miércoles, 27 de mayo de 2026

RECUERDOS DEL JARDÍN. CAMPO DE MARTE


En el verano del año pasado aproveché los sábados para visitar esporádicamente Mi Coruña.

Era una forma, un tanto analgésica, de esperar mis ya próximas vacaciones en Pozoblanco (Córdoba).

Me dispuse a pasear por el Campo de Marte -un jardín próximo a mi antigua casa- y del que guardaba recuerdos.

El primero, y más importante, era el de T (no voy a decir el nombre porque hace mucho tiempo y desconozco su situación actual). Sólo sé que T me tenía loco. Somos de edad similar (o sea, que ya no debe de ser una niña) y me encantaba. Éramos unos niños y yo pretendía impresionarla con mis habilidades, que nunca tuve, sobre patines y bicicleta. Por entonces el Campo de Marte estaba cubierto de arena; y no como ahora, que está ocupado por cemento.

Recuerdo las curas en las rodillas raspadas, con agua oxigenada, y recuerdo la expresión de T, entre la indiferencia y el susto por asistir a las hazañas de un payaso adolescente que no le importaba nada. 

Pero al final de la visita me asaltó la nostalgia absurda de la que habla Sabina en su canción Con la frente marchita:

No hay nostalgia peor

que añorar 

lo que nunca, jamás, sucedió


Y yo añoro que ella se hubiera acercado a mí para abrazarme y consolarme.


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