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miércoles, 17 de junio de 2026

CON SÉNECA EN CÓRDOBA

 

Estatua de Séneca junto a la Puerta árabe de Almodóvar
de la muralla cristiana cordobesa.
Esculpida por Amadeo Ruíz Olmos en 1965.
Recuerdo de la historia milenaria de Córdoba.

Acabo de enterarme hace poco de que en unos días estaré paseando por Córdoba. Yo soy así: cuando todo el mundo escapa del calor, yo voy hacia él. Pero no me importa. Voy a visitar la Córdoba histórica, la de las Iglesias Fernandinas, la de la Mezquita-Catedral y una Córdoba de la que poco se habla, la Corduba romana.

Uno de sus exponentes más conocidos es Lucio Anneo Séneca, conocido como Séneca el Joven. Este cordobés, compendio de las virtudes estoicas de lo mejor de Roma, tiene una estatua a la que hice esa foto junto a las murallas de Córdoba.

Su pensamiento puede verse resumido en su célebre máxima:


Séneca nació el año 4 antes de Cristo y murió en Roma en el 65 después de Cristo. Fue un gran filósofo, político, orador y escritor, conocido también como moralista. Hijo de Marco Anneo Séneca, el joven fue cuestor, pretor, senador y cónsul durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. De este último fue tutor y consejero (por la personalidad de Nerón no parece que Séneca tuviera mucho éxito...).

Fue muy importante en los años de Claudio y Nerón, siendo un senador muy influyente. Durante el mandato de este último, Séneca gobernó de facto. Esto le granjeó muchos enemigos que le obligaron a retirarse de la primera línea política. Fue acusado falsamente de participar en la conjura contra Nerón, su antiguo discípulo, que en su paranoia le obligó a suicidarse en el año 65.

El cordobés pasó a la historia como el representante del estoicismo, dejando por escrito unas máximas estoicas que llegaron hasta nuestros días. Asimismo, llegaron sus obras de teatro y diálogos filosóficos, tratados de filosofía natural, consolaciones y cartas.

Séneca se mostró como un gran retórico, accesible y alejado de jergas especializadas. Junto a Epícteto y Marco Aurelio está considerado el máximo exponente del estoicismo tardío y ha influido en filósofos cristianos como Lactancio, San Agustín y San Jerónimo. Fue admirado y venerado durante el Renacimiento como un oráculo moral, un maestro de estilo literario y un modelo de artes dramáticas.

Todo esto hizo que en cuanto estuve en Córdoba por primera vez le hiciera esa foto y hará que en cuanto vuelva con mis vacaciones vaya a visitarlo como cordobés ilustre que es. A mis 60 años he vivido lo mío y puedo decir que suscribo totalmente la frase de Séneca. Y he aprendido más de mi mismo desde el ictus que sufrí a los 46 años que en todos mi años anteriores. 

Esta publicación me parece muy pertinente dado el destino de mis vacaciones para terminar las publicaciones en el blog, que reanudaré a mi vuelta. Felices vacaciones a todos.

viernes, 12 de junio de 2026

REFLEXIONES A LA VISTA DE LA ESCULTURA DE HÉRCULES


Hace aproximadamente un año había empezado mi lucha por trasladarme a Córdoba. Lucha en la que sigo y gracias a la cual he conseguido, de momento, pasar el próximo verano en la ciudad califal.

Por si no volvía a ver mi querida Coruña, comencé a viajar los sábados a mi ciudad. Uno de los primeros sitios que visité fue la emblemática Torre de Hércules, símbolo de la ciudad, en la que ya había estado innumerables veces, incluida la cima (menos mal, porque ahora me sería imposible en mi silla). En sus proximidades encontré un stand dedicado en parte al héroe Hércules, cuya imagen podéis ver en la foto.

La Torre fue construida por los romanos probablemente a finales del siglo I y comienzos del II. Después de la conquista del occidente europeo (Hispania, Galia y Britania) por Roma, la bahía coruñesa se hace importante para las rutas marítimas romanas que ponen en comunicación el Mediterráneo y el Atlántico. La zona de La Coruña era una magnífica dársena para los barcos que zarpaban hacia Britania o venían de ella.

Unos estudiosos dicen que fue una idea de César. Otros que su constructor fue Gaio Sevio Lupo, arquitecto de la actual Coimbra (antes Aemilium), cumpliendo las órdenes del emperador Trajano. Lo que sí parece seguro -de ahí el nombre- es que se consagró al héroe Hércules, hijo de Júpiter y de la mortal Alcmena.

Curiosamente el que más hizo por extender la leyenda de Hércules no fue ningún romano, sino el rey Alfonso X el Sabio (siglo XIII), quien  en su Estoria de Espanna cuenta como Hércules construyó el faro para conmemorar su victoria sobre el gigante Gerión. Según la leyenda, el héroe griego vino en busca del gigante que reinaba entre el Duero y el Tajo con el fin de liberar al pueblo de su poder tiránico. El enfrentamiento duró tres días y tres noches y a su término Hércules venció y mató al gigante, cortó su cabeza y la enterró junto al mar, construyendo sobre la tumba una torre faro y fundando en sus cercanías una población a la que le dio el nombre de Crunia, como recuerdo de la primera mujer que habitó el lugar y de la que Hércules se enamoró.

Tras la marcha de Hércules, Espán, su sobrino, fue nombrado señor de las tierras de España y pobló villas y ciudades, acabando de construir la torre que había comenzado su tío y dotándola de un candil con un fuego que nunca se apagaba. Además, cortó un gran espejo por el que se veían venir las naves enemigas desde mucha distancia.

El relato de Alfonso X influyó en obras posteriores, como la Crónica abreviada de Don Juan Manuel o la Crónica general de Espanha de 1344 en las que se fue completando el mito. El licenciado Molina narra esta leyenda en la descripción del Reino de Galicia de 1550. Lo mismo que Ocampo en la Crónica General, en la que intenta separar la historia de la leyenda.

Por otro lado, las leyendas irlandesas del siglo XII en su Libro de las Invasiones recogen la leyenda de Breogán vinculada con la Torre de Hércules, que sería el que sometió a las tribus de España tras conquistar todo el territorio y fundar la ciudad de Brigantia, en la que construyó la Torre de Breogán. A este le sucedió su hijo, Ith, quien al ver desde lo alto de la torre las tierras de Irlanda partió para conquistarlas. Que ya me dirán cómo, cuando desde lo alto de la torre en un día nublado no se puede ver ni la ría de Ferrol.

Después de haber visitado la torre y la escultura de Hércules, hace años, prefiero creer que el edificio se debió a la aplicación del sentido práctico de los romanos, que necesitaban una torre de señales para que la navegación fuera segura y los barcos no se estrellaran contra la rompiente. Tengamos en cuenta, además, que los romanos no eran expertos en la navegación en otros mares que no fueran el Mare Nostrum.

Otra cosa sería que por intereses de una minoría intelectual nacionalista del siglo XIX se rescatara la leyenda de Breogán, del que se habla en el himno gallego. Pero eso ya es otra historia.

viernes, 5 de junio de 2026

LAS MURALLAS DE CÓRDOBA. TORRE DE LA PUERTA DEL RINCÓN

 


Córdoba, en contra de lo que muchos creen, no fue una creación musulmana. Los árabes se encontraron restos visigóticos que, a su vez, contenían restos romanos. Uno de los más destacables es su muralla.

La muralla de Córduba rodeaba la citada villa. Cerca de ella pasaba el Guadalquivir, entonces denominado Betis. A la altura del Alcázar de los Reyes Cristianos se encuentra un puerto fluvial de construcción romana porque el Guadalquivir hasta Córdoba era navegable. Allí se cargaban los barcos con aceite y vino con destino a Roma, donde era muy apreciados.

La zona antigua de Córdoba está rodeada por cinco recintos amurallados: la Villa o Medina, la Axerquía, el Castillo de la Judería, el Alcázar Viejo y la Huerta del Alcázar. La construcción de estas murallas tiene tres épocas: la romana, la musulmana y la cristiana. 

La primera muralla de la ciudad fue construida en el siglo II durante la época romana, abarcando un perímetro de 2650 metros aproximadamente. Este recinto contaba con cuatro puertas orientadas a los cuatro puntos cardinales. Durante el gobierno del emperador Tiberio se eliminó la zona sur para ampliar el área amurallada, expandiendo la ciudad hacia el río y abriendo nuevas puertas de acceso a la misma.

La muralla romana se encontraba en un estado lamentable y en época musulmana fue parcialmente reconstruida.

Tras la conquista cristiana se mantienen y restauran las antiguas murallas y en la segunda mitad del siglo XIV se añaden tres nuevos recintos: el Castillo de la Judería, la Huerta del Alcázar y el Alcázar Viejo.

La salida de la Muralla de la Villa va a dar a la actual plaza de Colón. De la parte oeste se conservan 360 metros a lo largo de la calle Cairuán. En este tramo puede observarse la Puerta de Almodóvar.

La torre de la Puerta del Rincón (en la foto) está en la intersección de las calles Alfaros e Isabel Losa. Es una torre construida posiblemente en el siglo XIV, aunque no se sabe con certeza su origen, con lo que puede ser cristiana por las excavaciones arqueológicas y que se construyera sobre torres anteriores. Se trata de un torreón de planta octogonal en dos cuerpos adosado al lienzo de la muralla nororiental de la Villa, que resuelve el fuerte desnivel topográfico entre la Villa y la Axerquía.

Es una zona muy interesante para visitar pues cerca se encuentra el monumento en honor de las famosas regadoras de Córdoba de la que hablé en la entrada sobre la fiesta de los patios.

Una experiencia inolvidable de mi visita a la ciudad califal y que recomiendo a todo el mundo es contemplar la muralla desde la terraza de una de las tabernas cercanas. Experiencia que repetiré este verano.

miércoles, 3 de junio de 2026

VISITA A LA VIRGEN DEL ROSARIO



El 9 de agosto de 2025 me encontraba yo en el transcurso de una de mis visitas a mi Coruña en la capilla de mi antiguo colegio, los PP Dominicos, en plena Ciudad Vieja.

Hacía tiempo que no entraba en una iglesia y se me ocurrió visitar a una imagen de mi infancia, como antiguo alumno de los Dominicos que soy. Estoy hablando de la Virgen del Rosario. Como coruñés conozco lo unida que está esta Virgen a la historia de mi ciudad y el símbolo, seas religioso o no, que representa para nosotros.

Su devoción está íntimamente ligada a la historia de la ciudad porque algunos coruñeses se encomendaron a ella para salvarse del ataque del corsario inglés Francis Drake en 1589. Recomiendo, llegados a este punto, las obras de dos coruñeses, el profesor Gorrochategui y el antiguo alcalde de La Coruña Paco Vázquez.

En la foto que hice aparece una hermosa talla del siglo XVII de esta Patrona en el interior de la Iglesia de Santo Domingo. Todavía recuerdo como, siendo yo niño, el 7 de octubre se sacaba la imagen en procesión, escoltada por una compañía del ejército acantonado en la ciudad -que en aquel entonces mandaba mi padre-. Por eso la Virgen del Rosario es un bello recuerdo de mi infancia, allá por los años 70 del siglo pasado.

Alrededor de esta procesión se organizaban diversos actos litúrgicos en la Ciudad Vieja. También cada mes de mayo el Ayuntamiento renovaba el voto de gratitud histórico hacia la Virgen, rememorando la rogativa de 18 coruñeses en 1589.

A veces el 7 de octubre es festivo en La Coruña, conmemorando como unos pocos cientos de coruñeses rechazaron el ataque de 120 barcos y 23.000 soldados ingleses que intentaban conquistar la ciudad herculina. Los ingleses dejaron numerosos destrozos. A pesar de ello, aquel día María Pita, enarbolando su lanza, gritó: Quien tenga hora que me siga.

Los coruñeses, en su petición a la Virgen, le prometieron rendirle homenaje y crear un día en su honor. Desde 1616 hay documentos en los que se considera a la Virgen del Rosario la Patrona de La Coruña.

En el ataque fue destruida la iglesia de Santo Domingo y se incendió el convento en el que se veneraba a la Virgen del Rosario. En 1596 volvió a edificarse, reparación que concluyó en el año 1617. 

La Virgen volvió a ser protagonista ante la invasión francesa en enero de 1809 cuando los galos intentaron invadir La Coruña. Ante lo cual, los coruñeses volvieron a recurrir a la Virgen del Rosario.

Y, como decía Rielke: La única patria del hombre es su infancia. Volví a esta iglesia y al encontrarme con la Virgen del Rosario sentí que volvía a mi Patria.

Por eso, vaya donde vaya y pase el tiempo que pase, seguiré allí embelesado ante la Virgen del Rosario.

viernes, 29 de mayo de 2026

LA SEMANA SANTA DE ANDALUCÍA

 



Si hay dos conceptos íntimamente ligados son Andalucía y la Semana Santa. Por eso ahora que estoy a punto de ir de vacaciones a Andalucía, aprovecho -aunque no es la época- que cayó en mis manos este número de la publicación Muy Historia para ir calentando motores antes del traslado definitivo a esa tierra tan querida y admirada por mi y donde espero pasar la Semana Santa del año próximo.

Este volumen de 162 páginas, tamaño folio y encuadernación de tapa blanda, comienza con un texto del poeta sevillano y universal Antonio Machado sobre la saeta y termina con una cita del antropólogo y costalero Mariano López Montes. 

Lo que hay por medio es un estudio apologético (difícil que no sea así) que nos lleva desde las celebraciones sacras de Almería a la emoción religiosa de Sevilla, pasando por Cádiz con su peculiar mixtura naval y religiosa y por Córdoba con su asombrosa procesión que cruza la Mezquita-Catedral. También se vive muy intensamente la fe, como en Granada, que fue la última ciudad en ser reconquistada, o en Huelva, que vio partir a Colón y que abrió el continente americano a la evangelización. 

También el estudio trata de Jaén y, como no, de Málaga, que vibra de emoción al paso del Cristo de la Buena Muerte y al oír las estrofas del Novio de la Muerte cantadas por la escuadra de portadores del Crucificado, por la compañía de la Legión que los escolta y por el vibrante público que los ve pasar.

Espero estar entre ese público la próxima Semana Santa. Así como vivir la emoción andaluza de esos días, que es típica de una tierra de frontera como fue durante siglos, echando poco a poco al Islam de nuestra tierra y conformando, seas o no creyente, la España actual.

Para comprobar la profundidad de la fe de Andalucía -y no solo de sus ciudades- es imprescindible leer el estudio de Muy Historia sobre la Semana Santa de Andalucía. Yo lo hice y por eso la recomiendo.

viernes, 22 de mayo de 2026

EL ALCÁZAR DE LOS REYES CRISTIANOS (CÓRDOBA)

 


Esta fortaleza fue construida aproximadamente en 1325 por Alfonso XI tras la Reconquista cristiana. Es una construcción de sólidos muros que fue palacio y residencia de los reyes cristianos. Encierra en su interior gran parte de la evolución arquitectónica de Córdoba, así como restos romanos y visigodos que conviven con los de origen árabe. Este lugar fue el favorito de los distintos gobernantes de la ciudad califal.

En 1236 Córdoba fue reconquistada por Fernando III y el edificio, antiguo palacio califal, estaba totalmente destruido. Alfonso X comienza su restauración, completada por Alfonso XI. A través de los siglos ha tenido múltiples usos, como por ejemplo sede del Santo Oficio (Inquisición) o cárcel en la primera mitad del siglo XIX.

La construcción es casi rectangular con muros de sillares pétreos y cuatro torres: la de los Leones, la del Homenaje, la de la Inquisición y la de las Palomas. Las dependencias se articulan alrededor de patios con asombrosos jardines con flores, hierbas aromáticas y árboles. Los corredores y estancias se cierran con cúpulas góticas de piedra. 

En una de sus galerías se exhibe un sarcófago pagano del siglo III decorado con un altorrelieve con una alegoría de la muerte. Las más bellas salas son una pequeña capilla barroca y el salón de los mosaicos (en la que se exponen piezas romanas procedentes de la Corredera). Bajo esta estancia se encuentran los Baños califales, de origen árabe. 

Cuenta con dos patios, uno de ellos de bellísimo mudéjar. También se pueden contemplar dentro de sus muros amplios jardines.

Es asombrosa la experiencia que yo viví cuando, contemplando los muros, me sorprendió el anochecer y se encendieron las luces. En ese momento me pareció contemplar en lo alto de los muros guerreros haciendo guardia. Por eso hice la foto. Pero me temo que no se verán.

miércoles, 20 de mayo de 2026

EL CENTURIÓN DE CÉSAR

 

Escultura de Botero a los pies de la Domus,
vigilando La Coruña.

Aquí estoy. Frente a mis hombres, supervisando su instrucción. 

César me encargó cruzar Hispania de sur a norte y vigilar los trabajos de la torre. A ello se dedica mi centuria, que forma parte de la cohorte con base en la cercana ciudad de Brigantia.

Me aburren los errores de mis hombres, sobre todo los novatos. Hay algún veterano que sirve conmigo desde la batalla de Munda. César me dio a elegir un destino como recompensa por la derrota de Pompeyo el Joven en aquella batalla, en la que yo dirigí a la caballería...

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Para los romanos este es un mar desconocido. Nosotros somos más del Mare Nostrum. Pero César, que es un gran general, me sugirió venir aquí para vigilar la construcción de esta torre. Una torre que va a ser consagrada a Hércules.

Los bárbaros de las tierras del norte piensan que desde ella, en un día claro, se puede ver la isla de Hibernia. ¡Pobres bárbaros! No saben que la leyenda es una invención de César para favorecer su construcción, ya que la quiere para vigilar estas costas...


Sigo controlando a los novatos. Les queda mucho por aprender, aunque los veteranos hacen bien su función...


- ¡Un momento! -se dio la vuelta-. Eso que hay a mis espaldas... No es Brigantium. No lo reconozco. ¿Dónde estoy?


Habían pasado casi dos mil años.

viernes, 15 de mayo de 2026

LOS PATIOS DE CÓRDOBA. UN HOMENAJE DESDE EL RECUERDO





Así se llama el festival que se celebra desde el año 1921 durante las dos primeras semanas de mayo. Hay dos categorías en el concurso: arquitectura antigua y arquitectura moderna, dependiendo de lo rehabilitada que esté la casa; y al menos una persona tiene que habitarla.

La visita a los patios de Córdoba es libre y gratuita en los días que dura el concurso, aunque se requiere cita previa.

Los patios más famosos son: 
  • plaza Ramón y Cajal (patio de la Subdelegación de Defensa)
  • calle Pompeyo nº6 (Archivo Histórico Provincial de Córdoba)
  • calle Samuel de los Santos nº9 (Casa árabe)
  • plaza de Don Gome (Palacio de Viana)
  • plaza del Potro nº1 (Museo de Bellas Artes)
  • calle Medina y Corella nº5 (Filmoteca de Andalucía)
  • calle Arroyo de San Andrés nº2
  • Palacio de Oribe en la plaza de Oribe nº2
  • plaza de Jerónimo Páez (Museo Arqueológico)
  • calle Sánchez de Feria nº6 (Archivo Municipal)
La fiesta de los Patios de Córdoba ha sido declarada Patrimonio Cultural Inmaterial.



Esta escultura es un homenaje a las famosas regadoras, que se dedican desde tiempo inmemorial a cuidar de los patios. Y la imagen anterior es una alegoría de la tradición cordobesa de mantener los patios que pasa de padres a hijos.

Me imagino lo maravilloso de la visita en esta época porque yo quedé extasiado, y eso que fui en otoño de 2024. Era una explosión de color: rojo, morado, amarillo, naranja, verde... y todos los colores que os podáis imaginar. Ahora tienen que estar espectaculares. 

Espero volver pronto y disfrutar de los patios de Córdoba en su máximo esplendor. Mientras tanto sirva esta entrada como tributo nostálgico a esta maravilla cordobesa.

miércoles, 13 de mayo de 2026

EL "URQUIOLA". RECUERDO CORUÑES. 50 AÑOS

 

El Urquiola envuelto en una nube de humo negro

Hace pocos días me paró en el pasillo de la residencia donde vivo un amigo, antiguo marino y natural de La Coruña como yo, y me dijo:

- ¿Te acuerdas de que hace cincuenta años fue lo del Urquiola?

El 12 de mayo de 1976 ocurrió una de las peores catástrofes ecológicas de España. El buque petrolero Urquiola sufrió un accidente a la entrada de la ría de La Coruña.

- Pues claro que me acuerdo, -respondí-. Yo lo viví en primera persona y en directo.

Recapitulemos.

Yo era un niño de diez años que vivía en plena Calle de la Torre en un noveno piso con vistas a la ría de La Coruña. Un paisaje que nunca me llamó la atención puesto que formaba parte de mi cotidianeidad. 

En esa época nos turnábamos mi hermana y yo, por orden de mi padre, para poner la mesa. Yo estaba en esos menesteres cuando, de repente, los cristales temblaron ante mi por una tremenda explosión. Instintivamente levanté la mirada y lo vi. Era un barco (luego me enteré de que era el Urquiola) en medio de la ría envuelto en una nube oscura, muy oscura. Ante mi se desencadenaba la catástrofe.

Enseguida vi como del pecio se separaba una pequeña balsa de petróleo ardiendo que se dirigía lenta pero inexorablemente a Punta Herminia, donde entonces se encontraba un polvorín del ejército.

Lo siguiente que recuerdo es la calle cortada al tráfico, por la que subían apresuradamente una fila de camiones Reo de fabricación americana y que tenían su base en el cuartel de Atocha. Me imaginé que sería para sacar la munición del polvorín. Como hijo de militar, siempre disfruto de la exhibición de material del ejército y ese mediodía lo estaba haciendo, sin darme cuenta por mi corta edad de que era un signo de gran peligro. 

Con el tiempo me enteré de que el capitán del barco había muerto intoxicado y que el práctico del puerto de La Coruña se había salvado de milagro al bucear bajo una gigantesca balsa de petróleo ardiendo y emergiendo al otro lado.

En la radio hicieron enseguida un programa especial en el que dijeron que desde Ferrol habían salido varios destructores para sofocar el incendio. 

Parece ser que la culpa, según investigaciones posteriores, fue de una aguja de roca que no estaba señalada en las cartas marinas y que se encontraba en la ruta que seguía el buque, según afirmó posteriormente el práctico del puerto. En el choque el buque no sufrió grandes daños. La Comandancia de Marina ordenó al Urquiola salir a la mar para alejarlo de la costa. Durante esas maniobras el barco sufrió más daños y dos horas más tarde se produce una explosión que hace que el barco arda por completo.

Se hizo responsable de la tragedia al capitán del buque, Rodríguez Castelo. Pero, posteriormente, los tribunales lo exculparon dado que la carta no estaba actualizada y que la Comandancia de Marina le obligó a salir por el mismo canal donde se encontraba la aguja contra la que chocó. La carta en la que se basó la Comandancia para tomar esta decisión era de mediados de los años cincuenta.

Por todo ello y para responder a la pregunta "¿Qué estabas haciendo cuando lo del Urquiola?" -que todo coruñés sabría responder- hago esta entrada.


miércoles, 6 de mayo de 2026

CRUCES DE MAYO EN POZOBLANCO (CÓRDOBA)

 




Una querida amiga, que estuvo trabajando en el CAMF de Pozoblanco y me lo recomendó, me enseñó el otro día las fotos de las Cruces de Mayo del citado centro (al que voy a ir a pasar unas vacaciones y que espero convertir con el tiempo en mi domicilio definitivo).

En Pozoblanco la fiesta de las Cruces de Mayo es una tradición que se celebró del 1 al 4 de mayo este 2026 Y que llena de color casi medio centenar de localizaciones. Incluye cruces adultas, infantiles y de piedra realizadas por asociaciones, cofradías y otros colectivos. A primeros de mayo, de ahí su nombre, decoran los barrios de Pozoblanco para honrar la tradición.

Es una de las fiestas más destacadas de la localidad y que invita a pasear por las calles descubriendo las cruces y disfrutar del ambiente festivo.

El origen de las Cruces de Mayo es doble: uno religioso, que conmemora el hallazgo de la cruz de Cristo por Santa Elena el 3 de mayo del año 326; y otro pagano, ligado a las festividades europeas (celtas, germánicas y romanas) del Árbol de Mayo, en las que se adornaba un pino u otro árbol (palo de mayo) para celebrar la primavera. En América fue introducida por los españoles durante la colonización como herramienta de evangelización. 

En España es muy acusada la tradición en el sur, como todas las cristianas en contraposición a la influencia de la conquista musulmana, puesto que los misioneros fundaron hermandades para mantener el culto a la Cruz y homenajearla durante mayo. Esta actividad empezaba el 1 de mayo y se llamaba vestir la cruz. Por la tarde los fieles se congregaban ante ella para rendirle culto. Cada casa contaba con su propio crucifijo. Con el tiempo dejó de ser una festividad exclusivamente eclesiástica y se convirtió en una práctica religiosa de la comunidad, compitiendo cada grupo humano en la belleza a la hora de engalanar la cruz con flores.

Hago esta mención como reconocimiento a la actividad de mis futuros cuidadores y enfermeras de Pozoblanco quienes también compiten en embellecer el centro con una de estas cruces. Espero el próximo mayo ver este espectáculo en persona. Y no quiero terminar esta entrada sin felicitarles por hacer más fácil la vida de los residentes del centro, entre otros, con el bello gesto de mantener la tradición de las Cruces de Mayo.

miércoles, 29 de abril de 2026

ANTE EL GRAN CAPITÁN (II): LAS CUENTAS DEL GRAN CAPITÁN

 


En una de mis visitas a la Plaza de las Tendillas de Córdoba me coloqué en la terraza del Grand Bar. Contemplé la estatua de este gran general (el Gran Capitán) y empecé a recordar todo lo referente a él. De su vida y sus hazañas ya hemos hablado. Nos queda contar lo que vulgarmente se conoce como Las cuentas del Gran Capitán.

Esta es una expresión popular española que se refiere a una lista de gastos exagerados o desorbitados. Proviene de una anécdota histórica (posiblemente legendaria) de 1506 en la que se cuenta un choque de egos entre Fernando el Católico y Gonzalo Fernández de Córdoba. El Gran Capitán respondió al requerimiento de Fernando (quien era conocido por su tacañería) sobre los gastos en la campaña de Nápoles con una relación irónica y con muy mala leche diciendo que se había gastado millones en picos, palas y azadones para enterrar a los enemigos muertos y en guantes perfumados para manejar los cadáveres, entre otras cosas. 

Así pues, en lugar de una factura, presentó una muy sarcástica relación que incluía:

  • Cien millones de ducados en picos y palas para enterrar a los enemigos.
  • Ciento cincuenta mil ducados en frailes, monjas y pobres para rezar por los soldados muertos.
  • Cien mil ducados en guantes perfumados para que las tropas no olieran los cadáveres.
  • Ciento sesenta mil ducados en campanas rotas de tanto repicar por su victoria.
  • Y, por último, cien millones de ducados por la paciencia al escuchar al rey a quien este Capitán le ha conseguido un imperio.
Cabe imaginar lo mal que le sentaron a Fernando estas palabras y que, además, no pudo hacer nada por evitar el insulto del Gran Capitán puesto que era su mejor oficial y sin él no se habrían conseguido las victorias contra los franceses en la península itálica.

Esta anécdota nos da cuenta de la importancia del Gran Capitán, puesto que ningún otro oficial del rey se hubiera atrevido a responder de esta manera a Fernando el Católico.

Las malas lenguas dicen que la inquina entre el rey Fernando y el Gran Capitán venía desde que Don Gonzalo había conocido a la reina Isabel de Castilla... A nosotros no nos consta que esto fuera así. Dejémoslo para los chismosos de la historia. Lo que sí parece probado es la discusión sobre los gastos, que Don Gonzalo zanjó con esta misiva, puesto que no parece que el rey católico volviera a reprender a su gran oficial por los gastos militares ocasionados.

Sea como fuere, sin el Gran Capitán (cuya estatua luce en la plaza cordobesa, aunque él era de Montilla a kilómetros de la capital) la historia militar de España hubiera sido distinta. Y también sería distinta la evolución de la guerra, puesto que el Gran Capitán fue el primero en combinar las tres armas emergentes en la época: el arcabuz, la rodela y la pica. Además integró en la misma batalla infantería, artillería y caballería. Una nueva forma de hacer la guerra había nacido, había terminado la guerra medieval. Y todo gracias a Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el Gran Capitán. Probablemente el mejor de su época y muy querido por sus hombres al encabezar los ataques en el campo de batalla.

Todo ello hace que España le tenga que estar eternamente agradecida y que sus cuentas no sean más que una anécdota. Sirva esta entrada, junto con la anterior, como homenaje a Don Gonzalo, al que podemos ver en la plaza montado a caballo y que yo tuve el gusto de fotografiar. Como podemos, ver el caballo tiene una pata levantada, lo que significa que murió por heridas de guerra. En este caso murió años después, en 1515, de unas fiebres contraídas cuando luchaba en Italia.

Por eso cuando vuelva a Córdoba, sea cuando sea, me acercaré a la estatua ecuestre (después de tomarme una tapa de salmorejo en el Grand Bar) y le rendiré de nuevo homenaje. Y lamentaré que un soldado tan importante para la historia de España sea cada vez más desconocido.

viernes, 17 de abril de 2026

EL MERECIDO HOMENAJE DE LA CORUÑA A PORLIER

 


El 26 de julio del año pasado paseaba por las inmediaciones de lo que había sido mi casa. Recordaba perfectamente la Plaza de España de pasar cientos de veces por allí. Pero lo que vi me sorprendió. No era la plaza que yo tenía en mis recuerdos. Había pasado el tiempo y la plaza había sufrido modificaciones. Y yo ya no era el mismo.

La que más me llamó la atención fue la estatua de lo que parecía un militar decimonónico. Me acerqué y pude ver a los pies de este soldado un nombre: Porlier. No sabía quién era ni por qué merecía ese homenaje. Así que me puse a investigar...


Porlier fue un mariscal de campo (la máxima graduación que había en el ejército de tierra en aquella época, hoy ya no existe) y un héroe que, como tantos, había traído de vuelta al rey Fernando VII, al cual se enfrentó cuando el rey Felón vulneró la Constitución de Cádiz, estableciendo el régimen llamado de los Persas.

Fue traicionado por su propio secretario, Agapito Alconero: en la noche del 29 de mayo es detenido en Madrid y condenado el 16 de julio a cuatro años de cárcel, siendo conducido a La Coruña para cumplir la pena en el Castillo de San Antón, de donde sale en prisión atenuada por motivos de salud. Se estableció en Arteixo. 

El 19 de agosto pasa con su esposa a residir en Pastoriza, en la casa de un correligionario, el comerciante Andrés Rojo, con quien prepara el pronunciamiento para derrocar a Fernando VII. Pronunciamiento que se inicia en La Coruña en la noche del 18 al 19 de septiembre de 1815. Porlier llega a la ciudad para tomar el mando de las tropas. Ayudado por oficiales asturianos, arrestó al Capitán General de Galicia y a las otras autoridades militares. 

En dos horas controla la guarnición de La Coruña, proclamando la Constitución de 1812. En un manifiesto exhorta a la nobleza y a la burguesía a colaborar con una monarquía constitucional, solicitando la convocatoria de Cortes elegidas por el pueblo. Fue respaldado por parte de los comerciantes coruñeses, entre ellos Juan de Vega y Pedro de Llano, así como prácticamente todas las fuerzas militares y la base naval de El Ferrol. 

De aquí precisamente salió un batallón de marina, que se unió a Porlier y a sus fuerzas. Juntos se dirigieron a Santiago de Compostela para que se unieran al pronunciamiento. Las tropas reunidas en Santiago por el arzobispo Muzquiz y el general Pesci avanzaron hasta Sigüeiro. En un descanso en el camino Porlier es tomado prisionero por sus oficiales y suboficiales. Las tropas, sin mando, no ofrecen resistencia y entregan a Porlier al juez De la Iglesia.

El prisionero llega primero a Santiago de Compostela y después a La Coruña, donde es sometido a juicio e interrogado en la Capitanía General, siendo condenado a pena de horca. En sus últimos días en el Castillo de San Antón redactó su propio epitafio, que termina con la frase: "Almas sensibles, respetad los restos de un desgraciado". Al haber sido degradado no se le permitió ser fusilado, como hubiera correspondido a su rango, lo que supuso una doble humillación para el militar. 

Fue ahorcado en el Campo de la Leña, actualmente Plaza de España, donde está su estatua. También fueron quemadas públicamente sus proclamas. Todas las casas y tiendas de la ciudad permanecieron cerradas en señal de duelo.

El ahorcamiento de Porlier causó un gran impacto en La Coruña, donde permanecían muchos de los oficiales que le habían secundado. Los civiles de la trama habían huido al extranjero. A la hora de su muerte Porlier tenía 26 años.

Por causa de la represión desatada por Fernando VII, los partidarios de Porlier escondieron sus restos, que terminaron en la Capilla de San Roque bajo el altar de San Antonio.

Pasado el tiempo se colocó la estatua, lo cual indica que el pueblo español es un pueblo pendular, que es capaz de permitir que caiga uno de sus héroes para, tiempo después, dedicarle una estatua. Todo por acudir en socorro del vencedor, lo que a mi modo de ver explica la máxima histórica: Lanzada a moro muerto. 


La estatua del escultor Escudero se colocó en 1986 (!), pero yo no la había visto hasta ahora. Los recuerdos, como se demuestra en este caso, a veces no son del todo fiables.

miércoles, 15 de abril de 2026

CÓRDOBA EN NATIONAL GEOGRAPHIC

 


Este ejemplar de National Geographic nos lleva a Córdoba, la legendaria y más duradera capital de Al-Ándalus, la conocida como Sultana y Mora o Blanca y Cristiana. 

No es un monográfico, pero la capital califal ocupa la mayor parte de la revista (de las páginas 6 a la 42). Tiene la principal característica de todos los ejemplares de la colección: impresionantes ilustraciones (a menudo fotos), acompañadas de un texto muy adecuado. 

No es una simple publicación de historia. Remarca los trabajos arqueológicos y los une con descubrimientos históricos. Nos lleva de la mano a pasear por la historia de esta ciudad, señalándonos en un plano hecho al efecto los lugares a visitar para disfrutar de la Córdoba mítica.

De esa Córdoba disfruté yo antes de tener este ejemplar, que, una vez leído, hace de mi espera una tortura extendida en el tiempo.

Recuerdo especialmente las estatuas de Averroes y Maimónides, así como el Alcázar de los Reyes Cristianos y la Mezquita-Catedral. De todo lo que me impresionó he dado cumplida cuenta en este blog y pienso seguir haciéndolo, pues todavía tengo recuerdos y fotos de mi breve estancia en Córdoba. Lugares a los que me llevan mis ensoñaciones y a los que pienso volver en cuanto llegue.

viernes, 10 de abril de 2026

CON CALDERÓN EN LA CORUÑA

 



En plena batalla para volver a Córdoba la Bella, me dedicaba como cada sábado a relajarme yendo a La Coruña. Uno de mis lugares preferidos era el Museo Militar, en el que el 24 de mayo del año pasado encontré este poema de Don Pedro Calderón de la Barca, soldado de los Tercios Viejos de la Infantería española y célebre dramaturgo. Su lectura me inspiró para no rendirme en la persecución de mi objetivo final: la vuelta definitiva al CAMF de Pozoblanco (Córdoba).

Aquí os dejo una foto para que podáis leer esta obra de Calderón y si acaso os inspire para esforzaros y luchar por vuestros sueños, sin rendirse nunca, como me sucedió a mi.


Don Pedro Calderón de la Barca no solo fue un escritor y poeta del conocido como Siglo de Oro español, sino que fue también miembro de los Tercios Viejos de la Infantería española. Aquellos que le dieron a España un imperio y lo conservaron durante siglo y medio, época conocida como el Siglo de Acero.

Nació en Madrid el 17 de enero de 1600, donde murió el 25 de mayo de 1681. Fue escritor, dramaturgo y poeta, también sacerdote miembro de la Venerable Congregación de Presbíteros Seculares. Fue Caballero de la Orden de Santiago y es considerado uno de los literatos más barrocos del Siglo de Oro, sobre todo por su teatro. También fue cortesano y soldado. 

Debutó en el teatro con un drama histórico sobre Eduardo III de Inglaterra. Introdujo innovaciones más radicales desafiando las normas teatrales de Lope de Vega. Desarrolló el conceptismo intelectual en su obra "La vida es sueño". Escribió también la famosa obra "El alcalde de Zalamea", en la que narra los roces entre la población civil y los soldados de los Tercios y en el transcurso de la cual el alcalde dice: 

Al rey la hacienda y la vida 
se ha de dar, 
pero el honor es patrimonio del alma 
y el alma solo es de Dios.

Sus creaciones se encuentran divididas entre comedias religiosas, comedias legendarias, de enredo, de honor, filosóficas, mitológicas y autos sacramentales. Fue muy influyente en movimientos literarios como el romanticismo, el modernismo literario, expresionismo, ciencia ficción distópica y simbolismo. Fue admirado por muchos literatos posteriores, como por ejemplo Goethe y Shelly o Borges.

Pertenecía a una familia del antiguo linaje cuyo escudo consistía en cinco calderones negros en campo de plata y por orla de ocho aspas de oro en campo de gules con el lema "Por la fe moriré". Era hijo de un hidalgo de origen montañés del que había heredado el cargo de secretario del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda, que ejerció con Felipe II y Felipe III. Se casó en 1595 con Ana María, con la que tuvo seis hijos, siendo Don Pedro el tercero.

Empezó a ir al colegio a Valladolid en 1605, porque allí estaba la Corte. Pero el padre lo destinó a ocupar la Capellanía de San José en Madrid, así que el niño ingresó en el Colegio Imperial de los Jesuitas en 1608, donde estudió gramática, latín, griego y teología.

En 1615 estudiaba en la Universidad de Alcalá y posteriormente en la de Salamanca, graduándose en 1619. En 1622 dejó los estudios religiosos por la carrera militar, de la que siempre guardó buen recuerdo y le llevó a escribir los versos que encontré en el Museo Militar. 

Basados en su experiencia como soldado, resaltan el mérito sobre el linaje, el esfuerzo y el valor sobre la nobleza heredada y son retrato de la identidad, el valor y la vida de los soldados españoles. Convirtiendo su experiencia personal de la pluma y la espada en un legado que adorna las Academias Militares de hoy en día.

A mi me han servido estos versos para hacer la foto y ahora hablaros sobre Calderón.

miércoles, 8 de abril de 2026

CON GÓNGORA EN CÓRDOBA

 

Estatua de D. Luis de Góngora y Argote,
obra de Amadeo Ruíz Olmos en 1967.
Plaza de la Trinidad (Córdoba)

Si hay algún excelso poeta de nuestra historia, si hay algún Grande de la literatura española, este es Don Luis de Góngora y Argote. Estudié su vida y obra en uno de los últimos bachilleratos que merecieron tal nombre. Me fascinó.

Luis de Góngora nació en Córdoba el 11 de julio de 1561 y murió en la misma ciudad el 23 de mayo de 1627, no muy lejs de donde se encuentra la estatua cuya imagen comparto, en un convento fundado por Fernando III el Santo. Era un poeta y dramaturgo del Siglo de Oro y el representante de la corriente literaria que él fundó y que se llamó culteranismo o gongorismo. Es posiblemente el poeta más original e importante del barroco español y una leyenda notable de la lengua española.

Quevedo, otro gran poeta coetáneo, lo odiaba por celos profesionales y por ello acusaba al cordobés de judío, tomando como base que la comunidad judía de Córdoba había sido muy importante y que en el Siglo de Oro ser judío podía acarrear problemas.

Fue denominado el Homero español o el Píndalo andaluz. Su lenguaje era extremadamente complejo e imaginativo, siendo fuente de inspiración para poetas posteriores, sobre todo a partir de la Generación del 27.

Cordobés por natura y afición, fue el creador del poema dedicado a su ciudad y que figura en las cercanías de la puerta del Puente Romano que cruza el Guadalquivir. Es una declaración de amor a Córdoba y reza así:

¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
De honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
De arenas nobles, ya que no doradas!

¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
Que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre gloriosa patria mía,
Tanto por plumas cuanto por espadas!

Si entre aquellas ruinas y despojos
Que enriquece Genil y Dauro baña
Tu memoria no fue alimento mío,

Nunca merezcan mis ausentes ojos
Ver tu muro, tus torres y tu río,
Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!

Luis de Góngora y Argote, 1585


Me encontré rastro del insigne cordobés en mi visita a la Mezquita-Catedral de Córdoba, donde reposan sus restos. 


Y me volví a topar con la escultura en una cálida tarde cordobesa tomando un café en una terraza próxima a la misma. Enseguida vinieron a mi los versos de Don Luis y no pude resistir la tentación de hacer la foto.

Hoy es uno de los mejores recuerdos que tengo de Córdoba y, mirando la foto, parece que me habla y me dice: Vuelve, vuelve pronto. Y en eso estoy.



viernes, 20 de marzo de 2026

miércoles, 18 de marzo de 2026

LA VIRGEN DE FÁTIMA EN CÓRDOBA

 




Hermandad Nuestra Señora de Fátima en Córdoba

No es la parroquia más conocida de Córdoba, ni siquiera la más antigua. Sin embargo, la advocación a esta Virgen es muy célebre en esta ciudad andaluza.

El origen del nombre de Fátima viene por la finca donde se levantó el barrio del mismo nombre. El sentimiento hacia dicha advocación mariana nace con la fundación de la parroquia en 1973 y, antes de esto, con la organización de la Hermandad. Parece ser que en 1977 ya se sacaba a la Virgen en procesión de manera sencilla alrededor de la capilla que existía entonces. A comienzos de 1981 se formuló el proyecto de la iglesia actual con el título de Nuestra Señora de Fátima.

Como hemos dicho, contrasta por el estilo del edificio con las otras parroquias de la ciudad. Pertenece a la Diócesis de Córdoba y está agrupada con las otras cofradías cordobesas. El templo se encuentra en la calle Arcos de la Frontera nº23 

La imagen mide 1,10 m de altura y está hecha en madera de cedro (porque no le entra la carcoma) de tamaño académico y con estofados de origen neoclásico y policromada al óleo y al temple al huevo. Representa la aparición de la Virgen a los pastorcillos en Cova de Iría (Portugal). Aparece en actitud itinerante y la cabeza girada levemente a la derecha. Está posada sobre una nube con tres palomas a los pies, dos de ellas sujetando con el pico los bordes del manto y una se rasca el ala izquierda.

La figura responde a un estilo de imaginería andaluza. El autor de la imagen es Antonio José Irraiz Castellón, que la hizo en el 2007. Al día siguiente de la festividad de Nuestra Señora del Rosario procesionó por primera vez en el rezo del Santo Rosario por las calles del barrio que lleva su nombre.

Como digo, no es la imagen más espectacular que encontré en Córdoba de la Virgen María. El templo tampoco es el más bello de la capital cordobesa. Sin embargo, el conjunto que forma la talla de la Virgen con el templo me llamó la atención y no pude por menos que hacer esta foto, a la que acompaño el texto que espero sea del agrado de quien lo lea.

miércoles, 4 de marzo de 2026

EL PALACIO DE LOS COLOMERA. EL PARAÍSO CORDOBÉS DE LA CONDESA



Fue un par de semanas antes de dejar Córdoba (momentáneamente) camino de Ferrol. Compartía con mi guía un café en la Plaza de las Tendillas, en pleno centro de la ciudad. Alcé mis ojos y apareció ante mi. Ya lo había visto, pero en medio de aquella oscuridad parecía otro. Es el símbolo cordobés por excelencia: el Palacio de los Colomera.

Mientras hacía esta foto, mi guía me contaba la historia.

- "Este famoso edificio está situado en el número 3 en la confluencia de la plaza y la calleja del Barroso, lo que le añade interés. Se trata de un edificio de cuatro plantas de estilo neobarroco, es casi centenario y es la obra del arquitecto Félix Hernández Giménez, quien también es responsable de la remodelación de la plaza...

- "Lo hizo como residencia para los condes de Colomera, encargado por la Condesa, María Cecilia de Burgos y Álvarez de Sotomayor. Fue una de las viviendas privadas más importantes de la ciudad califal y durante décadas fue propiedad de la familia. Lo vendieron en 2016 y, recientemente, en el 2019, fue convertido en hotel de cuatro estrellas, conservando el nombre de Palacio Colomera...

- "Mantiene algunos de sus elementos originales, entre ellos el tradicional patio andaluz y la fachada histórica. Se intenta recrear el ambiente palaciego del edificio original. Imponentes escaleras y columnas, los arcos de la entrada del comedor, así como la fachada señorial y el balcón contribuyen a ello. Desde ese balcón, además, se puede contemplar una preciosa vista panorámica de la ciudad...

- "Las obras fueron muy complejas. Las columnas y vigas son componentes clave en el edificio, pero necesitaban refuerzo por estar dañadas por el tiempo. Igual que los muros, la cimentación para estabilizar el edificio. El techo también tuvo que ser reformado...


Poco antes de contemplar este majestuoso edificio había ido al Museo de Julio Romero de Torres donde quedé prendado de la discreta y dulce sonrisa de la Condesa. 


Por lo que, al visitar la Plaza de las Tendillas y ver su antiguo paraíso, decidí, no sé por qué, volver a ver el cuadro. Y es cuando ocurrió...

Mis ojos se fijaron de nuevo en los ojos de la condesa porque su mirada ya no me parecía dulce.  Su rostro se encontraba crispado por una nostalgia que pretendía comunicar a los visitantes.  Interrogué a mi guía:

- ¿Ves eso? La mirada ha cambiado. ¿Te acuerdas cómo era cuando vinimos antes?

A lo que me respondió:

- Tonterías, cosas tuyas. Será la luz.

Pero aún no he podido quitar de mis recuerdos tan enigmática mirada. Por eso, y como homenaje a la aristócrata, decidí no visitar de nuevo el Palacio. Aunque este sentimiento de empatía choca con mi irrefrenable impulso de gozar de esa hermosa visión.


Curiosamente este es el único cuadro de Julio Romero de Torres que no tiene en el fondo la imagen de Córdoba. Por que...

viernes, 27 de febrero de 2026

LIBRO: ABD AL-RAHMAN AL-DAHL, EL PRÍNCIPE EMIGRADO, de Daniel Valdivieso Ramos

 


Acabo de terminar de leer este libro. Se trata de la historia de quien puso en el mapa la ciudad de Córdoba (Qurtuba). El libro de tapa blanda nos cuenta a través de 495 páginas la historia de quien da título al mismo, también conocido como El príncipe emigrado. 

Después de perderlo todo, Abd Al-Rahman tiene que huir de su lugar de origen, Damasco, para salvar su vida y emigrar a la ciudad que le hará entrar en la leyenda.

La muerte del gran califa Hisham y la decisión de dejar como heredero a su sobrino al-Walid abre una profunda grieta en la dinastía Omeya, lo que es decir el imperio islámico. Los Banu al-Abas, una tribu descendiente del tío del profeta, intenta hacerse con el trono y desbancar así a los Omeya. 

Ante eso, Abd al-Rahman, nieto del difunto califa, tiene que renunciar a una vida cómoda en el palacio de Rusafa. Esto nos lo aclara el autor en una escena impactante en la que Abd al-Rahman practica el deporte de la esgrima árabe. Todo esto se ve amenazado por la situación y el protagonista tiene que huir a través de los peligros del desierto.

A la vez, en Al-Andalus los sirios tienen que sofocar la revuelta bereber. La conjunción de estos dos factores da lugar a lo que la historia nos cuenta y que, aunque lo sepamos, el autor mantiene la tensión narrativa hasta el final. Esto es lo que llena los más de veinte capítulos del libro, un libro que se nos hará corto a pesar de su volumen.

El autor de ese prodigio se llama Daniel Valdivieso Ramos, como no, cordobés, nacido en 1983, quien entró hace cinco años en la literatura histórica a través de la no menos mágica La Córdoba de Ibn Hazm, que ha sido calificada por la crítica como "la mejor recreación histórica sobre la capital califal escrita en el siglo XXI". 

El presente libro es su segunda obra, aunque es el primero que leo yo. No sé cómo será el primero, pero este me ha encantado. Cuenta con una prosa preciosista y poética.

El autor se consagra como un investigador y divulgador de textos árabes y andalusíes. Este libro es el resultado de un exhaustivo trabajo de investigación que volcó en la gratificante tarea para el lector de narrar la odisea de uno de los personajes más importantes de la historia de España, el fundador de la Dinastía Omeya de Al-Andalus, Abd Al-Rahman I.

Yo, que he comprado este libro en la propia Córdoba, considero la circunstancia feliz y muy adecuada, puesto que la historia que cuenta me atrae de nuevo hacia la ciudad califal. En cuanto regrese a Córdoba compraré la primera obra de este gran escritor y haré en este blog la pertinente crítica. Espero que sea tan buena como esta.

miércoles, 25 de febrero de 2026

LA PLAZA DE LAS BÁRBARAS. MIS RECUERDOS

 


Está allí. Siempre estuvo allí. En mis recuerdos. En mi lejana adolescencia.

Se trata de un lugar coruñés por excelencia, donde me refugiaba yo en los primeros años ochenta del siglo pasado. Escapaba de mi propia soledad. En el recreo del colegio donde estudiaba, Santo Domingo, o jugabas al fútbol o eras invisible. Así que yo, que nunca fui futbolero, con frecuencia me dirigía a la Plaza de las Bárbaras. 

Todavía me acuerdo como, a media mañana, me apoyaba en la pared del convento, en la que daba a la Plaza. No siempre conseguía huir de la soledad, pero su belleza era un bálsamo todopoderoso para mis heridas emocionales.

El nombre de la plaza es debido a que allí parece ser que existió una pequeña ermita dedicada a Santa Bárbara. Hoy está el Convento de clausura de las Madres Clarisas, fundado en el siglo XV y ampliado en los siglos XVII y XVIII. Sobre su puerta principal destaca un relieve gótico y en el que se representa el Juicio Final.

La plaza es encantadora gracias a su diseño, los árboles y el crucero. Tiene la magia de la intimidad, de lo antiguo. Es uno de los vacíos más especiales de La Coruña. Es fácil encontrar allí una atmósfera intimista; por eso a mí me gustaba para aliviar mi sempiterna soledad apoyado en uno de sus muros y contemplando el vacío de la plaza. No es un vacío hueco, pero remarca el sentimiento de ausencia.

El verano pasado quise volver y así lo hice y, aunque yo ya no soy el mismo (como advertía Neruda), volví a encontrar ese encanto coruñés. Un encanto que volveré a sentir al contemplar esta foto, vaya a donde vaya, aunque sea a cientos de kilómetros de la Plaza de las Bárbaras. En mi Coruña.