ilógica, agresiva y absurda.
 En 1917 Picabia contacta con Tzara y hacen el Manifiesto Dadaista. Estamos en 1918 y el movimiento se traslada a París.
 Picabia viaja, también, a Nueva York donde lleva el dadaismo ( al Village).
 En Alemania el dadaismo surge paralelo a la revolución espartaquista.
 El dadaismo surge de la conciencia del fin del camino de la evolución del arte. Por ello supone la intención de superar el llamado positivismo artístico y sus convenciones. Huyen del arte burgués y crean el concepto de artista bohemio ( alejado de todas convenciones ). Se presenta, así, como una forma de vida alternativa. Sln normas



Retrato de Tzara por Tihanyi ( 1927 )
                                         

lunes, 1 de febrero de 2010

Juliano El Apòstata













Juliano el Apóstata de Gore Vidal.1964 Biblioteca de Novela Històrica. Orbis.(510 págs)

Gore Vidal es uno de los intelectuales mas importantes del último medio siglo norteamericano. De vastísima cultura e ideas políticas mas que discutibles, ello no es óbice para considerarlo un gran escritor. Y esta obra es una buena muestra de ello.
 Escrita cuando faltaban mas de 30 años para el "boom" de la novela histórica, su calidad la separa enormemente de lo que vino despuès. Nos narra la vida, contada en primera persona de Juliano.Romano tradicionalista y emperador a su pesar, en el siglo IV. Filósofo de vocación y soldado por obligación. Su vida nos es narrada por el mismo y matizada por otros personajes coetáneos, que nos dan una perspectiva objetiva del personaje. He de reconocer que las primeras cien páginas me costaron un poco, pues narran la vida de un patricio, un tanto aburrida. A partir de la muerte de su hermano cuando, para nuestro deleite como lectores, su vida se convulsiona. Es de destacar como el personaje, hombre culto, se va adaptando a las circunstancias: conspiraciones, batallas, etc, etc. y fluye a travès de ellas con un objetivo que el filósofo había diseñado y que el soldado y estadista se propone llevar a la práctica. Si lo consigue la historia de Roma cambiará para siempre. Elló será determinante para el futuro del personaje y el devenir de la narración, y no es cuestión de narrarlo aquí. Recomendable obra por entretenida y didáctica

miércoles, 28 de octubre de 2009

MARCO AURELIO(121-180)


Marco Aurelio fué Emperador de Roma durante 19 años, hasta su muerte.Siendo el último de los conocidos como "Buenos Emperadores"(Trajano, Adriano, Antonino Pio,él mismo y Lucio Vero) por Maquiavelo.Edward Gibbon llamó esta època "la mas feliz de la historia de la humanidad".
La època de Marco Aurelio estuvo condicionada por la máxima extensión del mundo romano y los problemas para defender sus fronteras frente a Partos y Germánicos.
Sin embargo la obra mas importante de este emperador-filósofo no fue una campaña militar o política. Fué "Meditaciones" (170)considerada, aún hoy como la guia del buen gobernante.
Nacido como Marco Annio Catilio Severo, único varón de Marco Annio Vero, senador y pretor de orígen hispano, muerto cuando Aurelio tenía tres años.Su abuela materna era
Vibia Sabina, esposa de Adriano, quien tenía un lazo especial con su nieto, al que llamaba Marco "el honrado"(y al que nombro miembro del ordo equester-élite social de Roma-cuando tenía solo seis años)
Cuando Marco tenía quince años su abuelo nombra sucesor a Lucio Aelio César, que muere pronto. Es entonces cuando es designado sucesor Antonino Pío, con la condición de que adopte a Marco Aurelio.Este tiene 17 años y su destino ya está marcado.Marco se prepara como futuro César y descubre la filosofía, de manos de Marco Cornelio Frontón, su mentor y futuro consejero.Estudia griego, latín,retòrica, y empieza su carrera política cuando su abuelo lo nombra consul(la mas alta magistratura) antes de morir
Con 26 años recibe el imperium proconsular y la potestad tribunicia. En el 145 se casa con,Annia Galeria Faustina, la hija de Antonino Pio.Se asegura la sucesión tambien por vía conyugal.Cuando Marco tiene 40 años muere Pío y le sucede. reinará con el nombre de Marco Aurelio Antonino.Carece de experiencia bélica y por eso nombra co-emperador a Lucio Vero, su hermanastro, prestigioso líder militar, asegurandose, además, su lealtad.
Las fronteras Parta y Germánica arden y Aurelio confía su seguridad a Vero, evitando así que ningún otro general gane prestigio y pueda desafiarlo, como en su momento hicieron César o Vespasiano.Vero será el "bombero" del Imperio hasta su muerte, nueve años despuès.
Marco aurelio quiere ser um emperador distinto. Renuncia a ampliar el "limes" y propone reformas en la jurisprudencia civil y en favor de los esclavos, viudas y menores de edad.
Entrer 161 y 166 se produce la rebelión de los partos y su represión. como recompensa Vero es agasajado en Roma.Pero sus legiones traen no solo el triunfo si no una variedad de viruela que causa la muerte del propio vero y 2.000 muertes diarias en Roma, durante años.
Los germanos amenazan La Galia entre el 162-166, siendo rechazados. La marea de la historia cambia definitivamente para Roma. De la ofensiva pasa a la defensiva, sin vuelta atrás.Tras la muerte de Vero, Marco toma personalmente, por primera vez, un mando de campaña.Tiene 49 años cuando marcha a Germania.Ya nunca podrá dedicarse al gobierno pacífico del imperio.
Logra rechazar a los germanos pero no tiene tiempo de celebrar la victoria. El general Casio se rebela en oriente, aunque es ejecutado solo cien dias despuès.Marco Aurelio decide visitar las provincias orientales y llega a Atenas y visita los lugares donde nació su amada filosofía.
En el 180 inicia el viaje de regreso a Roma. Tiene 59 años y enferma de varicela. Muere en Viena.Sus cenizas fueron transportadas a Roma donde descansan en el Mausoleo de su abuelo, Adriano (actualmete castillo de Sant`Angelo.
En 166 había nombrado sucesor a su hijo Cómodo. Este resulto ser un egocéntrico, paranoico y neuròtico.La "Pax Romana" había terminado.
Sin embargo, a pesar de su buen gobierno, lo mejor que lego Marco fué su obra literaria,"Meditaciones", 12 volúmenes escritos en griego durante sus ùltimos diez años, en el fragor de las campañas germánicas.Constituye un autentico "corpus" de filosofía estoica (exaltaba la sencillez y la sobriedad de la vida y, como en todo el mundo griego, miraba con desconfianza a los lujos y a las costumbres modernas, más sofisticadas, entroncando con Catón, Escipión o Séneca.A la vez esta corriente de pensamiento se mostraba pesimista dada la vulnerabilidad de la condición humana ante las pasiones).
Su vida se puede resumir en una de sus màs conocidas máximas: "No lo hagas, si no conviene; no lo digas, si no es verdad."