En mi visita al Alcázar de los Reyes Cristianos de Córdoba me encontré de repente ante el busto de Don Gonzalo Fernández de Córdoba y Enríquez de Aguilar, el Gran Capitán. Sentí un repentino e inmenso orgullo por un pasado en gran parte militar que muchos españoles ignoran. Y entonces me propuse, para paliar tal carencia, hacer una entrada en este blog.
Don Gonzalo nació en Montilla, cerca de Córdoba, el 1 de septiembre de 1453 y murió en Granada el 2 de diciembre de 1515, ciudad en la que está enterrado. Pasó a la historia como el Gran Capitán.
Don Gonzalo fue un noble y militar español, siendo Capitán General de los ejércitos de Castilla y Aragón y el fundador del ejército español. Fue el gran triunfador de las batallas de la guerra de Granada, la primera guerra italiana y la guerra de Nápoles. Se convirtió en virrey de Nápoles y fue nombrado Duque de Santangelo, Terranova, Andría, Montalto y Sessa. También fue comendador de la Orden de Santiago. En sus últimos años regresó a Castilla y en sus últimos días fue alcalde de Loja, trasladándose a Granada unos meses antes de morir.
Fue un magnífico estratega, táctico y político, considerándose padre de la guerra moderna. Combinó como nadie las armas de fuego que luego se emplearían en los Tercios, germen de la Infantería Española. Su influencia duraría siglo y medio dominando los campos de batalla de Europa, convirtiéndose en un general legendario a nivel internacional.
Fue también un habilísimo diplomático, manteniendo contacto con los Estados Pontificios y el Sacro Imperio Romano Germánico, además de las Repúblicas italianas. De manera que fue la persona más estimada en tales tiempos, pues tales príncipes deseaban tenerle como amigo o recelaban de que fuese su enemigo.
Para recordarlo, el tercio de la Legión acuartelado en Melilla lleva su nombre.
Había nacido en el Castillo de Montilla, perteneciente al Señorío de Aguilar. Era hijo segundo de Pedro Fernández de Aguilar (V Señor de Aguilar de la Frontera y de Priego de Córdoba). Su madre era prima de Juana Enríquez, reina consorte de Aragón. Y hermano menor de Alfonso Fernández de Córdoba, con el que se crió en Córdoba al cuidado de Pedro de Cárcamo. En su infancia fue paje al servicio del príncipe Alfonso de Castilla, hermano de la futura reina Isabel I, y a la muerte de este pasó al servicio de la princesa Isabel.
Fiel al mando isabelino, inició su carrera militar (como correspondía a un segundón de la nobleza) en la guerra de sucesión castellana. En la batalla de Albueda (1479) contra Portugal ya se distingue entre los mejores guerreros de la orden de Santiago. Luego contrajo matrimonio con Isabel, hija del señor del Carpio, que moriría al dar a luz por primera vez. Como regalo de boda, su hermano le había dado la alcaldía de Santaella.
Fue en la guerra de Granada donde se hizo famoso como Comandante en jefe y como táctico práctico, al idear una máquina de asedio hecha con las puertas de las casas. Mandó el asalto de Illora y Montefrío, encabezando a sus hombres en la batalla y haciendo prisionero a Boabdil, que se entregó tras pedir piedad. Gonzalo Fernández de Córdoba aceptó su rendición. Acabarían siendo amigos.
Contrajo segundas nupcias con María Manrique de Lara, dama de la reina Isabel, con quien tuvo dos hijas.
Estuvo a punto de morir en una escaramuza nocturna ante Granada cuando se cayó del caballo en medio del combate y dirigió las últimas negociaciones con Boabdil para la rendición de la ciudad en enero de 1492. Acompañó a Boabdil a su exilio en Fez en 1494.
Recibió la Encomienda de la Orden de Santiago y el Señorío de Órjiva, así como rentas sobre la producción de seda granadina, lo que lo hizo muy adinerado.
En 1494 fue enviado a conquistar los territorios de Italia para neutralizar el pacto entre los franceses y los turcos. Se pone al frente de una expedición de 60 naves y 20 leños, embarcando 6.000 soldados de infantería y 700 jinetes. Entró en Nápoles y ocupó Regio de Calabria y las localidades de alrededor. En su primera batalla contra los franceses perdió la iniciativa, siendo derrotado en la batalla de Seminara (1495), su primera y última derrota, de la cual aprendió para futuros movimientos militares. Después maniobró hábilmente y asedió con éxito Atella. Consiguió que los napolitanos se sublevaran contra los franceses. Pocos días después, el Gran Capitán fue aclamado en Roma, siendo recibido por el papa Alejandro VI.
En 1498 regresó a Castilla como Duque de Santangello y de Terranova. En 1501 el papa Alejandro VI publicó el acuerdo entre Francia y Aragón y los franceses ocuparon su parte con 20.000 hombres. El Gran Capitán, por orden del rey aragonés, procede a ocupar su parte, encontrándose con resistencia en Tarento, una plaza bien fortificada, la cual asedia. Dado que era difícil tomarla por mar, el Gran Capitán cogió 20 carabelas y desembarcó a sus hombres para atacar por tierra, puesto que la plaza no tenía defensas por allí. Esto supuso la toma de la localidad sin batalla.
Españoles y franceses riñen por el reparto de Nápoles, lo que obliga al de Córdoba a utilizar su genio como estratega, organizando un torneo llamado el Desafío de Barletta. Ante la llegada de refuerzos franceses, abandona esta localidad y toma la ciudad de Ruvo di Puglia, logrando la histórica victoria de Ceriñola. En pocos minutos 3.000 mercenarios suizos yacen muertos en el campo, siendo la primera vez en que se obtiene una victoria por medio de armas de fuego. Los franceses huyen hacia Gaeta, donde son reforzados con otros 10.000 hombres. El Gran Capitán monta una línea defensiva en el río Gadellano, cerrando el paso de los franceses hacia la capital napolitana. El ejército español cruza el Gadellano sobre un puente de barcas y sorprende a los franceses que huyen en desbandada, dejando tras de sí en manos españolas millares de prisioneros con muchos bagajes, banderas y artillería.
En 1504 es nombrado virrey de Nápoles durante cuatro años. Es cesado y vuelve a España, donde se le concede la alcaldía de Loja, a donde se retiró. Allí se siente enfermo y regresa a Granada con su familia en 1515. El rey Fernando, creyendo que el Gran Capitán quería viajar a Flandes para organizar una revuelta, mandó arrestarlo. Pero Fernández de Córdoba murió el 2 de diciembre.
Sus restos descansaron en el desaparecido Convento de San Francisco y después en el Monasterio de San Jerónimo, con permiso de Carlos I, en 1522. En la cripta acabaría reposando con su esposa y varios familiares, además de 700 trofeos de guerra.
Y esta es la épica y triste historia de Don Gonzalo Fernández de Córdoba, que es desconocido por muchos a pesar de ser el primer y mejor general de la historia militar de España.
También podíamos reseñar en esta entrada las llamadas Cuentas del Gran Capitán, pero eso queda para otra entrada.