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| Estatua de Séneca junto a la Puerta árabe de Almodóvar de la muralla cristiana cordobesa. Esculpida por Amadeo Ruíz Olmos en 1965. Recuerdo de la historia milenaria de Córdoba. |
Acabo de enterarme hace poco de que en unos días estaré paseando por Córdoba. Yo soy así: cuando todo el mundo escapa del calor, yo voy hacia él. Pero no me importa. Voy a visitar la Córdoba histórica, la de las Iglesias Fernandinas, la de la Mezquita-Catedral y una Córdoba de la que poco se habla, la Corduba romana.
Uno de sus exponentes más conocidos es Lucio Anneo Séneca, conocido como Séneca el Joven. Este cordobés, compendio de las virtudes estoicas de lo mejor de Roma, tiene una estatua a la que hice esa foto junto a las murallas de Córdoba.
Su pensamiento puede verse resumido en su célebre máxima:
Séneca nació el año 4 antes de Cristo y murió en Roma en el 65 después de Cristo. Fue un gran filósofo, político, orador y escritor, conocido también como moralista. Hijo de Marco Anneo Séneca, el joven fue cuestor, pretor, senador y cónsul durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. De este último fue tutor y consejero (por la personalidad de Nerón no parece que Séneca tuviera mucho éxito...).
Fue muy importante en los años de Claudio y Nerón, siendo un senador muy influyente. Durante el mandato de este último, Séneca gobernó de facto. Esto le granjeó muchos enemigos que le obligaron a retirarse de la primera línea política. Fue acusado falsamente de participar en la conjura contra Nerón, su antiguo discípulo, que en su paranoia le obligó a suicidarse en el año 65.
El cordobés pasó a la historia como el representante del estoicismo, dejando por escrito unas máximas estoicas que llegaron hasta nuestros días. Asimismo, llegaron sus obras de teatro y diálogos filosóficos, tratados de filosofía natural, consolaciones y cartas.
Séneca se mostró como un gran retórico, accesible y alejado de jergas especializadas. Junto a Epícteto y Marco Aurelio está considerado el máximo exponente del estoicismo tardío y ha influido en filósofos cristianos como Lactancio, San Agustín y San Jerónimo. Fue admirado y venerado durante el Renacimiento como un oráculo moral, un maestro de estilo literario y un modelo de artes dramáticas.
Todo esto hizo que en cuanto estuve en Córdoba por primera vez le hiciera esa foto y hará que en cuanto vuelva con mis vacaciones vaya a visitarlo como cordobés ilustre que es. A mis 60 años he vivido lo mío y puedo decir que suscribo totalmente la frase de Séneca. Y he aprendido más de mi mismo desde el ictus que sufrí a los 46 años que en todos mi años anteriores.
Esta publicación me parece muy pertinente dado el destino de mis vacaciones para terminar las publicaciones en el blog, que reanudaré a mi vuelta. Felices vacaciones a todos.


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