Fue durante una escapada que hice desde Ferrol a mi añorada Coruña, poco antes de mi 58 cumpleaños. Fui a uno de los lugares más recordados de mi infancia y desde el que podía divisar mejor la ciudad donde nací.
De niño, paseando por la playa de Riazor de la mano de mi abuelo, este me señalaba a lo lejos la batería costera del Monte San Pedro. Me contaba historias de cuando él era niño y se instalaron los cañones allí, para lo que tuvieron que construir una vía de ferrocarril. Según me decía, alcanzaban a defender incluso la ría de Ferrol.
Como homenaje a mi lugar de origen, me dispuse desde esos cañones de artillería del Monte San Pedro, ahora inutilizados, a grabar la ensenada coruñesa.
Hacía calor, era mediodía. Allí al fondo, abajo, estaba La Coruña. Yo, nervioso y emocionado, buscaba un sitio desde donde poder tomar unas vistas de mi ciudad. Mi problema era que no podía sacar el plano que yo pretendía, pues tenía que subirme a unos bancos de piedra y, como ya sabéis, mi discapacidad no me lo permitía.
Dos chicas, en mallas y de muy buen ver, se me acercaron y la mayor me dijo:
- Chico, ¿quieres que te ayudemos?
A lo que yo respondí avergonzado:
- Sí, por favor. Me gustaría filmar una película de la ciudad que se ve ahí abajo. Es mi Coruña.
Entonces me dijo muy amablemente:
- No te preocupes. Mi hija lo hará.
Y, girando la cabeza, le dijo:
- Este chico necesita que te subas a ese banco y le saques un vídeo de La Coruña.
A lo que la chica dijo:
- Sí, mamá, enseguida.
En ese momento yo dejé de mirar la ciudad y las miré a ellas. No sabría deciros cuál me gustó más, pero me quedé embobado mirándolas. Si una de esas era la madre, desde luego no lo parecía porque, a pesar de ser la mayor, se veía muy joven. La sonrisa de cada una de ellas me conmovió. Imaginaos la de las dos juntas.
Cuando filmaron la película y me devolvieron el móvil, la pusieron para que la viera.
- ¿Te gusta cómo quedó?
Y yo pensé:
- Sí. La película también.
Luego se despidieron muy cariñosas y yo bajé del Monte San Pedro con un recuerdo maravilloso de aquel día.
No he vuelto a verlas, pero ese recuerdo lo llevaré conmigo vaya donde vaya y pase el tiempo que pase.








