Irena Sendlerowa es conocida en su país, Polonia, como "El Angel del Guetto". La razón es que salvó a casi tres mil niños judios de las garras de las SS, durante la segunda guerra mundial.
Fué candidata al Premio Nobel de la Paz 2007, aunque no se lo dieron (fué para Al Gore. ¿Cabe mayor infamia?)
Septiembre de 1939. Los nazis y los soviéticos invaden Polonia. Irena es una enfermera de 29 años que trabaja en el Departamento de Bienestar Social. Su puesto de trabajo está en los comedores sociales de la capital, que se encuentran desbordados por los refugiados, y que además de comer se proveen de ropa y medicinas.
Pero Polonia cae y aquellos dias de horror y sangre van transcurriendo. En 1940 los nacionalsocialistas crean el gueto de Varsovia. Irena, ante las condiciones terribles del mismo, se ofrece al Consejo Judío del mismo (una suerte de remedo de autogobierno). Allí se dedica a combatir las enfermedades infecciosas que los nazis, con sus condiciones de hacinamiento(450.000 personas), quieren provocar. Una vez se desatan las epidemias los alemanes quieren evitar que se propaguen fuera de los muros.
Por si su ayuda fuera poco, cuando los judios fueron obligados a llevar un brazalete, Irena se puso el suyo, como muestra de solidaridad. Además contacta con familias judias para sacar a sus niños del guetto. Al principio las familias eran reticentes a entregarle a sus pequeños, pero , dado el cariz que tomaban los acontecimientos, algunas cedieron.Irene consigue el apoyo de, al menos, una persona en cada uno de los diez centros sociales de Varsovia.
Durante año y medio consiguió sacar a mas de 2.500 niños. Lo hacía en ambulancias, falsificando diagnósticos de tifus, en contendedores de basura, en ataudes, en sacos de patatas. Ninguna solución se escapaba a su intrepidez. Además, para combatir las maniobras nazis de destruir la identidad antes de destruir la vida, creó un archivo secreto con identidades aintiguas y nuevas.
Pero sucedió lo que se temía. En Octubre de 1943 es detenida por la Gestapo. Es salvajemente torturada, fracturándoles pies y piernas, pero no dió un solo nombre de niño o colaborador. Cuando iba a ser ejecutada un oficial alemán, sobornado, la dejó escapar.
Ahora estaba oficialmente muerta. En vez de huir permaneció en Varsovia. Escondió las listas enterrándolas en su jardin, durante el levantamiento de Varsovia de 1944, en el que participò. La mayoría de los niños eran huèrfanos al terminar la guerra y ella les devolvió la identidad. Casi todos emigraron al naciente Estado de Israel. Curiosamente ninguno la conocía. solo sabían su nombre en clave: Jolanta
Años mas tarde, fruto de un trabajo escolar en los Estados Unidos, su foto salió en un periódico y uno de aquellos niños, ahora un hombre, la llamó. Entonces la noticia se corrió como la polvora y sus "niños" comenzaron a llamarla. El entonces gobierno comunista de Polonia no quiso saber nada. En 1965 Israel la nombro "Justa entre las naciones", título que otorga a quienes salvaron a judios del exterminio. Además se le concedió la ciudadanía israelí.
En 2003 el presidente de la República de Polonia-, ya en plena democracia, le concedió la mas alta condecoración civil de su país. Cuatro años despuès, su gobierno la presentó como candidata al Nobel de la Paz. Israel y el municipio de Auschwitz apoyaron la candidatura. En una muestra mas de la corrupción que asola estos premios le fué concedida a Al Gore (Otros ganadores han sido el imperialista Theodor Roosevelt, el cobarde Chamberlain, el corrupto Willy Brandt , el inmoral Kissinger, o el terrorista Arafat, por no hablar del "Bluff" Obama)
Irena murió en Varsovia el 12 de Mayo de 2008.
Como explicación a su comportamiento habia dicho "Me educaron en la idea de que hay que salvar al que se ahoga, sin tener en cuenta su religión o su nacionalidad",
lunes, 8 de marzo de 2010
domingo, 7 de marzo de 2010
Rosa Montero sobre la dictadura cubana
Imperdonable
Hace un mes hablé en este artículo del infierno de las cárceles cubanas, del maltrato sistemático y de la aterradora indefensión de los presos de conciencia. Por entonces Orlando Zapata ya estaba en plena travesía hacia su muerte, pero yo no lo sabía. No lo sabía casi nadie. La huelga de Aminetu la conocimos desde el primer día, porque España es una democracia y las noticias circulan. Pero las dictaduras feroces, y la cubana lo es, se caracterizan por silenciar los gritos de las víctimas. Y hacen algo aún peor que silenciarlas: las difaman. En los foros de Internet leo comentarios de la gentuza castrista diciendo que Orlando era un delincuente común "de lo peor". ¿Se puede concebir una abyección más grande? Además de torturar, denigran al torturado. Es como si alguien violara a una chica, le sacara los ojos y la decapitara, y luego nosotros dijéramos: algo habrá hecho para merecerlo, la muy puta. Con las agresiones contra las mujeres ya lo vemos claro, ¿no? Pero, asombrosamente, ese sucio prejuicio sigue funcionando con los cubanos. Hablo de la absoluta inhumanidad del pensamiento dogmático, de la pereza intelectual y moral que impide que una buena parte de la izquierda asuma su responsabilidad ante el horror del castrismo. Hablo de Zapatero no diciendo ni palabra el primer día, y luego, tarde y mal, limitándose a lamentar la muerte y no a condenarla. Hablo del PSOE insistiendo en reforzar las relaciones con Cuba, una política que ya ven adónde conduce. Gracias a la presión popular salvamos la vida de Aminetu. Pero, ¿dónde están ahora los actores, los famosos, los de Izquierda Unida, todos esos que apoyaron a la saharaui? Orlando tuvo que pagar con su vida la visibilidad mediática. Ahora hay otras seis personas en huelga de hambre en Cuba reclamando derechos básicos: hay que ayudarlas. Ya se han acabado las excusas: justificar o disculpar hoy el castrismo es como justificar o disculpar el fascismo. Una indecencia imperdonable.
Artículo aparecido en El País el 2 de Marzo de 2010
Hace un mes hablé en este artículo del infierno de las cárceles cubanas, del maltrato sistemático y de la aterradora indefensión de los presos de conciencia. Por entonces Orlando Zapata ya estaba en plena travesía hacia su muerte, pero yo no lo sabía. No lo sabía casi nadie. La huelga de Aminetu la conocimos desde el primer día, porque España es una democracia y las noticias circulan. Pero las dictaduras feroces, y la cubana lo es, se caracterizan por silenciar los gritos de las víctimas. Y hacen algo aún peor que silenciarlas: las difaman. En los foros de Internet leo comentarios de la gentuza castrista diciendo que Orlando era un delincuente común "de lo peor". ¿Se puede concebir una abyección más grande? Además de torturar, denigran al torturado. Es como si alguien violara a una chica, le sacara los ojos y la decapitara, y luego nosotros dijéramos: algo habrá hecho para merecerlo, la muy puta. Con las agresiones contra las mujeres ya lo vemos claro, ¿no? Pero, asombrosamente, ese sucio prejuicio sigue funcionando con los cubanos. Hablo de la absoluta inhumanidad del pensamiento dogmático, de la pereza intelectual y moral que impide que una buena parte de la izquierda asuma su responsabilidad ante el horror del castrismo. Hablo de Zapatero no diciendo ni palabra el primer día, y luego, tarde y mal, limitándose a lamentar la muerte y no a condenarla. Hablo del PSOE insistiendo en reforzar las relaciones con Cuba, una política que ya ven adónde conduce. Gracias a la presión popular salvamos la vida de Aminetu. Pero, ¿dónde están ahora los actores, los famosos, los de Izquierda Unida, todos esos que apoyaron a la saharaui? Orlando tuvo que pagar con su vida la visibilidad mediática. Ahora hay otras seis personas en huelga de hambre en Cuba reclamando derechos básicos: hay que ayudarlas. Ya se han acabado las excusas: justificar o disculpar hoy el castrismo es como justificar o disculpar el fascismo. Una indecencia imperdonable.
Artículo aparecido en El País el 2 de Marzo de 2010
sábado, 6 de marzo de 2010
EPÍLOGO
Estimado D. Miguel:
Os escribo, en el aniversario de la batalla de Lepanto para seguir con nuestra amistosa tradición . Aquella fué la primera vez que combatimos juntos, yo como soldado novato y vos, mi protector, como veterano de Italia. ¿Será posible que hayan pasado tanto tiempo?. Ya veis,yo ahora soy un maestre de campo viejo y sin tercio y vos una gloria de las letras españolas. Espero, sin embargo, que los rumores que me han llegado sobre vuestra salud sean meras patrañas de envidiosos.
Como sabeis sigo en la villa de La Coruña, donde por fín he encontrado la paz y la cura para mis heridas del alma. Hace diez años que me establecí en este mágico lugar, tierra de pescadores. Una península, en el extremo noroeste de España, surcada de suaves colinas que buscan el mar. Esta península, en forma de galeón, tiene en su proa un faro que los lugareños llaman de Hércules y atribuyen su construcción a los romanos.
Sabeis que el camino hacia aquí no fué fácil. Después de sobrevivir al turco en Lepanto, combatí con el Tercio de Bobadilla en Flandes, durante diez años. Era ya capitán cuando participé en la conquista de las Azores y dimos una lección a los rebeldes portugueses que se negaban a reconocer a nuestro Rey Felipe, a quien, por cierto, conocí en el entonces naciente Escorial.
Después de varias heridas, regresé a Flandes, de donde solo salí para unirme, en Lisboa, a la expedición de la Felicísima Armada, contra el inglés. Allí, en aquel intento glorioso, pero fracasado, fuí herido de suma gravedad y hube de ser desembarcado en La Coruña, practicamente para morir. Sin embargo, Nuestro Señor y su Santa Madre, la Virgen del Rosario, tenían otros planes para mí.
Todavía estaba convaleciente cuando los ingleses, bajo el mando del infame Drake nos devolvieron la visita e intentaron tomar la ciudad. Como pude me levanté e hice cuanto me permitió mi quebrantada salud.Creo que lo mas útil fué poner mi experiencia al servicio dee las exiguas fuerzas que defendían la ciudad. Esto me permitió ser testigo de la proeza de María Pita. Por entonces conocí a la maravillosa mujer que, con su amor y devoción, ha salvado mi alma y me ha devuelto las ganas de vivir.Aunque eso fuera después.
Porque al ser rechazados los ingleses volví a caer enfermo y el galeno me recomendó volver a mis tierras manchegas, para reposar. Allí pasé unos años, me olvidé de mi amor gallego, y me casé con una maravillosa mujer que me dedicó unos años maravillosos hasta que la maldita peste se la llevó. Entonces enloquecí, me entregué a todo tipo de excesos y decidí volver a mi verdadero hogar, el Tercio. Allí , en Flandes, de nuevo, intenté huir de mi mismo. Mi fama militar se acrecentó hasta ser nombrado Maestre de Campo. Pero todo me daba igual. A menudo buscaba la muerte.
Entonces, tras unos años de infierno interior, uno de mis antiguos capitanes, Diego das Mariñas, ahora Capitán General de Galicia, sabedor de mi reputación en la ciudad, me reclamó como su principal consejero, para mejorar las defensas de la ciudad y entrenar su milicia. Le costó convencerme, pero mis viejas heridas y mis 50 años de edad eran motivos suficientes para aceptar.
Entonces volví a la ciudad que había defendido quince años atrás y me encontré, de nuevo con aquel amor clandestino, que me redimió y aplacó mi dolor y es hoy mi esposa ante Dios y los hombres.
Y aquí paso mis días. Me levanto pronto, costumbre de soldado. Me dirijo a mi despacho en al Real Audiencia, en el que solo aguanto un par de horas. Entonces, con la disculpa de inspeccionar las fortificaciones, recorro la muralla respirando el aire del mar que me trae recuerdos de Lepanto, Terceira o Inglaterra. Entonces me dirijo al fuerte de San Antón o al de San Diego, donde paso revista a las compañías y apuro con ellos unos vasos de vino. No solo con los oficiales, como es costumbre. Me gusta invitar a beber a los jóvenes reclutas que se arremolinan a mi alrededor para escuchar las viejas historias de soldados que el tiempo y mi imaginación se encargan de dulcificar. Veo en sus rostros a aquel zagal que se entrenaba duramente en las Reales Atarazanas de Barcelona para acudir al encuentro del Turco.
Después voy a mi casa donde mi mujer me tiene preparado, con todo su cariño, unos platos de los que ni siquiera había oido hablar, muchos de ellos antiguas recetas de una cultura ancestral, pues, Don Miguel, mi esposa comparte vuestro secreto.
Por la tarde viene mi paciente secretario, para que firme los papelajos, y acabamos hablando de lo divino y de lo humano, ante una taza de cacao. Interesante, este secretario. Fué contador en los tercios y, era tal su honradez , que sufrió varios atentados contra su vida y ningún maestre de campo lo quería en sus filas. Por eso lo reclamé a mi servicio y hoy trabaja para mí. Su integridad solo es comparable con sus dotes para los números. Desde que se encarga de las contratas, las defensas de la ciudad son de mucha mejor calidad y mejor precio.
A la hora de la cena mi dulce y joven esposa, me deleita con sus lecturas preferidas, todas ellas sacadas de su biblioteca secreta, por la cual al Santa Inquisición pagaría su peso en oro. El caso es que nunca terminamos de leer, nos enzarzamos en nuestros encuentros amorosos, dulces, tiernos y cálidos. Nada que ver con el sexo impulsivo de mi juventud o el de alquiler del soldado. Es una nueva forma de ayuntamiento carnal que desconocía y que me ha devuelto la vida y las fuerzas perdidas. Ahora, maese D. Miguel, puedo decir, por primera vez, que soy placidamente feliz.
Os escribo, en el aniversario de la batalla de Lepanto para seguir con nuestra amistosa tradición . Aquella fué la primera vez que combatimos juntos, yo como soldado novato y vos, mi protector, como veterano de Italia. ¿Será posible que hayan pasado tanto tiempo?. Ya veis,yo ahora soy un maestre de campo viejo y sin tercio y vos una gloria de las letras españolas. Espero, sin embargo, que los rumores que me han llegado sobre vuestra salud sean meras patrañas de envidiosos.
Como sabeis sigo en la villa de La Coruña, donde por fín he encontrado la paz y la cura para mis heridas del alma. Hace diez años que me establecí en este mágico lugar, tierra de pescadores. Una península, en el extremo noroeste de España, surcada de suaves colinas que buscan el mar. Esta península, en forma de galeón, tiene en su proa un faro que los lugareños llaman de Hércules y atribuyen su construcción a los romanos.
Sabeis que el camino hacia aquí no fué fácil. Después de sobrevivir al turco en Lepanto, combatí con el Tercio de Bobadilla en Flandes, durante diez años. Era ya capitán cuando participé en la conquista de las Azores y dimos una lección a los rebeldes portugueses que se negaban a reconocer a nuestro Rey Felipe, a quien, por cierto, conocí en el entonces naciente Escorial.
Después de varias heridas, regresé a Flandes, de donde solo salí para unirme, en Lisboa, a la expedición de la Felicísima Armada, contra el inglés. Allí, en aquel intento glorioso, pero fracasado, fuí herido de suma gravedad y hube de ser desembarcado en La Coruña, practicamente para morir. Sin embargo, Nuestro Señor y su Santa Madre, la Virgen del Rosario, tenían otros planes para mí.
Todavía estaba convaleciente cuando los ingleses, bajo el mando del infame Drake nos devolvieron la visita e intentaron tomar la ciudad. Como pude me levanté e hice cuanto me permitió mi quebrantada salud.Creo que lo mas útil fué poner mi experiencia al servicio dee las exiguas fuerzas que defendían la ciudad. Esto me permitió ser testigo de la proeza de María Pita. Por entonces conocí a la maravillosa mujer que, con su amor y devoción, ha salvado mi alma y me ha devuelto las ganas de vivir.Aunque eso fuera después.
Porque al ser rechazados los ingleses volví a caer enfermo y el galeno me recomendó volver a mis tierras manchegas, para reposar. Allí pasé unos años, me olvidé de mi amor gallego, y me casé con una maravillosa mujer que me dedicó unos años maravillosos hasta que la maldita peste se la llevó. Entonces enloquecí, me entregué a todo tipo de excesos y decidí volver a mi verdadero hogar, el Tercio. Allí , en Flandes, de nuevo, intenté huir de mi mismo. Mi fama militar se acrecentó hasta ser nombrado Maestre de Campo. Pero todo me daba igual. A menudo buscaba la muerte.
Entonces, tras unos años de infierno interior, uno de mis antiguos capitanes, Diego das Mariñas, ahora Capitán General de Galicia, sabedor de mi reputación en la ciudad, me reclamó como su principal consejero, para mejorar las defensas de la ciudad y entrenar su milicia. Le costó convencerme, pero mis viejas heridas y mis 50 años de edad eran motivos suficientes para aceptar.
Entonces volví a la ciudad que había defendido quince años atrás y me encontré, de nuevo con aquel amor clandestino, que me redimió y aplacó mi dolor y es hoy mi esposa ante Dios y los hombres.
Y aquí paso mis días. Me levanto pronto, costumbre de soldado. Me dirijo a mi despacho en al Real Audiencia, en el que solo aguanto un par de horas. Entonces, con la disculpa de inspeccionar las fortificaciones, recorro la muralla respirando el aire del mar que me trae recuerdos de Lepanto, Terceira o Inglaterra. Entonces me dirijo al fuerte de San Antón o al de San Diego, donde paso revista a las compañías y apuro con ellos unos vasos de vino. No solo con los oficiales, como es costumbre. Me gusta invitar a beber a los jóvenes reclutas que se arremolinan a mi alrededor para escuchar las viejas historias de soldados que el tiempo y mi imaginación se encargan de dulcificar. Veo en sus rostros a aquel zagal que se entrenaba duramente en las Reales Atarazanas de Barcelona para acudir al encuentro del Turco.
Después voy a mi casa donde mi mujer me tiene preparado, con todo su cariño, unos platos de los que ni siquiera había oido hablar, muchos de ellos antiguas recetas de una cultura ancestral, pues, Don Miguel, mi esposa comparte vuestro secreto.
Por la tarde viene mi paciente secretario, para que firme los papelajos, y acabamos hablando de lo divino y de lo humano, ante una taza de cacao. Interesante, este secretario. Fué contador en los tercios y, era tal su honradez , que sufrió varios atentados contra su vida y ningún maestre de campo lo quería en sus filas. Por eso lo reclamé a mi servicio y hoy trabaja para mí. Su integridad solo es comparable con sus dotes para los números. Desde que se encarga de las contratas, las defensas de la ciudad son de mucha mejor calidad y mejor precio.
A la hora de la cena mi dulce y joven esposa, me deleita con sus lecturas preferidas, todas ellas sacadas de su biblioteca secreta, por la cual al Santa Inquisición pagaría su peso en oro. El caso es que nunca terminamos de leer, nos enzarzamos en nuestros encuentros amorosos, dulces, tiernos y cálidos. Nada que ver con el sexo impulsivo de mi juventud o el de alquiler del soldado. Es una nueva forma de ayuntamiento carnal que desconocía y que me ha devuelto la vida y las fuerzas perdidas. Ahora, maese D. Miguel, puedo decir, por primera vez, que soy placidamente feliz.
jueves, 4 de marzo de 2010
miércoles, 3 de marzo de 2010
Las Ninfas
Son, muchas de ellas, hijas de Zeus. Viven en grutas. Se dedican a cantar y a hilar. Pueden vivir varios siglos.
Las mas antiguas son las melíadas. Proceden de la sangre derramada de Cronos. Viven en los fresnos, de los cuales se hacen lanzas
Las náyades viven en fuentes. Son curanderas pero también pueden transmitir enfermedades
Las nereidas viven en el mar, las orèadas en las montañas, las alseidas en los bosques y las oceánidas en el mar.
Todas son jóvenes, bellas y seductoras. Todos los que las conocen se enamoran de ellas, incluso los dioses.
Pero tmbién tienen un lado oscuro. Su belleza puede llevar a la locura. Son consideradas divinidades secundarias, pero muy populares. No eran veneradas en templos sino en ninfeos: Fuentes, bosques, rocas o manantiales.
Las mas antiguas son las melíadas. Proceden de la sangre derramada de Cronos. Viven en los fresnos, de los cuales se hacen lanzas
Las náyades viven en fuentes. Son curanderas pero también pueden transmitir enfermedades
Las nereidas viven en el mar, las orèadas en las montañas, las alseidas en los bosques y las oceánidas en el mar.
Todas son jóvenes, bellas y seductoras. Todos los que las conocen se enamoran de ellas, incluso los dioses.
Pero tmbién tienen un lado oscuro. Su belleza puede llevar a la locura. Son consideradas divinidades secundarias, pero muy populares. No eran veneradas en templos sino en ninfeos: Fuentes, bosques, rocas o manantiales.
El Tercio de Gallegos
El Tercio de Gallegos ( Batallón de Voluntarios Urbanos de Galicia) no nació en Galicia, como pudiera pensarse, sino en la llamada quinta provincia gallega, Buenos Aires.
No era una unidad regular, sino de la milicia. Su fundación se remonta a Septiembre de 1806 y se formó con voluntarios nacidos en Galicia. Fué disuelto tres años despuès en el contexto de las rebeliones que darían lugar a la independencia argentina.
Nos encontramos a principio del siglo XIX. Las colonias españolas de Amèrica están amenazadas por Gran Bretaña, enemiga de Francia, con la que formabamos alianza. Inglaterra está crecida pues es dueña de los oceános después de su victoria en Trafalgar.
La Escuela de Nautica del Virreinato, fundada en 1799 por Belgrano, está en ebullición. Se está gestando la fundación del Tercio de Gallegos, en su seno.Los ingleses habían invadido y ocupado la ciudad en el verano, durante 46 días, ante la huída del Virrey, el Marqués de Sobremonte, el Capitán de Fragata español, Santiago Liniers y Bremond cruza el Rio de la Plata e inicia, el 4 de Agosto, el reagrupamiento de las fuerzas españolas. El 12 la ciudad es liberada.
Pero los ingleses son perros de presa y volverán. Ante la amenaza Liniers ordena formar milicias. Se levantan 10 regimientos agrupados por orígenes geográficos y étnicos. El Tercio de Gallegos, con 600 hombres, es la segunda unidad en importancia (detrás del Regimiento de Patricios, actual Guardia Presidencial).
conocido también como Batallón de Voluntarios Urbanos de Galicia, surge a partir de dos instituciones: "Congregación del Apóstol Santiago el Mayor, de Hijos y Oriundos del Reyno de Galicia" (una especie de mutualidad, fundada en 1787 y la primera de Galicia en el exterior) y la Escuela de Náutica, bajo la dirección de Cerviño, su director e Ingeniero Naval de la Armada. Hay que reseñar que los estudiantes de náutica recibían, entonces, instrucción militar. Sus profesores eran, en su mayoría gallegos y muchos de sus alumnos también (entre otros Ribadavia, futuro primer presidente). El 20 de Septiembre de 1806 se aprueba el reglamento de la unidad, compuesta de ocho compañías de fusileros y una de granaderos.
El 3 de Febrero de 1807, 12.000 británicos toman Montevideo. Ante la cobardía de Sobremonte este es sustituido por Liniers. Los preparativos para la defensa se aceleran. El 28 de Junio los ingleses desembarcan a 60 Km de Buenos Aires. Dos días mas tarde la guarnición de la ciudad se reune en la plaza Mayor. Al Tercio de Gallegos se le entrega una gaita capturada al 71st de Highlanders.
El 2 de Julio se produce la batalla de Miserere. Los hispano-argentinos son rechazados hasta la ciudad. El 5 se combate casa por casa. La compañía de Granaderos del Tercio, al mando del coruñés capitán Varela, y al grito de ¡Santiago! encabeza el contraataque y toma el Cuartel General Británico en el convento de Santo Domingo. Esa misma tarde el General Crawford rinde su espada al Capitán Pampillo, del Tercio de Gallegos. Buenos Aires se ha salvado.
Ante el vacìo de poder en la metròpoli(por la invasión francesa) la poblacion de Buenos Aires se divide. Y el Tercio también. La rebelión de 1 de enero 1809 exige la renuncia de Liniers, pero fracasa. El Tercio es disuelto en medio de los tristes enfrentamientos de Cerviño (independentista)por una parte, Varela y Pampillo(realistas), por la otra.
La unidad cae en el olvido hasta que hace veinte años, un alumno de la Escuela, Horacio G. Vazquez investigó el origen de la Escuela. El 11 de Marzo de 1998 el Congreso Nacional rindió homenaje a la unidad y el 3 de Octubre se celebra un acto en la Basílica de San Francisco de Asís, donde están enterrados Cerviño y Varela. La Banda de Gaitas "Ciudad de Buenos Aires" interpretó el toque "al soldado caído". A finales de ese año una representación del Tercio visitó varias localidades gallegas, recibiendo la Medalla de Galicia
No era una unidad regular, sino de la milicia. Su fundación se remonta a Septiembre de 1806 y se formó con voluntarios nacidos en Galicia. Fué disuelto tres años despuès en el contexto de las rebeliones que darían lugar a la independencia argentina.
Nos encontramos a principio del siglo XIX. Las colonias españolas de Amèrica están amenazadas por Gran Bretaña, enemiga de Francia, con la que formabamos alianza. Inglaterra está crecida pues es dueña de los oceános después de su victoria en Trafalgar.
La Escuela de Nautica del Virreinato, fundada en 1799 por Belgrano, está en ebullición. Se está gestando la fundación del Tercio de Gallegos, en su seno.Los ingleses habían invadido y ocupado la ciudad en el verano, durante 46 días, ante la huída del Virrey, el Marqués de Sobremonte, el Capitán de Fragata español, Santiago Liniers y Bremond cruza el Rio de la Plata e inicia, el 4 de Agosto, el reagrupamiento de las fuerzas españolas. El 12 la ciudad es liberada.
Pero los ingleses son perros de presa y volverán. Ante la amenaza Liniers ordena formar milicias. Se levantan 10 regimientos agrupados por orígenes geográficos y étnicos. El Tercio de Gallegos, con 600 hombres, es la segunda unidad en importancia (detrás del Regimiento de Patricios, actual Guardia Presidencial).
conocido también como Batallón de Voluntarios Urbanos de Galicia, surge a partir de dos instituciones: "Congregación del Apóstol Santiago el Mayor, de Hijos y Oriundos del Reyno de Galicia" (una especie de mutualidad, fundada en 1787 y la primera de Galicia en el exterior) y la Escuela de Náutica, bajo la dirección de Cerviño, su director e Ingeniero Naval de la Armada. Hay que reseñar que los estudiantes de náutica recibían, entonces, instrucción militar. Sus profesores eran, en su mayoría gallegos y muchos de sus alumnos también (entre otros Ribadavia, futuro primer presidente). El 20 de Septiembre de 1806 se aprueba el reglamento de la unidad, compuesta de ocho compañías de fusileros y una de granaderos.
El 3 de Febrero de 1807, 12.000 británicos toman Montevideo. Ante la cobardía de Sobremonte este es sustituido por Liniers. Los preparativos para la defensa se aceleran. El 28 de Junio los ingleses desembarcan a 60 Km de Buenos Aires. Dos días mas tarde la guarnición de la ciudad se reune en la plaza Mayor. Al Tercio de Gallegos se le entrega una gaita capturada al 71st de Highlanders.
El 2 de Julio se produce la batalla de Miserere. Los hispano-argentinos son rechazados hasta la ciudad. El 5 se combate casa por casa. La compañía de Granaderos del Tercio, al mando del coruñés capitán Varela, y al grito de ¡Santiago! encabeza el contraataque y toma el Cuartel General Británico en el convento de Santo Domingo. Esa misma tarde el General Crawford rinde su espada al Capitán Pampillo, del Tercio de Gallegos. Buenos Aires se ha salvado.
Ante el vacìo de poder en la metròpoli(por la invasión francesa) la poblacion de Buenos Aires se divide. Y el Tercio también. La rebelión de 1 de enero 1809 exige la renuncia de Liniers, pero fracasa. El Tercio es disuelto en medio de los tristes enfrentamientos de Cerviño (independentista)por una parte, Varela y Pampillo(realistas), por la otra.
La unidad cae en el olvido hasta que hace veinte años, un alumno de la Escuela, Horacio G. Vazquez investigó el origen de la Escuela. El 11 de Marzo de 1998 el Congreso Nacional rindió homenaje a la unidad y el 3 de Octubre se celebra un acto en la Basílica de San Francisco de Asís, donde están enterrados Cerviño y Varela. La Banda de Gaitas "Ciudad de Buenos Aires" interpretó el toque "al soldado caído". A finales de ese año una representación del Tercio visitó varias localidades gallegas, recibiendo la Medalla de Galicia
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