miércoles, 25 de marzo de 2026

ME HA DICHO LA LUNA QUE ME ESPERA EN POZOBLANCO

 


Faltaban pocas semanas para regresar de Pozoblanco. Mi tristeza aumentaba por momentos. Acudía por última vez a mis visitas por Córdoba la Bella. Pero ese día llegué temprano a cenar después del viaje.

Me sumergí en mis pensamientos más oscuros. Basculé la silla y cerré los ojos, inspirando profundamente el aire del sur. Los abrí después, miré hacia arriba y divisé a lo lejos, en aquel cielo sin nubes, como allí es habitual, la luna.

La luna me habló. Os lo aseguro. Me dijo:

- En unos días partirás. En cuanto llegues, empieza a luchar por volver. Este es tu sitio y aquí te espero.

Mi sensación de abatimiento se tornó en una de invencibilidad. Supe al momento que me costaría, dinero y tiempo, pero tenía que buscar la forma de volver. Había encontrado mi lugar. Estaba bajo esa luna, esa luna de Pozoblanco, esa luna cordobesa.


En cuanto llegué a Ferrol llovía. La tristeza volvió a rodearme. Llamé a una amiga y le conté lo que me pasaba. Ella me puso en contacto con una abogada y empezamos los trámites. La abogada me advirtió:

- Esto va a llevar tiempo. Nos enfrentamos a la Administración. Tienes que estar seguro de lo que haces y tener paciencia.

Pero yo solo veía esa luna sobre Pozoblanco y recordaba la canción que había escuchado allí, saliendo por una ventana:


Me consta que tanto la dirección como el personal, que tan amables fueron durante mi estancia allí, me están esperando. Creo que podré verlos en breve.

Y también a la luna.

viernes, 20 de marzo de 2026

miércoles, 18 de marzo de 2026

LA VIRGEN DE FÁTIMA EN CÓRDOBA

 




Hermandad Nuestra Señora de Fátima en Córdoba

No es la parroquia más conocida de Córdoba, ni siquiera la más antigua. Sin embargo, la advocación a esta Virgen es muy célebre en esta ciudad andaluza.

El origen del nombre de Fátima viene por la finca donde se levantó el barrio del mismo nombre. El sentimiento hacia dicha advocación mariana nace con la fundación de la parroquia en 1973 y, antes de esto, con la organización de la Hermandad. Parece ser que en 1977 ya se sacaba a la Virgen en procesión de manera sencilla alrededor de la capilla que existía entonces. A comienzos de 1981 se formuló el proyecto de la iglesia actual con el título de Nuestra Señora de Fátima.

Como hemos dicho, contrasta por el estilo del edificio con las otras parroquias de la ciudad. Pertenece a la Diócesis de Córdoba y está agrupada con las otras cofradías cordobesas. El templo se encuentra en la calle Arcos de la Frontera nº23 

La imagen mide 1,10 m de altura y está hecha en madera de cedro (porque no le entra la carcoma) de tamaño académico y con estofados de origen neoclásico y policromada al óleo y al temple al huevo. Representa la aparición de la Virgen a los pastorcillos en Cova de Iría (Portugal). Aparece en actitud itinerante y la cabeza girada levemente a la derecha. Está posada sobre una nube con tres palomas a los pies, dos de ellas sujetando con el pico los bordes del manto y una se rasca el ala izquierda.

La figura responde a un estilo de imaginería andaluza. El autor de la imagen es Antonio José Irraiz Castellón, que la hizo en el 2007. Al día siguiente de la festividad de Nuestra Señora del Rosario procesionó por primera vez en el rezo del Santo Rosario por las calles del barrio que lleva su nombre.

Como digo, no es la imagen más espectacular que encontré en Córdoba de la Virgen María. El templo tampoco es el más bello de la capital cordobesa. Sin embargo, el conjunto que forma la talla de la Virgen con el templo me llamó la atención y no pude por menos que hacer esta foto, a la que acompaño el texto que espero sea del agrado de quien lo lea.

viernes, 13 de marzo de 2026

REFLEXIONES CON MOTIVO DE UNA POLÉMICA: LOS CAÑONES DEL PARROTE


Corría la década de los 70 del siglo XX cuando un niño, aprovechando su recreo, se aproximaba a estos cañones del Paseo del Parrote, fascinado por ellos porque le habían contado que habían sido clave para la defensa de la ciudad de La Coruña en la época de María Pita.

Ese niño no recuerda si eran dos o tres. Le daba igual. El caso es que, contemplándolos, se sentía un héroe en la defensa de su ciudad contra el pirata inglés. 

Ese niño era yo.

El problema es que ahora, a mis sesenta años de edad, una noticia en La Voz de Galicia está devolviendo a las nieblas de mis recuerdos esos cañones. Todavía puedo verlos apuntando hacia las instalaciones portuarias de La Coruña. 

Pero resulta que, por obra y gracia de la Plataforma en Defensa del Castillo Medieval de Monterrei (Ourense), me he enterado de que pretenden reclamar los cañones para devolverlos a la fortaleza a donde dicen que pertenecen.

Los cañones reclamados se encuentran en el herculino Paseo del Parrote, en la calle del Hospital y en el Castillo de San Antón. La citada asociación aduce que se instalaron en el año 1951 siendo alcalde el conocido Alfonso Molina. El impulsor de la iniciativa es el vicepresidente de la asociación que dice contar con el apoyo de sus compañeros en dicho organismo para recuperar las diez piezas de artillería procedentes de la fortaleza orensana. Estas piezas, además, sufren la podredura de la madera así como el óxido del propio cañón.

Como coruñés, esta iniciativa me duele bastante pues ya he dicho que forman parte de las imágenes de mi infancia. Pero dicho esto, tengo que decir también que es imperdonable que los sucesivos ayuntamientos coruñeses hayan dejado en el abandono estos cañones. A los que los coruñeses, por otro lado, no habíamos dado su verdadera importancia.

Creo que, por respeto a la historia, los cañones deberían estar en el lugar al que pertenecen, sea este el que sea. Aunque me duela. Es lamentable que, para que los coruñeses pongamos en valor nuestro patrimonio, tenga que venir alguien de fuera para disputárnoslo.

Sirva esta polémica para que tomemos conciencia y cuidemos lo nuestro porque, si no, no tendremos autoridad moral para oponernos a quien sí lo pone en valor.

Si alguien duda de como los orensanos cuidan su patrimonio les sugiero que echen un vistazo a la fortaleza de Monterrei.

miércoles, 11 de marzo de 2026

DESASTRE EN LA CIUDAD CALIFAL: CORDOBA ME HACE ESPERAR

 

En el otoño de 2024 visité esta maravilla, el puente romano de Córdoba, que desde el 2004 es peatonal. Recuerdo asomarme para ver, allí abajo, el Guadalquivir, el río que cruza la ciudad. A pesar de que el puente estaba muy transitado, sobre todo por turistas, me quedé extasiado mirando aquel río, la flora que lo adorna y la fauna que lo puebla. Mi sensación fue indescriptible.

Lo recorrí desde el margen de la Mezquita, que en otro momento conocí por dentro, hasta la Torre de la Calahorra en la otra orilla, que también visité. Me deleité observando sus maravillas (incluidas las cordobesas que pasaban por él). 

Luego tuve que dejar Córdoba y empecé mis gestiones para volver. Me llevaron muchos meses. Y, cuando estaba a punto de conseguirlo, una tromba de agua cayó sobre toda la provincia, afectando al centro al que pretendo ir. Hacía décadas que no llovía de esta manera. Ahora solo me queda esperar que este centro, que será mi casa, sea reparado. 

Una amiga cordobesa me pasó estas fotos para que viera la magnitud del desastre, que estuvo a punto de llevarse el Puente Romano. De hecho estuvo cerrado todos esos días. Podéis ver mi entrada en este blog para apreciar la diferencia de caudal de cuando estuve allí.

No queda otra que esperar. Mi nostalgia por Córdoba me atenaza, pero, como podéis ver en las fotos, no están las cosas para trasladarse inmediatamente. Cuando se calmen las cosas, espero que pronto, se pondrán en marcha las reparaciones y podré trasladar mi domicilio a Pozoblanco.

Mientras tanto no puedo evitar que me asalte esta nostalgia recordando el río como yo lo vi y mirando estas fotos, que hablan por sí solas.



Desde este blog quiero expresar mi cariño y mi solidaridad con todos los cordobeses, que tan bien me trataron. Y, a la vez, me comprometo, en cuanto pueda, a volver a pasear por este puente tan mítico.

viernes, 6 de marzo de 2026

NOSTALGIA DE LA CALMA. LAS PLAYAS DE CORUÑA

 


Corría el verano del año 2025. Ya había ido a pasar unas vacaciones en Córdoba y estaba decidido a volver. Porque volveré, cueste lo que cueste (cuando me lo permita la lluvia, en una provincia en la que nunca llovía).

Entonces decidí, por última vez, visitar mi juventud y para ello tuve que desplazarme de Ferrol a las playas de mi pasado, El Orzán y Riazor en La Coruña. La ventaja de estas dos playas es que son urbanas y puedes pasear por ellas sin salir del centro de la ciudad.

Me moví con mi silla eléctrica de arriba abajo por el paseo que las circunda y sentí, además del calor de esa hora, una nostalgia por un pasado que ya no volverá. Me quedé mirando al mar y experimenté el mismo sentimiento de antaño. La paz invadió mi interior. Como cuando era joven y las recorría para ahuyentar mis propios fantasmas. Luego, más adelante, tomé en esa arena una decisión que cambiaría mi vida.

Todos esos recuerdos volvieron a mi viendo como el mar lamía suavemente la playa. Supe que ese momento se grabaría en mis sentimientos para siempre. Por eso hice esta foto.

Y aún hoy, que estoy a punto de irme a vivir a un lugar que no tiene playa, sé que me acompañarán toda mi vida. Puede que el tiempo borre esa imagen de mi retina, pero jamás podrá borrar ese sentimiento de paz y de nostálgica tranquilidad.

A lo mejor nunca volveré a Coruña. Es hora de buscar otros horizontes. Pero siempre seré el niño y, más tarde, el joven que paseaba deleitándose con la paz que le producía aquella playa y aquel mar de verano en calma.

Porque como dice el maestro Pérez-Reverte: "Hay lugares de los que nunca se vuelve".

Estoy decidido a buscar el lugar que me haga sentir esa misma paz. Creo que ya lo he encontrado, tierra adentro. Así que me dispongo a ir a él. Pero siempre seguiré unido por mis recuerdos a esas arenas bañadas por ese mar, una imagen que nunca olvidaré. 

miércoles, 4 de marzo de 2026

EL PALACIO DE LOS COLOMERA. EL PARAÍSO CORDOBÉS DE LA CONDESA



Fue un par de semanas antes de dejar Córdoba (momentáneamente) camino de Ferrol. Compartía con mi guía un café en la Plaza de las Tendillas, en pleno centro de la ciudad. Alcé mis ojos y apareció ante mi. Ya lo había visto, pero en medio de aquella oscuridad parecía otro. Es el símbolo cordobés por excelencia: el Palacio de los Colomera.

Mientras hacía esta foto, mi guía me contaba la historia.

- "Este famoso edificio está situado en el número 3 en la confluencia de la plaza y la calleja del Barroso, lo que le añade interés. Se trata de un edificio de cuatro plantas de estilo neobarroco, es casi centenario y es la obra del arquitecto Félix Hernández Giménez, quien también es responsable de la remodelación de la plaza...

- "Lo hizo como residencia para los condes de Colomera, encargado por la Condesa, María Cecilia de Burgos y Álvarez de Sotomayor. Fue una de las viviendas privadas más importantes de la ciudad califal y durante décadas fue propiedad de la familia. Lo vendieron en 2016 y, recientemente, en el 2019, fue convertido en hotel de cuatro estrellas, conservando el nombre de Palacio Colomera...

- "Mantiene algunos de sus elementos originales, entre ellos el tradicional patio andaluz y la fachada histórica. Se intenta recrear el ambiente palaciego del edificio original. Imponentes escaleras y columnas, los arcos de la entrada del comedor, así como la fachada señorial y el balcón contribuyen a ello. Desde ese balcón, además, se puede contemplar una preciosa vista panorámica de la ciudad...

- "Las obras fueron muy complejas. Las columnas y vigas son componentes clave en el edificio, pero necesitaban refuerzo por estar dañadas por el tiempo. Igual que los muros, la cimentación para estabilizar el edificio. El techo también tuvo que ser reformado...


Poco antes de contemplar este majestuoso edificio había ido al Museo de Julio Romero de Torres donde quedé prendado de la discreta y dulce sonrisa de la Condesa. 


Por lo que, al visitar la Plaza de las Tendillas y ver su antiguo paraíso, decidí, no sé por qué, volver a ver el cuadro. Y es cuando ocurrió...

Mis ojos se fijaron de nuevo en los ojos de la condesa porque su mirada ya no me parecía dulce.  Su rostro se encontraba crispado por una nostalgia que pretendía comunicar a los visitantes.  Interrogué a mi guía:

- ¿Ves eso? La mirada ha cambiado. ¿Te acuerdas cómo era cuando vinimos antes?

A lo que me respondió:

- Tonterías, cosas tuyas. Será la luz.

Pero aún no he podido quitar de mis recuerdos tan enigmática mirada. Por eso, y como homenaje a la aristócrata, decidí no visitar de nuevo el Palacio. Aunque este sentimiento de empatía choca con mi irrefrenable impulso de gozar de esa hermosa visión.


Curiosamente este es el único cuadro de Julio Romero de Torres que no tiene en el fondo la imagen de Córdoba. Por que...