viernes, 6 de marzo de 2026

NOSTALGIA DE LA CALMA. LAS PLAYAS DE CORUÑA

 


Corría el verano del año 2025. Ya había ido a pasar unas vacaciones en Córdoba y estaba decidido a volver. Porque volveré, cueste lo que cueste (cuando me lo permita la lluvia, en una provincia en la que nunca llovía).

Entonces decidí, por última vez, visitar mi juventud y para ello tuve que desplazarme de Ferrol a las playas de mi pasado, El Orzán y Riazor en La Coruña. La ventaja de estas dos playas es que son urbanas y puedes pasear por ellas sin salir del centro de la ciudad.

Me moví con mi silla eléctrica de arriba abajo por el paseo que las circunda y sentí, además del calor de esa hora, una nostalgia por un pasado que ya no volverá. Me quedé mirando al mar y experimenté el mismo sentimiento de antaño. La paz invadió mi interior. Como cuando era joven y las recorría para ahuyentar mis propios fantasmas. Luego, más adelante, tomé en esa arena una decisión que cambiaría mi vida.

Todos esos recuerdos volvieron a mi viendo como el mar lamía suavemente la playa. Supe que ese momento se grabaría en mis sentimientos para siempre. Por eso hice esta foto.

Y aún hoy, que estoy a punto de irme a vivir a un lugar que no tiene playa, sé que me acompañarán toda mi vida. Puede que el tiempo borre esa imagen de mi retina, pero jamás podrá borrar ese sentimiento de paz y de nostálgica tranquilidad.

A lo mejor nunca volveré a Coruña. Es hora de buscar otros horizontes. Pero siempre seré el niño y, más tarde, el joven que paseaba deleitándose con la paz que le producía aquella playa y aquel mar de verano en calma.

Porque como dice el maestro Pérez-Reverte: "Hay lugares de los que nunca se vuelve".

Estoy decidido a buscar el lugar que me haga sentir esa misma paz. Creo que ya lo he encontrado, tierra adentro. Así que me dispongo a ir a él. Pero siempre seguiré unido por mis recuerdos a esas arenas bañadas por ese mar, una imagen que nunca olvidaré. 

miércoles, 4 de marzo de 2026

EL PALACIO DE LOS COLOMERA. EL PARAÍSO CORDOBÉS DE LA CONDESA



Fue un par de semanas antes de dejar Córdoba (momentáneamente) camino de Ferrol. Compartía con mi guía un café en la Plaza de las Tendillas, en pleno centro de la ciudad. Alcé mis ojos y apareció ante mi. Ya lo había visto, pero en medio de aquella oscuridad parecía otro. Es el símbolo cordobés por excelencia: el Palacio de los Colomera.

Mientras hacía esta foto, mi guía me contaba la historia.

- "Este famoso edificio está situado en el número 3 en la confluencia de la plaza y la calleja del Barroso, lo que le añade interés. Se trata de un edificio de cuatro plantas de estilo neobarroco, es casi centenario y es la obra del arquitecto Félix Hernández Giménez, quien también es responsable de la remodelación de la plaza...

- "Lo hizo como residencia para los condes de Colomera, encargado por la Condesa, María Cecilia de Burgos y Álvarez de Sotomayor. Fue una de las viviendas privadas más importantes de la ciudad califal y durante décadas fue propiedad de la familia. Lo vendieron en 2016 y, recientemente, en el 2019, fue convertido en hotel de cuatro estrellas, conservando el nombre de Palacio Colomera...

- "Mantiene algunos de sus elementos originales, entre ellos el tradicional patio andaluz y la fachada histórica. Se intenta recrear el ambiente palaciego del edificio original. Imponentes escaleras y columnas, los arcos de la entrada del comedor, así como la fachada señorial y el balcón contribuyen a ello. Desde ese balcón, además, se puede contemplar una preciosa vista panorámica de la ciudad...

- "Las obras fueron muy complejas. Las columnas y vigas son componentes clave en el edificio, pero necesitaban refuerzo por estar dañadas por el tiempo. Igual que los muros, la cimentación para estabilizar el edificio. El techo también tuvo que ser reformado...


Poco antes de contemplar este majestuoso edificio había ido al Museo de Julio Romero de Torres donde quedé prendado de la discreta y dulce sonrisa de la Condesa. 


Por lo que, al visitar la Plaza de las Tendillas y ver su antiguo paraíso, decidí, no sé por qué, volver a ver el cuadro. Y es cuando ocurrió...

Mis ojos se fijaron de nuevo en los ojos de la condesa porque su mirada ya no me parecía dulce.  Su rostro se encontraba crispado por una nostalgia que pretendía comunicar a los visitantes.  Interrogué a mi guía:

- ¿Ves eso? La mirada ha cambiado. ¿Te acuerdas cómo era cuando vinimos antes?

A lo que me respondió:

- Tonterías, cosas tuyas. Será la luz.

Pero aún no he podido quitar de mis recuerdos tan enigmática mirada. Por eso, y como homenaje a la aristócrata, decidí no visitar de nuevo el Palacio. Aunque este sentimiento de empatía choca con mi irrefrenable impulso de gozar de esa hermosa visión.


Curiosamente este es el único cuadro de Julio Romero de Torres que no tiene en el fondo la imagen de Córdoba. Por que...

viernes, 27 de febrero de 2026

LIBRO: ABD AL-RAHMAN AL-DAHL, EL PRÍNCIPE EMIGRADO, de Daniel Valdivieso Ramos

 


Acabo de terminar de leer este libro. Se trata de la historia de quien puso en el mapa la ciudad de Córdoba (Qurtuba). El libro de tapa blanda nos cuenta a través de 495 páginas la historia de quien da título al mismo, también conocido como El príncipe emigrado

Después de perderlo todo, Abd Al-Rahman tiene que huir de su lugar de origen, Damasco, para salvar su vida y emigrar a la ciudad que le hará entrar en la leyenda.

La muerte del gran califa Hisham y la decisión de dejar como heredero a su sobrino al-Walid abre una profunda grieta en la dinastía Omeya, lo que es decir el imperio islámico. Los Banu al-Abas, una tribu descendiente del tío del profeta, intenta hacerse con el trono y desbancar así a los Omeya. 

Ante eso, Abd al-Rahman, nieto del difunto califa, tiene que renunciar a una vida cómoda en el palacio de Rusafa. Esto nos lo aclara el autor en una escena impactante en la que Abd al-Rahman practica el deporte de la esgrima árabe. Todo esto se ve amenazado por la situación y el protagonista tiene que huir a través de los peligros del desierto.

A la vez, en Al-Andalus los sirios tienen que sofocar la revuelta bereber. La conjunción de estos dos factores da lugar a lo que la historia nos cuenta y que, aunque lo sepamos, el autor mantiene la tensión narrativa hasta el final. Esto es lo que llena los más de veinte capítulos del libro, un libro que se nos hará corto a pesar de su volumen.

El autor de ese prodigio se llama Daniel Valdivieso Ramos, como no, cordobés, nacido en 1983, quien entró hace cinco años en la literatura histórica a través de la no menos mágica La Córdoba de Ibn Hazm, que ha sido calificada por la crítica como "la mejor recreación histórica sobre la capital califal escrita en el siglo XXI". 

El presente libro es su segunda obra, aunque es el primero que leo yo. No sé cómo será el primero, pero este me ha encantado. Cuenta con una prosa preciosista y poética.

El autor se consagra como un investigador y divulgador de textos árabes y andalusíes. Este libro es el resultado de un exhaustivo trabajo de investigación que volcó en la gratificante tarea para el lector de narrar la odisea de uno de los personajes más importantes de la historia de España, el fundador de la Dinastía Omeya de Al-Andalus, Abd Al-Rahman I.

Yo, que he comprado este libro en la propia Córdoba, considero la circunstancia feliz y muy adecuada, puesto que la historia que cuenta me atrae de nuevo hacia la ciudad califal. En cuanto regrese a Córdoba compraré la primera obra de este gran escritor y haré en este blog la pertinente crítica. Espero que sea tan buena como esta.

miércoles, 25 de febrero de 2026

LA PLAZA DE LAS BÁRBARAS. MIS RECUERDOS

 


Está allí. Siempre estuvo allí. En mis recuerdos. En mi lejana adolescencia.

Se trata de un lugar coruñés por excelencia, donde me refugiaba yo en los primeros años ochenta del siglo pasado. Escapaba de mi propia soledad. En el recreo del colegio donde estudiaba, Santo Domingo, o jugabas al fútbol o eras invisible. Así que yo, que nunca fui futbolero, con frecuencia me dirigía a la Plaza de las Bárbaras. 

Todavía me acuerdo como, a media mañana, me apoyaba en la pared del convento, en la que daba a la Plaza. No siempre conseguía huir de la soledad, pero su belleza era un bálsamo todopoderoso para mis heridas emocionales.

El nombre de la plaza es debido a que allí parece ser que existió una pequeña ermita dedicada a Santa Bárbara. Hoy está el Convento de clausura de las Madres Clarisas, fundado en el siglo XV y ampliado en los siglos XVII y XVIII. Sobre su puerta principal destaca un relieve gótico y en el que se representa el Juicio Final.

La plaza es encantadora gracias a su diseño, los árboles y el crucero. Tiene la magia de la intimidad, de lo antiguo. Es uno de los vacíos más especiales de La Coruña. Es fácil encontrar allí una atmósfera intimista; por eso a mí me gustaba para aliviar mi sempiterna soledad apoyado en uno de sus muros y contemplando el vacío de la plaza. No es un vacío hueco, pero remarca el sentimiento de ausencia.

El verano pasado quise volver y así lo hice y, aunque yo ya no soy el mismo (como advertía Neruda), volví a encontrar ese encanto coruñés. Un encanto que volveré a sentir al contemplar esta foto, vaya a donde vaya, aunque sea a cientos de kilómetros de la Plaza de las Bárbaras. En mi Coruña.

viernes, 20 de febrero de 2026

LA FELICIDAD ES UN RÍO Y UNA CIUDAD

 




Esto fue lo que pensé cuando, apalancado en una terraza de Córdoba, vi como ante mi discurría el Guadalquivir. Había oído hablar de ese río y de esa ciudad, pero lo que no sabía es que contemplando el río desde la terraza de una taberna de Córdoba se podía ser feliz.

Sería cerca del mediodía. Era noviembre de 2024, pleno otoño. Solo en Córdoba se puede saborear lo que yo paladeé ese día cerca de la legendaria Mezquita. 

Basculé mi silla hacia atrás, cerré los ojos, sentí el sol cordobés que, aún en esa época del año, calentaba mi cara. Me reafirmé en mi certeza: Córdoba es mi casa. Aquel lugar al que siempre quería regresar.

Con el ruido del río discurriendo ante mí hice una promesa: pasara el tiempo que pasara y me costara lo que me costara, volvería.

En ello estoy, más cerca de conseguirlo que cuando comencé las gestiones. Voy a volver, voy a contemplar de nuevo el río Guadalquivir. Y a las camareras cordobesas atendiendo de manera encantadora mi mesa, con una sonrisa todavía más reconfortante que el sol, acento cálido y hermosas cual sirenas. Entendí cómo debían sentirse los marineros de las leyendas grecolatinas cuando se dejaban cautivar por los cantos de esos seres mitológicos.

Entonces el río me habló: Volverás, has encontrado tu casa y ya no podrás olvidarla. Volverás.

Y en ello estoy.

miércoles, 18 de febrero de 2026

LA CASA CORNIDE. UN EMBLEMA CORUÑÉS

 



En plena Ciudad Vieja de La Coruña, concretamente en la Rúa das Donas nº 25, se encuentra la Casa Cornide, conocida por todos los coruñeses. Es un edificio del siglo XVIII ejemplo de arquitectura civil residencial del período barroco gallego. Su arquitecto fue Francisco Llobet, quien ha pasado a la historia como el constructor de la arquitectura militar de Ferrol.

Cuenta con tres plantas y era propiedad de Diego Cornide. Fue diseñada entre 1750 y 1760 por el ingeniero militar ya mencionado. La fachada es de sillería de granito del país. Tiene una forma irregular con una fachada principal de 20,6 m y se encuentra rematada con una curva con el escudo de los Cornide. El edificio consta de bajo, una planta baja y dos altura que alcanza 1430m2 en su totalidad, contando con once habitaciones y trece cuartos de baño. Es destacable su biblioteca y salón principal, situados en la planta superior.

En este solar, aunque en un edificio anterior, nació su hijo José Cornide en 1734, que llegó a ser regidor de La Coruña. En 1792 el propio José Andrés Cornide ordenó demoler los soportales para el alineamiento de las calles, lo que no llegó a hacerse hasta 1870.

Está inspirado en los palacios franceses de la época. A lo largo de los años el edificio tuvo diferentes dueños hasta que pasó a ser propiedad de la ciudad. A principios del siglo XIX se instaló en este edificio el ayuntamiento. En el siglo XX se encontraba allí el Centro Cultural Santo Tomás de Aquino, en el que había una sala de cine. En 1957 el Ministerio de Educación compró el edificio para instalar el Conservatorio, pero el ayuntamiento no lo consideró adecuado, permutando esta parcela por otra y pasando esta a ser propiedad del ayuntamiento.

El 3 de julio de 1962 el ayuntamiento lo vendió en una subasta pública en la que resultó ganador Don Pedro Barrié de la Maza, conde de Fenosa, quien se lo regaló a Doña Carmen Polo, mujer de Franco. El fin era, según ella relató, pasar días en la ciudad sin tener que abrir el Pazo de Meirás.

Esta parte de la historia del edificio es polémica puesto que algunos historiadores sostienen, apoyados en cierta documentación, que el proceso de adjudicación fue un montaje para satisfacer los deseos de la mujer de Franco.

En enero de 2018 el ayuntamiento coruñés encargó al autodenominado Consejo de Memoria Democrática analizar la situación del edificio para que pueda volver al patrimonio público. Un equipo de investigadores sostiene que la adquisición fue fraudulenta.

En octubre de 2020 el ayuntamiento inició los trámites para declarar al edificio como Bien de Interés Cultural (BIC) y, posteriormente, el mismo organismo hizo pública su intención de iniciar los trámites legales para la recuperación del inmueble. En abril de 2023 fue declarado BIC y en agosto de 2025 se ha abierto la posibilidad de visitarlo.

El edificio es muy bonito, como se puede comprobar en la imagen, pero por desgracia no tiene guía oficial para su visita -labor que realiza por su cuenta el guardia de seguridad, que, sin tener obligación de ello, te acompaña en la visita por el edificio. 

Las visitas son los lunes de 9 a 13h y el aforo está limitado a cinco personas por turno, cinco turnos en total, y deben reservarse a través del sitio web oficial. No se permiten fotos ni videos. Hay una alta demanda, pero la familia se limita a permitir las mínimas visitas obligadas por la ley.
 
Es muy bello por fuera, pero es una lástima que no se hagan más visitas por dentro ya que forma parte de la historia de La Coruña. Está en una hermosa plaza, donde también se encuentra la Colegiata de Santa María del Campo, que merece también una visita.

Yo pasaba todos los días, algunos dos veces, por delante. Lo veía como una figura oscura que sabía que pertenecía a los Franco, pero nunca le presté atención. Sin embargo, en mi última visita a La Coruña no pude dejar de hacerle una foto y hablar de este edificio que forma parte de mi infancia y adolescencia: la Casa Cornide.

viernes, 13 de febrero de 2026

CON MARCOS REDONDO EN POZOBLANCO

 


Iba paseando por una larga avenida de Pozoblanco. Esa avenida cuenta con un paseo ajardinado que da acceso a dos Institutos y en su parte central se encuentra el busto del pozoalbense más conocido (junto con Juan Ginés de Sepúlveda e Hilario Ángel Calero): el barítono Marcos Redondo, que nombra la avenida.

Marcos Redondo Valencia fue un cantante lírico nacido el 24 de noviembre de 1893 y muerto en Barcelona el 17 de julio de 1976. Su nombre también bautiza los conservatorios de Pozoblanco y Ciudad Real. El Fondo Marcos Redondo se conserva en la biblioteca de Cataluña.

Nació en el seno de una familia de clase media interesada por la música. Su madre tenía 17 hermanos, de los que 15 sabían tocar algún instrumento. Cuando tenía dos años su padre murió y el niño fue obligado a vivir con sus abuelos en Ciudad Real. Allí entra como seise en la catedral. Sus abuelos reconocieron su gran voz y lo animaron a seguir la senda del belle canto.

En 1913 se traslada a Madrid e ingresa en el conservatorio. Al finalizar sus estudios debuta en el Gran Teatro de Madrid en 1919 con La Traviata. Su éxito fue clamoroso, pero decide marchar a Italia para perfeccionar su estilo y estudiar con los maestros Betinelli y Francheschi. Ese mismo año regresa a Madrid y vuelve a debutar en el Teatro Real como profesional, haciéndose popular en los círculos artísticos de la capital española.

De nuevo vuelve a Italia, en donde firma varios contratos para presentar veinte repertorios. Esto, con el tiempo, le lleva a realizar giras por varias ciudades americanas cantando obras como La favorita, La Traviata, La Boheme, I pagliachi y Adriana Lecouvreur. Es elogiado y considerado un barítono de primera fila.

En 1923 vuelve a Barcelona y es convencido por José Gisbert para que se dedique a la zarzuela, lo que hace. Desde entonces y hasta su retiro en 1957 se dedicará en exclusiva a este género, estrenando piezas como La parranda, Katiuska, La tabernera del puerto y Black, el payaso, además de La pícola molinera, llegando a tener en su repertorio más de cien obras. Los aficionados lo catalogan como el mejor barítono de zarzuela en España.

Pasa sus últimos años en Barcelona, donde muere en 1976.

Ha sido nombrado Hijo Ilustre de Pozoblanco. El paseo se llama Marcos Redondo por el busto que podéis ver en la imagen. El Museo Marcos Redondo se encuentra en la Casa de la Viga, cerca del ayuntamiento de Pozoblanco y fue construido por la Peña Marcos Redondo en colaboración con el ayuntamiento. Está muy bien, salvo que vayas, como yo, en silla de ruedas: en la entrada ya te encuentras con escaleras y dentro otra más para ir a la planta superior. Totalmente inaccesible, lo que no se entiende teniendo en cuenta que en Pozoblanco hay una residencia para discapacitados físicos. Por ello tuve que conformarme con ver el busto de Redondo en su avenida. 

Os dejo este vídeo con una de sus actuaciones, en las que canta dos romanzas de la zarzuela "La Virgen morena":


Hago esta entrada mientras espero un próximo traslado al CAMF de Pozoblanco, mi próxima casa.