viernes, 17 de abril de 2026

EL MERECIDO HOMENAJE DE LA CORUÑA A PORLIER

 


El 26 de julio del año pasado paseaba por las inmediaciones de lo que había sido mi casa. Recordaba perfectamente la Plaza de España de pasar cientos de veces por allí. Pero lo que vi me sorprendió. No era la plaza que yo tenía en mis recuerdos. Había pasado el tiempo y la plaza había sufrido modificaciones. Y yo ya no era el mismo.

La que más me llamó la atención fue la estatua de lo que parecía un militar decimonónico. Me acerqué y pude ver a los pies de este soldado un nombre: Porlier. No sabía quién era ni por qué merecía ese homenaje. Así que me puse a investigar...


Porlier fue un mariscal de campo (la máxima graduación que había en el ejército de tierra en aquella época, hoy ya no existe) y un héroe que, como tantos, había traído de vuelta al rey Fernando VII, al cual se enfrentó cuando el rey Felón vulneró la Constitución de Cádiz, estableciendo el régimen llamado de los Persas.

Fue traicionado por su propio secretario, Agapito Alconero: en la noche del 29 de mayo es detenido en Madrid y condenado el 16 de julio a cuatro años de cárcel, siendo conducido a La Coruña para cumplir la pena en el Castillo de San Antón, de donde sale en prisión atenuada por motivos de salud. Se estableció en Arteixo. 

El 19 de agosto pasa con su esposa a residir en Pastoriza, en la casa de un correligionario, el comerciante Andrés Rojo, con quien prepara el pronunciamiento para derrocar a Fernando VII. Pronunciamiento que se inicia en La Coruña en la noche del 18 al 19 de septiembre de 1815. Porlier llega a la ciudad para tomar el mando de las tropas. Ayudado por oficiales asturianos, arrestó al Capitán General de Galicia y a las otras autoridades militares. 

En dos horas controla la guarnición de La Coruña, proclamando la Constitución de 1812. En un manifiesto exhorta a la nobleza y a la burguesía a colaborar con una monarquía constitucional, solicitando la convocatoria de Cortes elegidas por el pueblo. Fue respaldado por parte de los comerciantes coruñeses, entre ellos Juan de Vega y Pedro de Llano, así como prácticamente todas las fuerzas militares y la base naval de El Ferrol. 

De aquí precisamente salió un batallón de marina, que se unió a Porlier y a sus fuerzas. Juntos se dirigieron a Santiago de Compostela para que se unieran al pronunciamiento. Las tropas reunidas en Santiago por el arzobispo Muzquiz y el general Pesci avanzaron hasta Sigüeiro. En un descanso en el camino Porlier es tomado prisionero por sus oficiales y suboficiales. Las tropas, sin mando, no ofrecen resistencia y entregan a Porlier al juez De la Iglesia.

El prisionero llega primero a Santiago de Compostela y después a La Coruña, donde es sometido a juicio e interrogado en la Capitanía General, siendo condenado a pena de horca. En sus últimos días en el Castillo de San Antón redactó su propio epitafio, que termina con la frase: "Almas sensibles, respetad los restos de un desgraciado". Al haber sido degradado no se le permitió ser fusilado, como hubiera correspondido a su rango, lo que supuso una doble humillación para el militar. 

Fue ahorcado en el Campo de la Leña, actualmente Plaza de España, donde está su estatua. También fueron quemadas públicamente sus proclamas. Todas las casas y tiendas de la ciudad permanecieron cerradas en señal de duelo.

El ahorcamiento de Porlier causó un gran impacto en La Coruña, donde permanecían muchos de los oficiales que le habían secundado. Los civiles de la trama habían huido al extranjero. A la hora de su muerte Porlier tenía 26 años.

Por causa de la represión desatada por Fernando VII, los partidarios de Porlier escondieron sus restos, que terminaron en la Capilla de San Roque bajo el altar de San Antonio.

Pasado el tiempo se colocó la estatua, lo cual indica que el pueblo español es un pueblo pendular, que es capaz de permitir que caiga uno de sus héroes para, tiempo después, dedicarle una estatua. Todo por acudir en socorro del vencedor, lo que a mi modo de ver explica la máxima histórica: Lanzada a moro muerto


La estatua del escultor Escudero se colocó en 1986 (!), pero yo no la había visto hasta ahora. Los recuerdos, como se demuestra en este caso, a veces no son del todo fiables.

miércoles, 15 de abril de 2026

CÓRDOBA EN NATIONAL GEOGRAPHIC

 


Este ejemplar de National Geographic nos lleva a Córdoba, la legendaria y más duradera capital de Al-Ándalus, la conocida como Sultana y Mora o Blanca y Cristiana. 

No es un monográfico, pero la capital califal ocupa la mayor parte de la revista (de las páginas 6 a la 42). Tiene la principal característica de todos los ejemplares de la colección: impresionantes ilustraciones (a menudo fotos), acompañadas de un texto muy adecuado. 

No es una simple publicación de historia. Remarca los trabajos arqueológicos y los une con descubrimientos históricos. Nos lleva de la mano a pasear por la historia de esta ciudad, señalándonos en un plano hecho al efecto los lugares a visitar para disfrutar de la Córdoba mítica.

De esa Córdoba disfruté yo antes de tener este ejemplar, que, una vez leído, hace de mi espera una tortura extendida en el tiempo.

Recuerdo especialmente las estatuas de Averroes y Maimónides, así como el Alcázar de los Reyes Cristianos y la Mezquita-Catedral. De todo lo que me impresionó he dado cumplida cuenta en este blog y pienso seguir haciéndolo, pues todavía tengo recuerdos y fotos de mi breve estancia en Córdoba. Lugares a los que me llevan mis ensoñaciones y a los que pienso volver en cuanto llegue.

viernes, 10 de abril de 2026

CON CALDERÓN EN LA CORUÑA

 



En plena batalla para volver a Córdoba la Bella, me dedicaba como cada sábado a relajarme yendo a La Coruña. Uno de mis lugares preferidos era el Museo Militar, en el que el 24 de mayo del año pasado encontré este poema de Don Pedro Calderón de la Barca, soldado de los Tercios Viejos de la Infantería española y célebre dramaturgo. Su lectura me inspiró para no rendirme en la persecución de mi objetivo final: la vuelta definitiva al CAMF de Pozoblanco (Córdoba).

Aquí os dejo una foto para que podáis leer esta obra de Calderón y si acaso os inspire para esforzaros y luchar por vuestros sueños, sin rendirse nunca, como me sucedió a mi.


Don Pedro Calderón de la Barca no solo fue un escritor y poeta del conocido como Siglo de Oro español, sino que fue también miembro de los Tercios Viejos de la Infantería española. Aquellos que le dieron a España un imperio y lo conservaron durante siglo y medio, época conocida como el Siglo de Acero.

Nació en Madrid el 17 de enero de 1600, donde murió el 25 de mayo de 1681. Fue escritor, dramaturgo y poeta, también sacerdote miembro de la Venerable Congregación de Presbíteros Seculares. Fue Caballero de la Orden de Santiago y es considerado uno de los literatos más barrocos del Siglo de Oro, sobre todo por su teatro. También fue cortesano y soldado. 

Debutó en el teatro con un drama histórico sobre Eduardo III de Inglaterra. Introdujo innovaciones más radicales desafiando las normas teatrales de Lope de Vega. Desarrolló el conceptismo intelectual en su obra "La vida es sueño". Escribió también la famosa obra "El alcalde de Zalamea", en la que narra los roces entre la población civil y los soldados de los Tercios y en el transcurso de la cual el alcalde dice: 

Al rey la hacienda y la vida 
se ha de dar, 
pero el honor es patrimonio del alma 
y el alma solo es de Dios.

Sus creaciones se encuentran divididas entre comedias religiosas, comedias legendarias, de enredo, de honor, filosóficas, mitológicas y autos sacramentales. Fue muy influyente en movimientos literarios como el romanticismo, el modernismo literario, expresionismo, ciencia ficción distópica y simbolismo. Fue admirado por muchos literatos posteriores, como por ejemplo Goethe y Shelly o Borges.

Pertenecía a una familia del antiguo linaje cuyo escudo consistía en cinco calderones negros en campo de plata y por orla de ocho aspas de oro en campo de gules con el lema "Por la fe moriré". Era hijo de un hidalgo de origen montañés del que había heredado el cargo de secretario del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda, que ejerció con Felipe II y Felipe III. Se casó en 1595 con Ana María, con la que tuvo seis hijos, siendo Don Pedro el tercero.

Empezó a ir al colegio a Valladolid en 1605, porque allí estaba la Corte. Pero el padre lo destinó a ocupar la Capellanía de San José en Madrid, así que el niño ingresó en el Colegio Imperial de los Jesuitas en 1608, donde estudió gramática, latín, griego y teología.

En 1615 estudiaba en la Universidad de Alcalá y posteriormente en la de Salamanca, graduándose en 1619. En 1622 dejó los estudios religiosos por la carrera militar, de la que siempre guardó buen recuerdo y le llevó a escribir los versos que encontré en el Museo Militar. 

Basados en su experiencia como soldado, resaltan el mérito sobre el linaje, el esfuerzo y el valor sobre la nobleza heredada y son retrato de la identidad, el valor y la vida de los soldados españoles. Convirtiendo su experiencia personal de la pluma y la espada en un legado que adorna las Academias Militares de hoy en día.

A mi me han servido estos versos para hacer la foto y ahora hablaros sobre Calderón.

miércoles, 8 de abril de 2026

CON GÓNGORA EN CÓRDOBA

 

Estatua de D. Luis de Góngora y Argote,
obra de Amadeo Ruíz Olmos en 1967.
Plaza de la Trinidad (Córdoba)

Si hay algún excelso poeta de nuestra historia, si hay algún Grande de la literatura española, este es Don Luis de Góngora y Argote. Estudié su vida y obra en uno de los últimos bachilleratos que merecieron tal nombre. Me fascinó.

Luis de Góngora nació en Córdoba el 11 de julio de 1561 y murió en la misma ciudad el 23 de mayo de 1627, no muy lejs de donde se encuentra la estatua cuya imagen comparto, en un convento fundado por Fernando III el Santo. Era un poeta y dramaturgo del Siglo de Oro y el representante de la corriente literaria que él fundó y que se llamó culteranismo o gongorismo. Es posiblemente el poeta más original e importante del barroco español y una leyenda notable de la lengua española.

Quevedo, otro gran poeta coetáneo, lo odiaba por celos profesionales y por ello acusaba al cordobés de judío, tomando como base que la comunidad judía de Córdoba había sido muy importante y que en el Siglo de Oro ser judío podía acarrear problemas.

Fue denominado el Homero español o el Píndalo andaluz. Su lenguaje era extremadamente complejo e imaginativo, siendo fuente de inspiración para poetas posteriores, sobre todo a partir de la Generación del 27.

Cordobés por natura y afición, fue el creador del poema dedicado a su ciudad y que figura en las cercanías de la puerta del Puente Romano que cruza el Guadalquivir. Es una declaración de amor a Córdoba y reza así:

¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
De honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
De arenas nobles, ya que no doradas!

¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
Que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre gloriosa patria mía,
Tanto por plumas cuanto por espadas!

Si entre aquellas ruinas y despojos
Que enriquece Genil y Dauro baña
Tu memoria no fue alimento mío,

Nunca merezcan mis ausentes ojos
Ver tu muro, tus torres y tu río,
Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!

Luis de Góngora y Argote, 1585


Me encontré rastro del insigne cordobés en mi visita a la Mezquita-Catedral de Córdoba, donde reposan sus restos. 


Y me volví a topar con la escultura en una cálida tarde cordobesa tomando un café en una terraza próxima a la misma. Enseguida vinieron a mi los versos de Don Luis y no pude resistir la tentación de hacer la foto.

Hoy es uno de los mejores recuerdos que tengo de Córdoba y, mirando la foto, parece que me habla y me dice: Vuelve, vuelve pronto. Y en eso estoy.



viernes, 27 de marzo de 2026

RECUERDOS PARA UN CAMBIO DE AIRES



Ahora que, después de Semana Santa, voy a volver a mi querido Pozoblanco, echo la vista atrás a mi pasado reciente y decido publicar esta película, acompañada del relato de su rodaje.


Fue durante una escapada que hice desde Ferrol a mi añorada Coruña, poco antes de mi 58 cumpleaños. Fui a uno de los lugares más recordados de mi infancia y desde el que podía divisar mejor la ciudad donde nací. 

De niño, paseando por la playa de Riazor de la mano de mi abuelo, este me señalaba a lo lejos la batería costera del Monte San Pedro. Me contaba historias de cuando él era niño y se instalaron los cañones allí, para lo que tuvieron que construir una vía de ferrocarril. Según me decía, alcanzaban a defender incluso la ría de Ferrol.

Como homenaje a mi lugar de origen, me dispuse desde esos cañones de artillería del Monte San Pedro, ahora inutilizados, a grabar la ensenada coruñesa. 

Hacía calor, era mediodía. Allí al fondo, abajo, estaba La Coruña. Yo, nervioso y emocionado, buscaba un sitio desde donde poder tomar unas vistas de mi ciudad. Mi problema era que no podía sacar el plano que yo pretendía, pues tenía que subirme a unos bancos de piedra y, como ya sabéis, mi discapacidad no me lo permitía. 

Dos chicas, en mallas y de muy buen ver, se me acercaron y la mayor me dijo:

- Chico, ¿quieres que te ayudemos?

A lo que yo respondí avergonzado:

- Sí, por favor. Me gustaría filmar una película de la ciudad que se ve ahí abajo. Es mi Coruña.

Entonces me dijo muy amablemente:

- No te preocupes. Mi hija lo hará.

Y, girando la cabeza, le dijo:

- Este chico necesita que te subas a ese banco y le saques un vídeo de La Coruña.

A lo que la chica dijo:

- Sí, mamá, enseguida.

En ese momento yo dejé de mirar la ciudad y las miré a ellas. No sabría deciros cuál me gustó más, pero me quedé embobado mirándolas. Si una de esas era la madre, desde luego no lo parecía porque, a pesar de ser la mayor, se veía muy joven. La sonrisa de cada una de ellas me conmovió. Imaginaos la de las dos juntas.

Cuando filmaron la película y me devolvieron el móvil, la pusieron para que la viera.

- ¿Te gusta cómo quedó?

Y yo pensé:

- Sí. La película también.

Luego se despidieron muy cariñosas y yo bajé del Monte San Pedro con un recuerdo maravilloso de aquel día.

No he vuelto a verlas, pero ese recuerdo lo llevaré conmigo vaya donde vaya y pase el tiempo que pase. 




miércoles, 25 de marzo de 2026

ME HA DICHO LA LUNA QUE ME ESPERA EN POZOBLANCO

 


Faltaban pocas semanas para regresar de Pozoblanco. Mi tristeza aumentaba por momentos. Acudía por última vez a mis visitas por Córdoba la Bella. Pero ese día llegué temprano a cenar después del viaje.

Me sumergí en mis pensamientos más oscuros. Basculé la silla y cerré los ojos, inspirando profundamente el aire del sur. Los abrí después, miré hacia arriba y divisé a lo lejos, en aquel cielo sin nubes, como allí es habitual, la luna.

La luna me habló. Os lo aseguro. Me dijo:

- En unos días partirás. En cuanto llegues, empieza a luchar por volver. Este es tu sitio y aquí te espero.

Mi sensación de abatimiento se tornó en una de invencibilidad. Supe al momento que me costaría, dinero y tiempo, pero tenía que buscar la forma de volver. Había encontrado mi lugar. Estaba bajo esa luna, esa luna de Pozoblanco, esa luna cordobesa.


En cuanto llegué a Ferrol llovía. La tristeza volvió a rodearme. Llamé a una amiga y le conté lo que me pasaba. Ella me puso en contacto con una abogada y empezamos los trámites. La abogada me advirtió:

- Esto va a llevar tiempo. Nos enfrentamos a la Administración. Tienes que estar seguro de lo que haces y tener paciencia.

Pero yo solo veía esa luna sobre Pozoblanco y recordaba la canción que había escuchado allí, saliendo por una ventana:


Me consta que tanto la dirección como el personal, que tan amables fueron durante mi estancia allí, me están esperando. Creo que podré verlos en breve.

Y también a la luna.

viernes, 20 de marzo de 2026