lunes, 30 de septiembre de 2013

La Ilíada

Esta obra, cuyo título procede del griego antiguo Iliás —y este de IIlión, la antigua Troya—, nace del puño y letra de Homero. Este padre de la literatura occidental, plasma —sobre el papel— este inmenso poema épico, de tradición oral. Consta de hexámetros  dactílicos que nos cuentan el final de la guerra de Troya. Esta está contada, en casi 16000 versos, de forma mítica. Los editores antiguos dividieron la obra en 24 cantos.

Los griegos la consideraron la obra cumbre de su cultura. Posteriormente su prestigio se mantuvo y, aún, aumentó.

Se cuenta que Alejandro llevaba un ejemplar de esta obra en sus campañas contra los persas (Comentada por su maestro Aristóteles, ¡nada menos!). Junto a La Odisea forma el denominado Ciclo Troyano.

Su composición se data en el Siglo VIII A. de C., aunque otras teorías la sitúan en el VI A. de C.

El poema narra la cólera de Aquiles, sus causas y sus terribles consecuencias para los Aqueos. También nos narra la asombrosa evolución de Aquiles-prototipo de príncipe guerrero.

Todo ello con el transfondo de la peste y la cólera del Pelida, por la devolución, a los troyanos, de la esclava de Aquiles, Criseida. Aquiles se retira de la contienda y, con él, sus guerreros mirmidones. No contento con esto, Aquiles le pide a Zeus que ayude a los troyanos.

Héctor, el caudillo troyano, hecha en cara a su hermano, Paris, que —tras provocar la guerra con su relación con Helena— se esconda. Héctor, avergonzado, reta a Menelao, rey aqueo, a un combate individual. Helena presencia, desde la muralla de Troya, el duelo. Este está a punto de ser ganado por Menelao. Pero Afrodita interviene a favor de Paris. Esto provoca la ira de Zeus que convoca una asamblea de dioses. Tras esta, Atenea, provoca la ruptura de la tregua.

Los dioses toman partido en la contienda, que comienza de nuevo.

Aparece, por primera vez, Eneas y Afrodita, es herida gravemente.

Heleno parte en busca de Paris. Mientras tanto, se acuerda una tregua para incinerar los cadáveres.

Zeus ordena a los dioses no provocar la ruptura de la tregua.

Los aqueos mandan una embajada a Aquiles y le piden que regrese a la lucha. Este se niega.

Los griegos matan, de noche, a un espía troyano.

Se reanuda la guerra abierta y Agamenón es herido. Los aqueos asaltan las murallas de Troya. Con Héctor al frente, los griegos atraviesan las murallas de Troya. Los troyanos contraatacan y llegan hasta las naves griegas, Entonces Poseidón ayuda a los aqueos.

Entonces, Aquiles envía a Patroclo para enterarse de la marcha de la batalla. Los aqueos deben de retirarse. Hera seduce y duerme a Zeus y, con su ayuda, los aqueos atacan de nuevo. Pero Zeus despierta e infunde un nuevo empuje a los troyanos. Los aqueos se retiran.

Patroclo, con la armadura de Aquiles, dirige el ataque griego. Patroclo es matado por Héctor.

Menelao ayuda a Aquiles a rescatar el cadaver de Patroclo. Aquiles vuelve al combate para vengar la muerte de su amante, Patroclo. Sin embargo, tras volver al combate, Aquiles se muestra conciliador con los troyanos. Sin embargo, los dioses, vuelven a combatir entre sí. Esto reaviva la lucha y los troyanos se refugian en la ciudad. Héctor queda fuera de las murallas y muere.

Esto es contado, magistralmente, por Homero. en la primera y mejor obra maestra de la literatura occidental.



                             

domingo, 29 de septiembre de 2013

Últimas tardes en Bóveda

Este título está inspirado en el de la magistral obra de Marsé, ese escritor antifranquista y discriminado por la totalitaria Generalidad catalana —por el hecho de no plegarse a las imposiciones lingüísticas de esta—. Pero ahí termina la semejanza con su Teresa.

Esta entrada sirva para rendir tributo, desde el director al más humilde trabajador, al personal de AIP  que trabaja en este Centro para persoas con discapacidade de Bóveda. Os cuento.

Ingresé aquí procedente del Complejo hospitalario universitario de A Coruña. Allí había ido a parar por una intoxicación alimentaria contraída en la Residencia privada de Bribes
—donde me cobraban toda la pensión y, aún, me iban a subir el precio—. Lo único bueno que tenía era el fisioterapeuta —Sergio— y su proximidad con mis seres queridos (mis amigos). Todo lo demás era manifiestamente mejorable.

Ingresé aquí procedente, directamente, del hospital.

Como podréis suponer mi estado —físico y moral— no era el mejor. Además me equivoqué y me rodeé de quienes creía mis amigos. Ellos, con artimañas y maniobras torticeras, trataron de ponerme en contra del personal.

Fue el Director, Fernando, quien se dio cuenta de esto y, además de ofrecerme su ayuda, me previno contra esta minoría (ruidosa, pero minoría). Este tenía razón y, cuando me di cuenta —pronto— rectifiqué. Fernando me ayudó y animó. Mientras tanto, mis amigos recorrieron, frecuentemente, el centenar y medio de kilómetros que nos separaban. Por otro lado el Facebook, junto con este blog, me descubrieron nuevos amigos. Ellos, y la fisioterapia de Yoli —además de la logopedia de Silvia y la terapia ocupacional de Susana—. Olalla y Arancha, hicieron que llegara hacia aquí en óptimas condiciones.

Por eso, en esta tarde otoñal y nostálgica —tan lluviosamente gallega— quiero aprovechar para despedirme, hasta las Navidades, en que volveré —momentáneamente— del Centro para la promoción de la autonomía personal de Bergondo a donde me trasladaré en los próximos días. Pero quiero que sepan —sea el que sea el resultado del proceso que me lleva a Bergondo (que intentaré, pese a quien pese) que me lleve al triunfo que espero—, mis ángeles de Bóveda, que nunca los olvidaré


Centro de A.I.P. de Bóveda (Lugo)

La movilización social

Vivimos una situación, a nivel nacional, complicada. No habíamos estado así desde el período constituyente (1975-1978). En esa época, los movimientos sociales tenían apoyo y un proyecto. Pero ese apoyo y proyecto —ilusionados— fueron secuestrados y desactivados por los dos grandes partidos. Estos, apoyados por formaciones nacionalistas, y minoritarias, han llegado para quedarse. Desmontaron la movilización social que, ambos, habían aprovechado en el pasado. Quieren que nuestra participación sea formal. Apelan a nuestros sentimientos, y al voto del miedo, en vez de a nuestra razón y libertad de elección.

Ambos se pelean, pero, cuando llega el momento de desmontar iniciativas minoritarias e independientes, se ponen de acuerdo. ¡La finca es suya! Nosotros, como siervos de la gleba, les debemos vasallaje.

Mientras tanto el descontento crece. Y, más temprano que tarde, cristalizará. Esperemos que este —y el líder que lo encarne—, se mantenga dentro del sistema democrático. Pues la situación no puede ser más propicia para iluminados y demagogos peligrosos que enciendan a masas iracundas y desesperadas con la mentira de que la culpa de la situación es de la idea democrática.


El presidente recibe a Mariano Rajoy en Moncloa. (Foto: EFE)
Rajoy y Zapatero en La Moncloa

                   
                             




sábado, 28 de septiembre de 2013

El Prisionero del cielo de Carlos Ruiz Zafón


                                 El Prisionero del Cielo

Acabo de terminar la lectura de El Prisionero del Cielo, de Zafón. Se trata de una crónica sentimental, con Barcelona al fondo, de El Cementerio de los libros olvidados, sus visitadores y custodios. En realidad es una tercera saga de esta historia. Aquí nos habla de Fermín Romero de Torres, Daniel Sampere —años después de descubrírnoslo en El Juego del Ángel—. Ahora Daniel tiene un hijo. Fermín, aterrorizado por una persecución implacable, le cuenta a Daniel su historia —que empieza ,al final de la Guerra civil, en la cárcel de Montjuich y termina el día en que se conocieron—. Fermín, nombre falso —según se descubre en la trama— tiene un atormentado pasado, símbolo de la España del primer medio siglo XX, que le persigue.

Todo ello, y mucho más, lo vamos descubriendo en la asombrosa pluma de Zafón —que usa, apasionadamente—, a una Barcelona (desconocida, pero reconocible) escenario de un drama que nos es narrado, magistralmente, por Ruiz Zafón.

Las descripciones de color negro compiten, en verismo, con las escenas eróticas.

Todo ello sin olvidar referencias literarias como El Conde de Montecristo, que forma parte fundamental de la trama y la convierte en un fenómeno metaliterario. En resumén, la trilogía de Zafón, de la que esta obra forma parte, es una manera hermosa de acercarse a la postguerra española sin maniqueismos y con afán conciliador (que tanta falta nos hace a una generación, la suya, que nos atrevemos a juzgar a nuestros abuelos que arriesgaron sus vidas por una España mejor —fuera en el bando que fuera—, pero tuvieron que soportar el hambre y el miedo —además, a menudo, a canallas) y demostraron un valor, y una generosidad, que nosotros no hemos tenido para honrar su memoria y legado—.

Por eso, esta obra, es imprescindible y su final —conciliador y prometedor— indispensable.
No me queda más que agradecer, a Carmen, trabajadora del Centro de Bóveda (Lugo) donde inicié mi recuperación, que me prestara esta gran obra (que me hizo el proceso mucho más llevadero).   

viernes, 27 de septiembre de 2013

Deborah Kerr

Era elegante y clásica. De apariencia y cuna británica, encarnó como nadie a la mujer sensual dominada por sus passiones. Su escena de la playa, con Burt Lancaster, en De aquí a la eternidad, la encumbró como mito erótico del cine.

Nació a principios del otoño de 1921 en Helenburgh (Escocia). Su padre era militar. Debutó en el teatro musical, como bailarina, en 1939. Recibió lecciones de interpretación, y se aprovechó de la influencia, de su tía, muy famosa en el teatro y la radio del Reino unido.

Llamó la atención del productor Gabriel Pascal. Este le consiguió un papel en la película Major Barbara (1941). Los 40 son la década de Deborah como actriz británica.

Hollywood se fijó en ella y, en 1947, hizo  The Hucksters con Clark Gable. Este estreno fué el inicio de su éxito —fenómeno que se mantendría en la década siguiente—. Con la MGM hizo Las Minas del Rey Salomón con Stewart Granger (otro gran actor británico). En 1951 hace Quo Vadis y, su clase, le abre las puertas de la leyenda. Al año siguiente, y repitiendo con Robert Taylor, hace  El Prisionero de Zenda. Después hace Julio César, interpretando —para el cine— un personaje salido de la pluma de Shakespeare.

Pero es en 1953 cuando triunfa con la mencionada De Aquí a la Eternidad. Después su carrera no decayó haciendo El Rey y Yo y Té y Simpatía. Pero, para mí, su mejor, su inolvidable representación, es la de Tu y Yo de McCarey, con Cary Grant. Su magnífica contribución al cine romántico queda sellada con esta película de 1957. Después vienen Mesas Separadas o Buenos días, Tristeza.

Con seis nominaciones al Oscar, recibe uno honorífico en 1994.

En 1945 se casó con Tony Bartley, divorciándose en 1959. Tuvo 2 hijas. En 1962 se casó con el guionista Peter Viertel.

Se trasladó a vivir, tras su retiro, a Suiza. Allí desarrolló la enfermedad de Parkinson y murió en el 2007. Pero nos ha dejado escenas memorables como esta:



                                     

jueves, 26 de septiembre de 2013

El pesar de un hermano

Acabo de enterarme, por su Facebook, de que mi querido hermano —hay hermanos que te impone la biología y otros que te regala cuando los necesitas (El padre de Pablo es, para mí, uno de esos regalos.)—. Toño ha recibido la sentencia sobre el atropello del que fue víctima su hijo —nuestro Pablo—. Toño se dispone a recurrir la resolución judicial. Después de leer a Toño, creo que la misma puede ser legal. ¡Pero nunca será moral! Sobre todo si tenemos en cuenta las circunstancias del atropello que sumió a Pablo en un coma.

He trabajado, entre otros sitios, en un juzgado. Y he tenido, muy a mi pesar, que notificar sentencias que removían mis entrañas. Pero nunca tuve que asistir a un acto como este del que han sido víctimas Pablo y Toño. Sólo quiero hacerles llegar mi abrazo —en estos momentos difíciles— y recomendar a Toño que recurra hasta el fin y que, por favor, acuda a mí cuando necesite un abrazo de ánimo y todo lo demás que pueda hacer por él. ¡Ánimo hermano! Ahora a luchar por la ayuda de la Clínica Guttmann y la recuperación  de nuestro Pabliño.


Diego y Pablo (este en primer término) Los hijos de Toño.  
                         

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El Neoclasicismo en la pintura.

Conocido como el período de la pintura Neoclásica, se inicia, en Roma, en la segunda mitad del Siglo XVIII. Se establece, firmemente, en Francia aunque se extiende por toda Europa. En este continente impera hasta bien entrado el Siglo XIX.

Es el estilo sucesor del Rococó y antecedente del Romanticismo.

Como ocurre, frecuentemente, en la Historia del Arte, el surgimiento del Romanticismo es paulatino. Conserva, durante mucho tiempo, influencias del Rococó.  Sus referencias estéticas se remontan a la Antigüedad Clásica. Sus temas son exóticos, ajenos a la realidad cotidiana. Este tema es un nexo que le une al arte oriental. El Neoclasicismo es una reacción estética burguesa contra el Rococó aristocrático.

Es un canto a la libertad frente al formalismo del Antiguo régimen. Desprecian el orden y la estabilidad que este ofrecía. Los artistas de este movimiento plantean una dialéctica entre el sentimiento y la razón. En el Neoclasicismo se plantea la supremacía de la Razón.

Sus representantes más destacados son Goya, Fussili o Blake.

Este estilo coincide, en el tiempo, con el movimiento pictórico nacionalista alemán conocido como Sturm und Drang.


Napoleón cruzando los Alpes por David (1801)