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miércoles, 12 de abril de 2023

EL OBELISCO DE CHURRUCA



El obelisco de Churruca, dedicado a los héroes de Trafalgar, está situado en los jardines ferrolanos de Herrera. Tiene quince metros de altura y pertenecía al conjunto de una fuente inaugurada en 1812 en la Plaza de Armas. Actualmente está cerca de la antigua Capitanía General del Cantábrico y del Parador.

Don Cosme Damián Churruca y Elorza era el comandante de la escuadra española que se batió gloriosamente en Trafalgar. El destino de Churruca, como el de su escuadra, fue el desastre por culpa del almirante Villeneuve que llevó a la muerte a muchos españoles, entre ellos el brigadier (almirante a título póstumo) referido. Este, al sufrir en pleno combate la amputación de una pierna por debajo de la rodilla, no perdió la serenidad y, pidiendo un cubo lleno de harina, metió el muñón ensangrentado. Los oficiales que le rodeaban, horrorizados, vieron como la harina se iba convirtiendo en una pasta rojiza al mezclarse con la sangre de Churruca. 

Churruca ordenó que su barco no se rindiera mientras él estuviera vivo. La pasta rojiza fue una premonición de lo que sucedió: la muerte de Churruca y el desastre español, que no la derrota. No en vano el himno de la Armada reza: "En Lepanto la victoria y la muerte en Trafalgar."

 

domingo, 24 de marzo de 2019

IR AL CINE Y LEER. TARDES FELICES



             














          Recuerdo, con nostalgia, que hubo una época en mi vida - Allá por los ochenta - en la que era feliz yendo al cine.
 Iba los fines de semana ( sábados o domingos, depende el año ). Acudía armado con un libro, peligroso instrumento. Me encantaban las salas antiguas; aquellas en cuyas inmediaciones había una
cafetería.
 Mi tarde perfecta consistía en acudir tiempo antes - una media hora - de que empezara la función.
 Compraba mi entrada y me refugiaba en la cafetería a esperar.
 Buscaba una mesa recóndita y bien iluminada ( sorprendentemente las había ) y, mientras abría el libro, pedía un café con leche. Inmediatamente me ponía a leer y sólo paraba a la hora de ir a la Sala cercana.
 Al terminar la proyección me iba para casa a ver otra película, esta clásica, en el vídeo.
 Ahora no. Desde que me muevo en esta silla de ruedas todo son obstáculos. Creo que no he vuelto a pisar una Sala. Y no lo echo de menos.
 Y no lo echo de menos desde que estas salas antiguas fueron sustituidas por otras más modernas, tipo Centro Comercial. De estas que no te dejan intimidad y están abiertas, sin puerta. Consecuencia: se ven invadidas por niños gilipollas , montados en carritos conducidos por padres gilipollas. Estos padres, sobre todo ellos, que buscan con quien desahogarse de la inútil compra que ha hecho su Señora. Y yo que culpa tengo !!
 Estos individuos tienen un radar para localizar posibles víctimas ( sobre todo a mí).
 Os voy a describir la escena que tuvo lugar - hace décadas - en uno de estos Centros: yo intentando leer - entre el ensordecedor tráfico humano  y ese padre que busca a alguien sobre el que descargar la frustración que le causa el maltrato a la tarjeta por parte de la parienta.
 El radar de ese individuo lo localiza a uno y se produce la siguiente conversación, quiero decir monólogo :
- ¡ Hombre Fulano! Y tú por aquí? Que haces ?
 Yo,, con cara de pocos amigos, tuve ganas de contestar :
- Es que no me ves ?. Con un libro y frente a una taquilla del cine. ¡¡ Pues yendo de putas!!.
 Pero, por eso de la maldita educación y la presencia de los niños, que no dejan de molestar, me callé y sonreí con cinismo.
 El bobalicón continuó, irremediablemente:
- Pues nosotros aquí, con esta gastándose el dinero a lo loco. Pero.... que lees?
 A esas alturas ya había metido su zarpa en el libro y yo me pregunté: lo ataco y alego, ante el Juez, defensa propia ?
Pero eso no es todo. Paso a paso, y ante la mirada abnegada de la cónyuge, me fue detallando la compra.
 Yo pensé: Y a mí que coño me importa !. Si tan desesperado estas,pégate un tiro !!.
 De repente el individuo  adujo:
- Bueno: nos tenemos que ir, que empieza el fútbol.
 Y yo, os lo juro, por primera vez en mi vida, bendije el balompié.!!
 Os dais cuenta de el motivo que tuve para añorar las viejas salas de Cine y Cafeterías?. Y Mucho

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sábado, 4 de agosto de 2018

UN PERFECTO CABALLERO de Arturo Pérez - Reverte

        He escrito alguna vez que los tiempos pasados, los que se fueron, liquidaron oportunamente muchas causas injustas o perniciosas : pero también arrastraron consigo, en la natural demolición que el tiempo aplica a todo, algunas, y no pocas, cosas buenas. 
 También - y eso es lo que más lamento - determinadas actitudes, maneras de situarse ante la vida y los semejantes que, aunque trasnochadas, imposibles y hasta seguramente ridículas hoy en día, elevaban el ser humano por encima de su condición material y grosera,  facilitaban la convivencia y lo convertían en respetable. Le daban dignidad y grandeza.
 No hablo de gestos espectaculares, de épica o heroísmo. Tampoco hablo de actitudes relacionadas con una u otra clase social. Al contrario: con frecuencia era más fácil encontrar esa dignidad y esa grandeza en gente socialmente humilde que en otra más afortunada. Aquel magnífico y muy español ¨en mi hambre mando yo¨ me parece , quizá, la más exacta exposición de esto último. Y a menudo había, por irnos a un pasado no demasiado lejano, más dignidad en el padre analfabeto que liaba para su hijo el primer cigarrillo que fumaba, en el andén del tren que iba a llevarlo al barco en el que viajaría para morir en Cuba, que en el adinerado individuo que había dado unos duros de plata al Estado para que ese pobre muchacho fuese a la guerra en lugar de su hijo.
 Las maneras. Con frecuencia insisto en ellas en esta página. En mi opinión, como buen reflejo exterior de lo que somos o no somos, ellas nos salvan o nos condenan.
  Siempre lo he creído así, y no es casual que la segunda novela que escribí tratara en buena parte de eso: la estética asumida como ética cuando las grandes palabras se desvanecen. La actitud elegante, digna, heroica a fuerza de orgullo - la soberbia es defecto, pero el orgullo puede ser una virtud - de un viejo maestro de esgrima durante la caída de Isabel II: la historia del último hombre honrado en un mundo de conspiraciones políticas, mercachifles y canallas.
 Hay un diálogo en ese relato que es mi momento favorito cuando el marqués de los Alumbres le comenta al Maestro Astarloa ¨Se olvida usted de Dios¨ y éste responde¨Dios no me interesa. Tolera lo intolerable. Es irresponsable e inconsecuente. No es un caballero.
 Tuve la suerte - aunque quizá hoy sea una desgracia - de que me educaran para admirar esa clase de cosas. Para respetar ciertos ejemplos. Después la vida que llevé me condujo a otros lugares; pero mantuve intacta, o así lo creo, la facultad de admirar la elegancia moral en hombres y mujeres, sea cual sea su estado o condición. Al hilo de eso, recuerdo lo ocurrido a una de mis abuelas en los años 30 del pasado siglo. Estaba embarazada de seis meses y viajaba en tren de Cartagena a Madrid. El viaje duraba toda la noche; pero, al no quedar plazas libres en los coches cama, se vio obligada a viajar en un vagón convencional. En el compartimento sólo iban ella y un hombre de mediana edad, de aspecto modesto pero muy educado, a quien después de aquello mi abuela no olvidaría jamás.
 El avanzado embarazo la tenía molesta, y eso era evidente.
  Tras interesarse por ella con extrema corrección, el señor le aconsejó que se tumbara en los asientos. Hay que entender que corrían otros tiempos, y una señora no se tumbaba por las buenas
en un tren delante de un desconocido ; así que la gestante viajera se mostró reacia a ponerse cómoda. Entonces, el caballero demostró que era exactamente eso. Cogió su petaca de cigarrillos , el encendedor y un libro, se puso el gabán, salió al pasillo, corrió las cortinillas, cerró la puerta, y se pasó toda la noche de guardia ante ella, fumando y leyendo, para impedir que nadie entrase en el compartimento e incomodase a mi abuela. Y por la mañana, al llegar a Madrid, la ayudó a bajar la maleta de la redecilla del equipaje y la acompañó hasta el andén, hasta dejarla en manos de los familiares que la esperaban. Ni siquiera dijo su nombre, escuchó las palabras de agradecimiento de mi abuela con una sonrisa amable y casi distraída, saludó por última vez tocándose el ala del sombrero, y se marchó.
 Mi abuela me contó muchas veces esa historia, que cuando era niño me gustaba escuchar. Y ella siempre llegaba al final con un brillo en los ojos y una expresión dulce  y conmovida. ¨Aún me parece verlo alejarse aquella mañana entre la gente - decía medio siglo después ¨. Ni siquiera era guapo. Tenía el cuello de la camisa rozado, el traje lleno de arrugas y las uñas tal vez demasiado largas. Pero nunca en mi vida vi tan perfecto caballero ¨



                                                         



                                  

lunes, 30 de julio de 2018

jJOAN MIRÓ ( III )


            En 1967 instala un mural de cerámica, en colaboración con Josep Llorens Artigas, en el Museo Guggenheim de Nueva York.
 Gana el Carnegie International Grand Prize  de Pintura.
 Al año siguiente hace su último viaje a Nueva York.
  Es nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Harvard.
  Realiza exposiciones retrospectivas en la Fundación Maeght de Saint Paul de Vence y en el Antic Hospital de la Santa Creu de Barcelona, patrocinada por el Ayuntamiento.
  En 1969 monta la exposición Miró Otro en el Colegio de Arquitectos de Barcelona. Pinta los cristales de la fachada del edificio, también.
  En 1970