El 26 de julio del año pasado paseaba por las inmediaciones de lo que había sido mi casa. Recordaba perfectamente la Plaza de España de pasar cientos de veces por allí. Pero lo que vi me sorprendió. No era la plaza que yo tenía en mis recuerdos. Había pasado el tiempo y la plaza había sufrido modificaciones. Y yo ya no era el mismo.
La que más me llamó la atención fue la estatua de lo que parecía un militar decimonónico. Me acerqué y pude ver a los pies de este soldado un nombre: Porlier. No sabía quién era ni por qué merecía ese homenaje. Así que me puse a investigar...
Porlier fue un mariscal de campo (la máxima graduación que había en el ejército de tierra en aquella época, hoy ya no existe) y un héroe que, como tantos, había traído de vuelta al rey Fernando VII, al cual se enfrentó cuando el rey Felón vulneró la Constitución de Cádiz, estableciendo el régimen llamado de los Persas.
Fue traicionado por su propio secretario, Agapito Alconero: en la noche del 29 de mayo es detenido en Madrid y condenado el 16 de julio a cuatro años de cárcel, siendo conducido a La Coruña para cumplir la pena en el Castillo de San Antón, de donde sale en prisión atenuada por motivos de salud. Se estableció en Arteixo.
El 19 de agosto pasa con su esposa a residir en Pastoriza, en la casa de un correligionario, el comerciante Andrés Rojo, con quien prepara el pronunciamiento para derrocar a Fernando VII. Pronunciamiento que se inicia en La Coruña en la noche del 18 al 19 de septiembre de 1815. Porlier llega a la ciudad para tomar el mando de las tropas. Ayudado por oficiales asturianos, arrestó al Capitán General de Galicia y a las otras autoridades militares.
En dos horas controla la guarnición de La Coruña, proclamando la Constitución de 1812. En un manifiesto exhorta a la nobleza y a la burguesía a colaborar con una monarquía constitucional, solicitando la convocatoria de Cortes elegidas por el pueblo. Fue respaldado por parte de los comerciantes coruñeses, entre ellos Juan de Vega y Pedro de Llano, así como prácticamente todas las fuerzas militares y la base naval de El Ferrol.
De aquí precisamente salió un batallón de marina, que se unió a Porlier y a sus fuerzas. Juntos se dirigieron a Santiago de Compostela para que se unieran al pronunciamiento. Las tropas reunidas en Santiago por el arzobispo Muzquiz y el general Pesci avanzaron hasta Sigüeiro. En un descanso en el camino Porlier es tomado prisionero por sus oficiales y suboficiales. Las tropas, sin mando, no ofrecen resistencia y entregan a Porlier al juez De la Iglesia.
El prisionero llega primero a Santiago de Compostela y después a La Coruña, donde es sometido a juicio e interrogado en la Capitanía General, siendo condenado a pena de horca. En sus últimos días en el Castillo de San Antón redactó su propio epitafio, que termina con la frase: "Almas sensibles, respetad los restos de un desgraciado". Al haber sido degradado no se le permitió ser fusilado, como hubiera correspondido a su rango, lo que supuso una doble humillación para el militar.
Fue ahorcado en el Campo de la Leña, actualmente Plaza de España, donde está su estatua. También fueron quemadas públicamente sus proclamas. Todas las casas y tiendas de la ciudad permanecieron cerradas en señal de duelo.
El ahorcamiento de Porlier causó un gran impacto en La Coruña, donde permanecían muchos de los oficiales que le habían secundado. Los civiles de la trama habían huido al extranjero. A la hora de su muerte Porlier tenía 26 años.
Por causa de la represión desatada por Fernando VII, los partidarios de Porlier escondieron sus restos, que terminaron en la Capilla de San Roque bajo el altar de San Antonio.
Pasado el tiempo se colocó la estatua, lo cual indica que el pueblo español es un pueblo pendular, que es capaz de permitir que caiga uno de sus héroes para, tiempo después, dedicarle una estatua. Todo por acudir en socorro del vencedor, lo que a mi modo de ver explica la máxima histórica: Lanzada a moro muerto.
La estatua del escultor Escudero se colocó en 1986 (!), pero yo no la había visto hasta ahora. Los recuerdos, como se demuestra en este caso, a veces no son del todo fiables.







