viernes, 30 de enero de 2026

EL HOSPITAL MILITAR DE LA CORUÑA

 

Hospital Abente y Lago de La Coruña (antiguo Hospital Militar) y
parte de las viejas murallas de la Ciudad Herculina

En el paseo del General Sir John Moore nº 2 se encuentra el Hospital Abente y Lago (en la foto). Los coruñeses siguen conociéndolo como el Hospital Militar, que es lo que fue durante décadas. 

El hospital Abente y Lago es el más antiguo de los hospitales que integran el área sanitaria de La Coruña. Se construye en el Campo del Espíritu Santo en 1626 e inicia su actividad con el nombre de Hospital del Rey para prestar asistencia a las tropas militares asentadas en La Coruña. Se componía de un solo cuerpo con dos plantas, paralelo a las murallas de la ciudad. Estaba rodeado por el Hospital del Buen Suceso, la capilla del Espíritu Santo y el polvorín.

En 1725 se realiza la remodelación del sistema defensivo de la ciudad y la ampliación del Hospital del Rey, incorporándole la capilla del Espíritu Santo, con capacidad para 200 enfermos.

A mediados del siglo XIX se derriban ambos para edificar el nuevo edificio entre 1861 y 1866. Contaba con quince salas y podía acoger a 300 enfermos. En 1946 un incendio asoló completamente el hospital dejando solo sus paredes, siendo el incidente más serio de su historia y sirvió para convertirlo en uno de los más modernos de España.

En 1995 el Ministerio de Defensa cierra sus puertas y se incorpora al Sergas, inaugurándose en 1998 y pasa a denominarse Hospital Abente y Lago.

Su primer director tras el derribo y posterior reconstrucción fue el General de Sanidad Ezequiel Abente y Lago. Nació en Corcubión y vivió entre 1841 y 1923. Estudió medicina en la Universidad de Santiago entre el 1857 y 1863, con excelentes calificaciones. Ingresó como segundo ayudante médico en el batallón de Cazadores de Tarifa y en el Peñón de Vélez de la Romera. Desempeñó diversos cargos y destinos por toda España hasta que finalmente recaló en La Coruña, donde se hizo cargo del hospital militar y su organización. Fue laureado militar por su labor en tiempos de guerra y paz (máxima condecoración militar). El hospital recibe su nombre en honor a él por la competente dirección del mismo durante la repatriación de los soldados heridos y enfermos de Cuba, tras la guerra con Estados Unidos.


Es uno de los lugares que más tienen que ver conmigo.

El que suscribe nació en la segunda mitad del siglo XX (1965) y fue entonces cuando este hospital pasó a formar parte de mi vida. Allí nací con espina bífida, allí fui operado de niño de amígdalas (con la única anestesia de un soldado que me sujetaba brazos y piernas mientras el médico hacía su parte), allí fui al dentista por primera vez y, cuando ya era estudiante en Santiago, allí fui operado del pie izquierdo en el que sufría la malformación de los dedos en garra. Por culpa de la espina bífida, no me pudieron poner epidural y recuerdo al personal sanitario despertándome a bofetadas después de la anestesia general... lo que provocó mis ganas de devolvérselas.

A pesar de todo tengo buenos recuerdos del citado hospital porque está ligado a la figura de mi abuelo materno, que fue auxiliar administrativo allí y solucionó muchos problemas de papeleo al personal que allí trabajaba. Lo querían mucho y, por extensión, me trataban muy bien a mi. Dejé de ir a mediados de mi tercera década porque, al no ser militar, no podía disfrutar de los beneficios de dicho hospital.

Todos estos recuerdos volvieron a mi el otro día cuando, bajo un sol espléndido, le hice esta foto. Descubrí la ironía de que el hospital de mi infancia estuviera rodeado por los restos de la muralla primitiva de mi Coruña.

miércoles, 28 de enero de 2026

Libro: AVERROES: El sabio cordobés que iluminó Europa, de Andrés Martínez Lorca


Estamos ante un pequeño estudio biográfico (155 páginas tamaño cuartilla) sobre el sabio musulmán de origen cordobés. 

Averroes, el libro, es un recorrido por la vida y obra de este intelectual. Su autor es Andrés Martínez Lorca, catedrático de Medieval de la UNED, que nunca escondió su pasión por Al Andalus (la España ocupada por los musulmanes cuya capital era Córdoba).

En esta obra nos cuenta cómo Averroes, desde Córdoba, ilumina la Europa medieval. Y es en este momento cuando, en mi opinión, no deja clara la distinción entre almohades, procedentes de Arabia y cuya herencia recibe Averroes, y los almorábides, procedentes del norte de África, enemigos de Averroes así como hostiles a la mejor tradición de Córdoba.

Por otra parte, es dudosa la influencia griega en Al Andalus que defiende el autor. Averroes se limitó a traducir a los filósofos griegos, como Aristóteles, lo que no quiere decir que defendiera sus tesis. Nos encontramos ante dos filosofías distintas, la griega y la musulmana, poco compatibles a mi entender, en especial en lo que se refiere a la consideración de mujeres y homosexuales en el mundo musulmán, que dista mucho de la visión occidental.

Teniendo esto en cuenta, podemos acercarnos y disfrutar de la obra del profesor Martínez Lorca. Merece la pena leerlo si, como a mi, te ha deslumbrado la belleza de Córdoba. Junto con Maimónides y Séneca, otros cordobeses ilustres, Averroes es una de las figuras destacadas en la historia de la ciudad, que no es poca.


viernes, 23 de enero de 2026

HISTORIAS DE LA CALLE DE LA SINAGOGA


En pleno centro de la Ciudad Vieja coruñesa se encuentra la Calle de la Sinagoga. En mi última visita guiada por la zona (conocía la calle pero no su historia) me contaron que aquel era un edificio medieval dedicado a las abluciones y rezos de la comunidad judía herculina de la época. Se la conocía como Mikve.

Se dice que de ella partía un túnel que iba a dar a la cercana Colegiata de Santa María. Y que ese túnel tenía (en la piedra) grabados símbolos judaicos. Existen leyendas que relacionan esa casa con la Biblia Kennicott, copia manuscrita de la Biblia hebrea escrita por un judío en La Coruña en 1476, considerada una de las obras cumbre de la ilustración medieval.

- La casa parece ser que fue abandonada en 1492 (año de la expulsión de los judíos de España)....

Eso me estaba contando la guía cuando, de repente, la tenue luz de una vela cruzó la ventana y luego desapareció... Esto solo lo vi yo, nadie más del grupo lo hizo. Así que lógicamente empecé a dudar de lo que había visto.

Pero aquella noche, en mi profundo sueño, se me volvieron a aparecer la Calle Sinagoga, la casa y la ventana tenuemente iluminada por una vela.

miércoles, 21 de enero de 2026

ANTE EL GRAN CAPITÁN (I)

 


En mi visita al Alcázar de los Reyes Cristianos de Córdoba me encontré de repente ante el busto de Don Gonzalo Fernández de Córdoba y Enríquez de Aguilar, el Gran Capitán. Sentí un repentino e inmenso orgullo por un pasado en gran parte militar que muchos españoles ignoran. Y entonces me propuse, para paliar tal carencia, hacer una entrada en este blog.


Don Gonzalo nació en Montilla, cerca de Córdoba, el 1 de septiembre de 1453 y murió en Granada el 2 de diciembre de 1515, ciudad en la que está enterrado. Pasó a la historia como el Gran Capitán.

Don Gonzalo fue un noble y militar español, siendo Capitán General de los ejércitos de Castilla y Aragón y el fundador del ejército español. Fue el gran triunfador de las batallas de la guerra de Granada, la primera guerra italiana y la guerra de Nápoles. Se convirtió en virrey de Nápoles y fue nombrado Duque de Santangelo, Terranova, Andría, Montalto y Sessa. También fue comendador de la Orden de Santiago. En sus últimos años regresó a Castilla y en sus últimos días fue alcalde de Loja, trasladándose a Granada unos meses antes de morir. 

Fue un magnífico estratega, táctico y político, considerándose padre de la guerra moderna. Combinó como nadie las armas de fuego que luego se emplearían en los Tercios, germen de la Infantería Española. Su influencia duraría siglo y medio dominando los campos de batalla de Europa, convirtiéndose en un general legendario a nivel internacional. 

Fue también un habilísimo diplomático, manteniendo contacto con los Estados Pontificios y el Sacro Imperio Romano Germánico, además de las Repúblicas italianas. De manera que fue la persona más estimada en tales tiempos, pues tales príncipes deseaban tenerle como amigo o recelaban de que fuese su enemigo.

Para recordarlo, el tercio de la Legión acuartelado en Melilla lleva su nombre.

Había nacido en el Castillo de Montilla, perteneciente al Señorío de Aguilar. Era hijo segundo de Pedro Fernández de Aguilar (V Señor de Aguilar de la Frontera y de Priego de Córdoba). Su madre era prima de Juana Enríquez, reina consorte de Aragón. Y hermano menor de Alfonso Fernández de Córdoba, con el que se crió en Córdoba al cuidado de Pedro de Cárcamo. En su infancia fue paje al servicio del príncipe Alfonso de Castilla, hermano de la futura reina Isabel I, y a la muerte de este pasó al servicio de la princesa Isabel.

Fiel al mando isabelino, inició su carrera militar (como correspondía a un segundón de la nobleza) en la guerra de sucesión castellana. En la batalla de Albueda (1479) contra Portugal ya se distingue entre los mejores guerreros de la orden de Santiago. Luego contrajo matrimonio con Isabel, hija del señor del Carpio, que moriría al dar a luz por primera vez. Como regalo de boda, su hermano le había dado la alcaldía de Santaella.

Fue en la guerra de Granada donde se hizo famoso como Comandante en jefe y como táctico práctico, al idear una máquina de asedio hecha con las puertas de las casas. Mandó el asalto de Illora y Montefrío, encabezando a sus hombres en la batalla y haciendo prisionero a Boabdil, que se entregó tras pedir piedad. Gonzalo Fernández de Córdoba aceptó su rendición. Acabarían siendo amigos.

Contrajo segundas nupcias con María Manrique de Lara, dama de la reina Isabel, con quien tuvo dos hijas. 

Estuvo a punto de morir en una escaramuza nocturna ante Granada cuando se cayó del caballo en medio del combate y dirigió las últimas negociaciones con Boabdil para la rendición de la ciudad en enero de 1492. Acompañó a Boabdil a su exilio en Fez en 1494.

Recibió la Encomienda de la Orden de Santiago y el Señorío de Órjiva, así como rentas sobre la producción de seda granadina, lo que lo hizo muy adinerado.

En 1494 fue enviado a conquistar los territorios de Italia para neutralizar el pacto entre los franceses y los turcos. Se pone al frente de una expedición de 60 naves y 20 leños, embarcando 6.000 soldados de infantería y 700 jinetes. Entró en Nápoles y ocupó Regio de Calabria y las localidades de alrededor. En su primera batalla contra los franceses perdió la iniciativa, siendo derrotado en la batalla de Seminara (1495), su primera y última derrota, de la cual aprendió para futuros movimientos militares. Después maniobró hábilmente y asedió con éxito Atella. Consiguió que los napolitanos se sublevaran contra los franceses. Pocos días después, el Gran Capitán fue aclamado en Roma, siendo recibido por el papa Alejandro VI.

En 1498 regresó a Castilla como Duque de Santangello y de Terranova. En 1501 el papa Alejandro VI publicó el acuerdo entre Francia y Aragón y los franceses ocuparon su parte con 20.000 hombres. El Gran Capitán, por orden del rey aragonés, procede a ocupar su parte, encontrándose con resistencia en Tarento, una plaza bien fortificada, la cual asedia. Dado que era difícil tomarla por mar, el Gran Capitán cogió 20 carabelas y desembarcó a sus hombres para atacar por tierra, puesto que la plaza no tenía defensas por allí. Esto supuso la toma de la localidad sin batalla.

Españoles y franceses riñen por el reparto de Nápoles, lo que obliga al de Córdoba a utilizar su genio como estratega, organizando un torneo llamado el Desafío de Barletta. Ante la llegada de refuerzos franceses, abandona esta localidad y toma la ciudad de Ruvo di Puglia, logrando la histórica victoria de Ceriñola. En pocos minutos 3.000 mercenarios suizos yacen muertos en el campo, siendo la primera vez en que se obtiene una victoria por medio de armas de fuego. Los franceses huyen hacia Gaeta, donde son reforzados con otros 10.000 hombres. El Gran Capitán monta una línea defensiva en el río Gadellano, cerrando el paso de los franceses hacia la capital napolitana. El ejército español cruza el Gadellano sobre un puente de barcas y sorprende a los franceses que huyen en desbandada, dejando tras de sí en manos españolas millares de prisioneros con muchos bagajes, banderas y artillería.

En 1504 es nombrado virrey de Nápoles durante cuatro años. Es cesado y vuelve a España, donde se le concede la alcaldía de Loja, a donde se retiró. Allí se siente enfermo y regresa a Granada con su familia en 1515. El rey Fernando, creyendo que el Gran Capitán quería viajar a Flandes para organizar una revuelta, mandó arrestarlo. Pero Fernández de Córdoba murió el 2 de diciembre.

Sus restos descansaron en el desaparecido Convento de San Francisco y después en el Monasterio de San Jerónimo, con permiso de Carlos I, en 1522. En la cripta acabaría reposando con su esposa y varios familiares, además de 700 trofeos de guerra.

Y esta es la épica y triste historia de Don Gonzalo Fernández de Córdoba, que es desconocido por muchos a pesar de ser el primer y mejor general de la historia militar de España.


También podíamos reseñar en esta entrada las llamadas Cuentas del Gran Capitán, pero eso queda para otra entrada.

viernes, 16 de enero de 2026

RECUERDOS OLVIDADOS ?

 



El otro día, en mi paseo por la ciudad vieja, fui a parar ante el edificio del antiguo Gobierno Militar de La Coruña. En esto mi memoria emocional dio un salto a unos cuarenta años atrás, cuando iba a ver a mi padre, el Teniente Coronel...

En aquellas visitas recuerdo que estaba abierto el bar La Jarra Melada, donde estaban apostados muchos soldados, supongo que fuera de servicio. Este bar era famoso entre estudiantes y soldados, pero yo nunca fui, por lo que se contaba de lo que allí sucedía.

No me gustaba ir al Gobierno Militar porque siempre me mostraba el lado falso de mi padre. El mismo hombre que la tarde anterior me había echado una gran bronca (faltas de respeto y desprecio incluidos) salía a recibirme al pasillo entre gritos de fingido cariño para aparentar delante de los allí presentes. Y yo, que nunca pude fingir, me sentía muy violento.

Una vez terminado el trámite que me había llevado hasta allí, salí del edificio triste y abatido, incapaz de cambiar de humor con la misma rapidez que él.

Luego, con el tiempo, nuestros caminos se separaron y no volví al Gobierno Militar (no me atrevía) hasta el día de la foto. Descubrí, para mi sorpresa, que Neruda tenía razón cuando decía: Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Porque aunque el dolor todavía sigue ahí, ahora es más soportable. Es una cuestión de recuerdos olvidados...?

miércoles, 14 de enero de 2026

LIBRO: MISIÓN EN PARÍS de Arturo Pérez - Reverte

 


Estamos ante una nueva aventura del personaje favorito (para él y sus lectores) de Arturo Pérez-Reverte. Misión en París es la última entrega -hasta ahora- de la serie Alatriste. Esta obra se presenta en 343 páginas encuadernadas en tapa blanda de color amarillo, con una ilustración parisina junto a la figura de Alatriste en posición desafiante.

A través de doce capítulos recorremos con el capitán el París del siglo XVII. En su misión le acompañan sus viejos amigos (que ya se hicieron los nuestros a través de las obras anteriores). Cabe destacar la habilidad narrativa del escritor y su sapiencia a la hora de ambientar la época; lo que no sucede al describir la mentalidad de ese tiempo, ya que vuelve a caer en el presentismo. 

Aun así esta es una gran historia que nos engancha rápido y no nos suelta hasta el final, -que ya intuimos al comprobar que un personaje clave es trasunto de un personaje histórico. Es también acertada la introducción en la trama de unos personajes míticos, los Tres Mosqueteros, personajes que lo habían marcado desde que leyó el genial libro de Dumas.

En fin, otra lectura muy recomendable de Arturo Pérez-Reverte.


Yo tengo la suerte de ser cliente habitual de la Librería Arenas de La Coruña desde que tenía once años, cuyo propietario, Manuel Arenas, es amigo de Pérez-Reverte. Por eso le pedí que consiguiera, si era posible, que don Arturo me dedicara esta última novela. Y así lo hizo. Gracias, Manuel.

viernes, 9 de enero de 2026

NAVIDADES BLANCAS CON CHARLIE PARKER

 


Grabada en 1948 en el Royal Roost de Nueva York, está considerada por la revista especializada Jazz Times como la mejor interpretación de jazz de todos los tiempos de uno de los clásicos navideños más conocidos. Con el genial saxofonista Charlie "Bird" Parker al frente, en la banda también encontramos al trompetista Kenny Dorham y al batería Max Roach.

Aunque las Navidades ya hayan pasado, no puedo resistirme a compartir este maravilloso tema con vosotros. Felices Fiestas, con retraso.