En una de mis visitas a la Plaza de las Tendillas de Córdoba me coloqué en la terraza del Grand Bar. Contemplé la estatua de este gran general (el Gran Capitán) y empecé a recordar todo lo referente a él. De su vida y sus hazañas ya hemos hablado. Nos queda contar lo que vulgarmente se conoce como Las cuentas del Gran Capitán.
Esta es una expresión popular española que se refiere a una lista de gastos exagerados o desorbitados. Proviene de una anécdota histórica (posiblemente legendaria) de 1506 en la que se cuenta un choque de egos entre Fernando el Católico y Gonzalo Fernández de Córdoba. El Gran Capitán respondió al requerimiento de Fernando (quien era conocido por su tacañería) sobre los gastos en la campaña de Nápoles con una relación irónica y con muy mala leche diciendo que se había gastado millones en picos, palas y azadones para enterrar a los enemigos muertos y en guantes perfumados para manejar los cadáveres, entre otras cosas.
Así pues, en lugar de una factura, presentó una muy sarcástica relación que incluía:
- Cien millones de ducados en picos y palas para enterrar a los enemigos.
- Ciento cincuenta mil ducados en frailes, monjas y pobres para rezar por los soldados muertos.
- Cien mil ducados en guantes perfumados para que las tropas no olieran los cadáveres.
- Ciento sesenta mil ducados en campanas rotas de tanto repicar por su victoria.
- Y, por último, cien millones de ducados por la paciencia al escuchar al rey a quien este Capitán le ha conseguido un imperio.
Cabe imaginar lo mal que le sentaron a Fernando estas palabras y que, además, no pudo hacer nada por evitar el insulto del Gran Capitán puesto que era su mejor oficial y sin él no se habrían conseguido las victorias contra los franceses en la península itálica.
Esta anécdota nos da cuenta de la importancia del Gran Capitán, puesto que ningún otro oficial del rey se hubiera atrevido a responder de esta manera a Fernando el Católico.
Las malas lenguas dicen que la inquina entre el rey Fernando y el Gran Capitán venía desde que Don Gonzalo había conocido a la reina Isabel de Castilla... A nosotros no nos consta que esto fuera así. Dejémoslo para los chismosos de la historia. Lo que sí parece probado es la discusión sobre los gastos, que Don Gonzalo zanjó con esta misiva, puesto que no parece que el rey católico volviera a reprender a su gran oficial por los gastos militares ocasionados.
Sea como fuere, sin el Gran Capitán (cuya estatua luce en la plaza cordobesa, aunque él era de Montilla a kilómetros de la capital) la historia militar de España hubiera sido distinta. Y también sería distinta la evolución de la guerra, puesto que el Gran Capitán fue el primero en combinar las tres armas emergentes en la época: el arcabuz, la rodela y la pica. Además integró en la misma batalla infantería, artillería y caballería. Una nueva forma de hacer la guerra había nacido, había terminado la guerra medieval. Y todo gracias a Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el Gran Capitán. Probablemente el mejor de su época y muy querido por sus hombres al encabezar los ataques en el campo de batalla.
Todo ello hace que España le tenga que estar eternamente agradecida y que sus cuentas no sean más que una anécdota. Sirva esta entrada, junto con la anterior, como homenaje a Don Gonzalo, al que podemos ver en la plaza montado a caballo y que yo tuve el gusto de fotografiar. Como podemos, ver el caballo tiene una pata levantada, lo que significa que murió por heridas de guerra. En este caso murió años después, en 1515, de unas fiebres contraídas cuando luchaba en Italia.
Por eso cuando vuelva a Córdoba, sea cuando sea, me acercaré a la estatua ecuestre (después de tomarme una tapa de salmorejo en el Grand Bar) y le rendiré de nuevo homenaje. Y lamentaré que un soldado tan importante para la historia de España sea cada vez más desconocido.
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