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| Hospital Abente y Lago de La Coruña (antiguo Hospital Militar) y parte de las viejas murallas de la Ciudad Herculina |
En el paseo del General Sir John Moore nº 2 se encuentra el Hospital Abente y Lago (en la foto). Los coruñeses siguen conociéndolo como el Hospital Militar, que es lo que fue durante décadas.
El hospital Abente y Lago es el más antiguo de los hospitales que integran el área sanitaria de La Coruña. Se construye en el Campo del Espíritu Santo en 1626 e inicia su actividad con el nombre de Hospital del Rey para prestar asistencia a las tropas militares asentadas en La Coruña. Se componía de un solo cuerpo con dos plantas, paralelo a las murallas de la ciudad. Estaba rodeado por el Hospital del Buen Suceso, la capilla del Espíritu Santo y el polvorín.
En 1725 se realiza la remodelación del sistema defensivo de la ciudad y la ampliación del Hospital del Rey, incorporándole la capilla del Espíritu Santo, con capacidad para 200 enfermos.
A mediados del siglo XIX se derriban ambos para edificar el nuevo edificio entre 1861 y 1866. Contaba con quince salas y podía acoger a 300 enfermos. En 1946 un incendio asoló completamente el hospital dejando solo sus paredes, siendo el incidente más serio de su historia y sirvió para convertirlo en uno de los más modernos de España.
En 1995 el Ministerio de Defensa cierra sus puertas y se incorpora al Sergas, inaugurándose en 1998 y pasa a denominarse Hospital Abente y Lago.
Su primer director tras el derribo y posterior reconstrucción fue el General de Sanidad Ezequiel Abente y Lago. Nació en Corcubión y vivió entre 1841 y 1923. Estudió medicina en la Universidad de Santiago entre el 1857 y 1863, con excelentes calificaciones. Ingresó como segundo ayudante médico en el batallón de Cazadores de Tarifa y en el Peñón de Vélez de la Romera. Desempeñó diversos cargos y destinos por toda España hasta que finalmente recaló en La Coruña, donde se hizo cargo del hospital militar y su organización. Fue laureado militar por su labor en tiempos de guerra y paz (máxima condecoración militar). El hospital recibe su nombre en honor a él por la competente dirección del mismo durante la repatriación de los soldados heridos y enfermos de Cuba, tras la guerra con Estados Unidos.
Es uno de los lugares que más tienen que ver conmigo.
El que suscribe nació en la segunda mitad del siglo XX (1965) y fue entonces cuando este hospital pasó a formar parte de mi vida. Allí nací con espina bífida, allí fui operado de niño de amígdalas (con la única anestesia de un soldado que me sujetaba brazos y piernas mientras el médico hacía su parte), allí fui al dentista por primera vez y, cuando ya era estudiante en Santiago, allí fui operado del pie izquierdo en el que sufría la malformación de los dedos en garra. Por culpa de la espina bífida, no me pudieron poner epidural y recuerdo al personal sanitario despertándome a bofetadas después de la anestesia general... lo que provocó mis ganas de devolvérselas.
A pesar de todo tengo buenos recuerdos del citado hospital porque está ligado a la figura de mi abuelo materno, que fue auxiliar administrativo allí y solucionó muchos problemas de papeleo al personal que allí trabajaba. Lo querían mucho y, por extensión, me trataban muy bien a mi. Dejé de ir a mediados de mi tercera década porque, al no ser militar, no podía disfrutar de los beneficios de dicho hospital.
Todos estos recuerdos volvieron a mi el otro día cuando, bajo un sol espléndido, le hice esta foto. Descubrí la ironía de que el hospital de mi infancia estuviera rodeado por los restos de la muralla primitiva de mi Coruña.





