viernes, 12 de junio de 2026

REFLEXIONES A LA VISTA DE LA ESCULTURA DE HÉRCULES


Hace aproximadamente un año había empezado mi lucha por trasladarme a Córdoba. Lucha en la que sigo y gracias a la cual he conseguido, de momento, pasar el próximo verano en la ciudad califal.

Por si no volvía a ver mi querida Coruña, comencé a viajar los sábados a mi ciudad. Uno de los primeros sitios que visité fue la emblemática Torre de Hércules, símbolo de la ciudad, en la que ya había estado innumerables veces, incluida la cima (menos mal, porque ahora me sería imposible en mi silla). En sus proximidades encontré un stand dedicado en parte al héroe Hércules, cuya imagen podéis ver en la foto.

La Torre fue construida por los romanos probablemente a finales del siglo I y comienzos del II. Después de la conquista del occidente europeo (Hispania, Galia y Britania) por Roma, la bahía coruñesa se hace importante para las rutas marítimas romanas que ponen en comunicación el Mediterráneo y el Atlántico. La zona de La Coruña era una magnífica dársena para los barcos que zarpaban hacia Britania o venían de ella.

Unos estudiosos dicen que fue una idea de César. Otros que su constructor fue Gaio Sevio Lupo, arquitecto de la actual Coimbra (antes Aemilium), cumpliendo las órdenes del emperador Trajano. Lo que sí parece seguro -de ahí el nombre- es que se consagró al héroe Hércules, hijo de Júpiter y de la mortal Alcmena.

Curiosamente el que más hizo por extender la leyenda de Hércules no fue ningún romano, sino el rey Alfonso X el Sabio (siglo XIII), quien  en su Estoria de Espanna cuenta como Hércules construyó el faro para conmemorar su victoria sobre el gigante Gerión. Según la leyenda, el héroe griego vino en busca del gigante que reinaba entre el Duero y el Tajo con el fin de liberar al pueblo de su poder tiránico. El enfrentamiento duró tres días y tres noches y a su término Hércules venció y mató al gigante, cortó su cabeza y la enterró junto al mar, construyendo sobre la tumba una torre faro y fundando en sus cercanías una población a la que le dio el nombre de Crunia, como recuerdo de la primera mujer que habitó el lugar y de la que Hércules se enamoró.

Tras la marcha de Hércules, Espán, su sobrino, fue nombrado señor de las tierras de España y pobló villas y ciudades, acabando de construir la torre que había comenzado su tío y dotándola de un candil con un fuego que nunca se apagaba. Además, cortó un gran espejo por el que se veían venir las naves enemigas desde mucha distancia.

El relato de Alfonso X influyó en obras posteriores, como la Crónica abreviada de Don Juan Manuel o la Crónica general de Espanha de 1344 en las que se fue completando el mito. El licenciado Molina narra esta leyenda en la descripción del Reino de Galicia de 1550. Lo mismo que Ocampo en la Crónica General, en la que intenta separar la historia de la leyenda.

Por otro lado, las leyendas irlandesas del siglo XII en su Libro de las Invasiones recogen la leyenda de Breogán vinculada con la Torre de Hércules, que sería el que sometió a las tribus de España tras conquistar todo el territorio y fundar la ciudad de Brigantia, en la que construyó la Torre de Breogán. A este le sucedió su hijo, Ith, quien al ver desde lo alto de la torre las tierras de Irlanda partió para conquistarlas. Que ya me dirán cómo, cuando desde lo alto de la torre en un día nublado no se puede ver ni la ría de Ferrol.

Después de haber visitado la torre y la escultura de Hércules, hace años, prefiero creer que el edificio se debió a la aplicación del sentido práctico de los romanos, que necesitaban una torre de señales para que la navegación fuera segura y los barcos no se estrellaran contra la rompiente. Tengamos en cuenta, además, que los romanos no eran expertos en la navegación en otros mares que no fueran el Mare Nostrum.

Otra cosa sería que por intereses de una minoría intelectual nacionalista del siglo XIX se rescatara la leyenda de Breogán, del que se habla en el himno gallego. Pero eso ya es otra historia.

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