viernes, 13 de marzo de 2026

REFLEXIONES CON MOTIVO DE UNA POLÉMICA: LOS CAÑONES DEL PARROTE


Corría la década de los 70 del siglo XX cuando un niño, aprovechando su recreo, se aproximaba a estos cañones del Paseo del Parrote, fascinado por ellos porque le habían contado que habían sido clave para la defensa de la ciudad de La Coruña en la época de María Pita.

Ese niño no recuerda si eran dos o tres. Le daba igual. El caso es que, contemplándolos, se sentía un héroe en la defensa de su ciudad contra el pirata inglés. 

Ese niño era yo.

El problema es que ahora, a mis sesenta años de edad, una noticia en La Voz de Galicia está devolviendo a las nieblas de mis recuerdos esos cañones. Todavía puedo verlos apuntando hacia las instalaciones portuarias de La Coruña. 

Pero resulta que, por obra y gracia de la Plataforma en Defensa del Castillo Medieval de Monterrei (Ourense), me he enterado de que pretenden reclamar los cañones para devolverlos a la fortaleza a donde dicen que pertenecen.

Los cañones reclamados se encuentran en el herculino Paseo del Parrote, en la calle del Hospital y en el Castillo de San Antón. La citada asociación aduce que se instalaron en el año 1951 siendo alcalde el conocido Alfonso Molina. El impulsor de la iniciativa es el vicepresidente de la asociación que dice contar con el apoyo de sus compañeros en dicho organismo para recuperar las diez piezas de artillería procedentes de la fortaleza orensana. Estas piezas, además, sufren la podredura de la madera así como el óxido del propio cañón.

Como coruñés, esta iniciativa me duele bastante pues ya he dicho que forman parte de las imágenes de mi infancia. Pero dicho esto, tengo que decir también que es imperdonable que los sucesivos ayuntamientos coruñeses hayan dejado en el abandono estos cañones. A los que los coruñeses, por otro lado, no habíamos dado su verdadera importancia.

Creo que, por respeto a la historia, los cañones deberían estar en el lugar al que pertenecen, sea este el que sea. Aunque me duela. Es lamentable que, para que los coruñeses pongamos en valor nuestro patrimonio, tenga que venir alguien de fuera para disputárnoslo.

Sirva esta polémica para que tomemos conciencia y cuidemos lo nuestro porque, si no, no tendremos autoridad moral para oponernos a quien sí lo pone en valor.

Si alguien duda de como los orensanos cuidan su patrimonio les sugiero que echen un vistazo a la fortaleza de Monterrei.

miércoles, 11 de marzo de 2026

DESASTRE EN LA CIUDAD CALIFAL: CORDOBA ME HACE ESPERAR

 

En el otoño de 2024 visité esta maravilla, el puente romano de Córdoba, que desde el 2004 es peatonal. Recuerdo asomarme para ver, allí abajo, el Guadalquivir, el río que cruza la ciudad. A pesar de que el puente estaba muy transitado, sobre todo por turistas, me quedé extasiado mirando aquel río, la flora que lo adorna y la fauna que lo puebla. Mi sensación fue indescriptible.

Lo recorrí desde el margen de la Mezquita, que en otro momento conocí por dentro, hasta la Torre de la Calahorra en la otra orilla, que también visité. Me deleité observando sus maravillas (incluidas las cordobesas que pasaban por él). 

Luego tuve que dejar Córdoba y empecé mis gestiones para volver. Me llevaron muchos meses. Y, cuando estaba a punto de conseguirlo, una tromba de agua cayó sobre toda la provincia, afectando al centro al que pretendo ir. Hacía décadas que no llovía de esta manera. Ahora solo me queda esperar que este centro, que será mi casa, sea reparado. 

Una amiga cordobesa me pasó estas fotos para que viera la magnitud del desastre, que estuvo a punto de llevarse el Puente Romano. De hecho estuvo cerrado todos esos días. Podéis ver mi entrada en este blog para apreciar la diferencia de caudal de cuando estuve allí.

No queda otra que esperar. Mi nostalgia por Córdoba me atenaza, pero, como podéis ver en las fotos, no están las cosas para trasladarse inmediatamente. Cuando se calmen las cosas, espero que pronto, se pondrán en marcha las reparaciones y podré trasladar mi domicilio a Pozoblanco.

Mientras tanto no puedo evitar que me asalte esta nostalgia recordando el río como yo lo vi y mirando estas fotos, que hablan por sí solas.



Desde este blog quiero expresar mi cariño y mi solidaridad con todos los cordobeses, que tan bien me trataron. Y, a la vez, me comprometo, en cuanto pueda, a volver a pasear por este puente tan mítico.

viernes, 6 de marzo de 2026

NOSTALGIA DE LA CALMA. LAS PLAYAS DE CORUÑA

 


Corría el verano del año 2025. Ya había ido a pasar unas vacaciones en Córdoba y estaba decidido a volver. Porque volveré, cueste lo que cueste (cuando me lo permita la lluvia, en una provincia en la que nunca llovía).

Entonces decidí, por última vez, visitar mi juventud y para ello tuve que desplazarme de Ferrol a las playas de mi pasado, El Orzán y Riazor en La Coruña. La ventaja de estas dos playas es que son urbanas y puedes pasear por ellas sin salir del centro de la ciudad.

Me moví con mi silla eléctrica de arriba abajo por el paseo que las circunda y sentí, además del calor de esa hora, una nostalgia por un pasado que ya no volverá. Me quedé mirando al mar y experimenté el mismo sentimiento de antaño. La paz invadió mi interior. Como cuando era joven y las recorría para ahuyentar mis propios fantasmas. Luego, más adelante, tomé en esa arena una decisión que cambiaría mi vida.

Todos esos recuerdos volvieron a mi viendo como el mar lamía suavemente la playa. Supe que ese momento se grabaría en mis sentimientos para siempre. Por eso hice esta foto.

Y aún hoy, que estoy a punto de irme a vivir a un lugar que no tiene playa, sé que me acompañarán toda mi vida. Puede que el tiempo borre esa imagen de mi retina, pero jamás podrá borrar ese sentimiento de paz y de nostálgica tranquilidad.

A lo mejor nunca volveré a Coruña. Es hora de buscar otros horizontes. Pero siempre seré el niño y, más tarde, el joven que paseaba deleitándose con la paz que le producía aquella playa y aquel mar de verano en calma.

Porque como dice el maestro Pérez-Reverte: "Hay lugares de los que nunca se vuelve".

Estoy decidido a buscar el lugar que me haga sentir esa misma paz. Creo que ya lo he encontrado, tierra adentro. Así que me dispongo a ir a él. Pero siempre seguiré unido por mis recuerdos a esas arenas bañadas por ese mar, una imagen que nunca olvidaré. 

miércoles, 4 de marzo de 2026

EL PALACIO DE LOS COLOMERA. EL PARAÍSO CORDOBÉS DE LA CONDESA



Fue un par de semanas antes de dejar Córdoba (momentáneamente) camino de Ferrol. Compartía con mi guía un café en la Plaza de las Tendillas, en pleno centro de la ciudad. Alcé mis ojos y apareció ante mi. Ya lo había visto, pero en medio de aquella oscuridad parecía otro. Es el símbolo cordobés por excelencia: el Palacio de los Colomera.

Mientras hacía esta foto, mi guía me contaba la historia.

- "Este famoso edificio está situado en el número 3 en la confluencia de la plaza y la calleja del Barroso, lo que le añade interés. Se trata de un edificio de cuatro plantas de estilo neobarroco, es casi centenario y es la obra del arquitecto Félix Hernández Giménez, quien también es responsable de la remodelación de la plaza...

- "Lo hizo como residencia para los condes de Colomera, encargado por la Condesa, María Cecilia de Burgos y Álvarez de Sotomayor. Fue una de las viviendas privadas más importantes de la ciudad califal y durante décadas fue propiedad de la familia. Lo vendieron en 2016 y, recientemente, en el 2019, fue convertido en hotel de cuatro estrellas, conservando el nombre de Palacio Colomera...

- "Mantiene algunos de sus elementos originales, entre ellos el tradicional patio andaluz y la fachada histórica. Se intenta recrear el ambiente palaciego del edificio original. Imponentes escaleras y columnas, los arcos de la entrada del comedor, así como la fachada señorial y el balcón contribuyen a ello. Desde ese balcón, además, se puede contemplar una preciosa vista panorámica de la ciudad...

- "Las obras fueron muy complejas. Las columnas y vigas son componentes clave en el edificio, pero necesitaban refuerzo por estar dañadas por el tiempo. Igual que los muros, la cimentación para estabilizar el edificio. El techo también tuvo que ser reformado...


Poco antes de contemplar este majestuoso edificio había ido al Museo de Julio Romero de Torres donde quedé prendado de la discreta y dulce sonrisa de la Condesa. 


Por lo que, al visitar la Plaza de las Tendillas y ver su antiguo paraíso, decidí, no sé por qué, volver a ver el cuadro. Y es cuando ocurrió...

Mis ojos se fijaron de nuevo en los ojos de la condesa porque su mirada ya no me parecía dulce.  Su rostro se encontraba crispado por una nostalgia que pretendía comunicar a los visitantes.  Interrogué a mi guía:

- ¿Ves eso? La mirada ha cambiado. ¿Te acuerdas cómo era cuando vinimos antes?

A lo que me respondió:

- Tonterías, cosas tuyas. Será la luz.

Pero aún no he podido quitar de mis recuerdos tan enigmática mirada. Por eso, y como homenaje a la aristócrata, decidí no visitar de nuevo el Palacio. Aunque este sentimiento de empatía choca con mi irrefrenable impulso de gozar de esa hermosa visión.


Curiosamente este es el único cuadro de Julio Romero de Torres que no tiene en el fondo la imagen de Córdoba. Por que...

viernes, 27 de febrero de 2026

LIBRO: ABD AL-RAHMAN AL-DAHL, EL PRÍNCIPE EMIGRADO, de Daniel Valdivieso Ramos

 


Acabo de terminar de leer este libro. Se trata de la historia de quien puso en el mapa la ciudad de Córdoba (Qurtuba). El libro de tapa blanda nos cuenta a través de 495 páginas la historia de quien da título al mismo, también conocido como El príncipe emigrado

Después de perderlo todo, Abd Al-Rahman tiene que huir de su lugar de origen, Damasco, para salvar su vida y emigrar a la ciudad que le hará entrar en la leyenda.

La muerte del gran califa Hisham y la decisión de dejar como heredero a su sobrino al-Walid abre una profunda grieta en la dinastía Omeya, lo que es decir el imperio islámico. Los Banu al-Abas, una tribu descendiente del tío del profeta, intenta hacerse con el trono y desbancar así a los Omeya. 

Ante eso, Abd al-Rahman, nieto del difunto califa, tiene que renunciar a una vida cómoda en el palacio de Rusafa. Esto nos lo aclara el autor en una escena impactante en la que Abd al-Rahman practica el deporte de la esgrima árabe. Todo esto se ve amenazado por la situación y el protagonista tiene que huir a través de los peligros del desierto.

A la vez, en Al-Andalus los sirios tienen que sofocar la revuelta bereber. La conjunción de estos dos factores da lugar a lo que la historia nos cuenta y que, aunque lo sepamos, el autor mantiene la tensión narrativa hasta el final. Esto es lo que llena los más de veinte capítulos del libro, un libro que se nos hará corto a pesar de su volumen.

El autor de ese prodigio se llama Daniel Valdivieso Ramos, como no, cordobés, nacido en 1983, quien entró hace cinco años en la literatura histórica a través de la no menos mágica La Córdoba de Ibn Hazm, que ha sido calificada por la crítica como "la mejor recreación histórica sobre la capital califal escrita en el siglo XXI". 

El presente libro es su segunda obra, aunque es el primero que leo yo. No sé cómo será el primero, pero este me ha encantado. Cuenta con una prosa preciosista y poética.

El autor se consagra como un investigador y divulgador de textos árabes y andalusíes. Este libro es el resultado de un exhaustivo trabajo de investigación que volcó en la gratificante tarea para el lector de narrar la odisea de uno de los personajes más importantes de la historia de España, el fundador de la Dinastía Omeya de Al-Andalus, Abd Al-Rahman I.

Yo, que he comprado este libro en la propia Córdoba, considero la circunstancia feliz y muy adecuada, puesto que la historia que cuenta me atrae de nuevo hacia la ciudad califal. En cuanto regrese a Córdoba compraré la primera obra de este gran escritor y haré en este blog la pertinente crítica. Espero que sea tan buena como esta.

miércoles, 25 de febrero de 2026

LA PLAZA DE LAS BÁRBARAS. MIS RECUERDOS

 


Está allí. Siempre estuvo allí. En mis recuerdos. En mi lejana adolescencia.

Se trata de un lugar coruñés por excelencia, donde me refugiaba yo en los primeros años ochenta del siglo pasado. Escapaba de mi propia soledad. En el recreo del colegio donde estudiaba, Santo Domingo, o jugabas al fútbol o eras invisible. Así que yo, que nunca fui futbolero, con frecuencia me dirigía a la Plaza de las Bárbaras. 

Todavía me acuerdo como, a media mañana, me apoyaba en la pared del convento, en la que daba a la Plaza. No siempre conseguía huir de la soledad, pero su belleza era un bálsamo todopoderoso para mis heridas emocionales.

El nombre de la plaza es debido a que allí parece ser que existió una pequeña ermita dedicada a Santa Bárbara. Hoy está el Convento de clausura de las Madres Clarisas, fundado en el siglo XV y ampliado en los siglos XVII y XVIII. Sobre su puerta principal destaca un relieve gótico y en el que se representa el Juicio Final.

La plaza es encantadora gracias a su diseño, los árboles y el crucero. Tiene la magia de la intimidad, de lo antiguo. Es uno de los vacíos más especiales de La Coruña. Es fácil encontrar allí una atmósfera intimista; por eso a mí me gustaba para aliviar mi sempiterna soledad apoyado en uno de sus muros y contemplando el vacío de la plaza. No es un vacío hueco, pero remarca el sentimiento de ausencia.

El verano pasado quise volver y así lo hice y, aunque yo ya no soy el mismo (como advertía Neruda), volví a encontrar ese encanto coruñés. Un encanto que volveré a sentir al contemplar esta foto, vaya a donde vaya, aunque sea a cientos de kilómetros de la Plaza de las Bárbaras. En mi Coruña.

viernes, 20 de febrero de 2026

LA FELICIDAD ES UN RÍO Y UNA CIUDAD

 




Esto fue lo que pensé cuando, apalancado en una terraza de Córdoba, vi como ante mi discurría el Guadalquivir. Había oído hablar de ese río y de esa ciudad, pero lo que no sabía es que contemplando el río desde la terraza de una taberna de Córdoba se podía ser feliz.

Sería cerca del mediodía. Era noviembre de 2024, pleno otoño. Solo en Córdoba se puede saborear lo que yo paladeé ese día cerca de la legendaria Mezquita. 

Basculé mi silla hacia atrás, cerré los ojos, sentí el sol cordobés que, aún en esa época del año, calentaba mi cara. Me reafirmé en mi certeza: Córdoba es mi casa. Aquel lugar al que siempre quería regresar.

Con el ruido del río discurriendo ante mí hice una promesa: pasara el tiempo que pasara y me costara lo que me costara, volvería.

En ello estoy, más cerca de conseguirlo que cuando comencé las gestiones. Voy a volver, voy a contemplar de nuevo el río Guadalquivir. Y a las camareras cordobesas atendiendo de manera encantadora mi mesa, con una sonrisa todavía más reconfortante que el sol, acento cálido y hermosas cual sirenas. Entendí cómo debían sentirse los marineros de las leyendas grecolatinas cuando se dejaban cautivar por los cantos de esos seres mitológicos.

Entonces el río me habló: Volverás, has encontrado tu casa y ya no podrás olvidarla. Volverás.

Y en ello estoy.