viernes, 27 de marzo de 2026

RECUERDOS PARA UN CAMBIO DE AIRES



Ahora que, después de Semana Santa, voy a volver a mi querido Pozoblanco, echo la vista atrás a mi pasado reciente y decido publicar esta película, acompañada del relato de su rodaje.


Fue durante una escapada que hice desde Ferrol a mi añorada Coruña, poco antes de mi 58 cumpleaños. Fui a uno de los lugares más recordados de mi infancia y desde el que podía divisar mejor la ciudad donde nací. 

De niño, paseando por la playa de Riazor de la mano de mi abuelo, este me señalaba a lo lejos la batería costera del Monte San Pedro. Me contaba historias de cuando él era niño y se instalaron los cañones allí, para lo que tuvieron que construir una vía de ferrocarril. Según me decía, alcanzaban a defender incluso la ría de Ferrol.

Como homenaje a mi lugar de origen, me dispuse desde esos cañones de artillería del Monte San Pedro, ahora inutilizados, a grabar la ensenada coruñesa. 

Hacía calor, era mediodía. Allí al fondo, abajo, estaba La Coruña. Yo, nervioso y emocionado, buscaba un sitio desde donde poder tomar unas vistas de mi ciudad. Mi problema era que no podía sacar el plano que yo pretendía, pues tenía que subirme a unos bancos de piedra y, como ya sabéis, mi discapacidad no me lo permitía. 

Dos chicas, en mallas y de muy buen ver, se me acercaron y la mayor me dijo:

- Chico, ¿quieres que te ayudemos?

A lo que yo respondí avergonzado:

- Sí, por favor. Me gustaría filmar una película de la ciudad que se ve ahí abajo. Es mi Coruña.

Entonces me dijo muy amablemente:

- No te preocupes. Mi hija lo hará.

Y, girando la cabeza, le dijo:

- Este chico necesita que te subas a ese banco y le saques un vídeo de La Coruña.

A lo que la chica dijo:

- Sí, mamá, enseguida.

En ese momento yo dejé de mirar la ciudad y las miré a ellas. No sabría deciros cuál me gustó más, pero me quedé embobado mirándolas. Si una de esas era la madre, desde luego no lo parecía porque, a pesar de ser la mayor, se veía muy joven. La sonrisa de cada una de ellas me conmovió. Imaginaos la de las dos juntas.

Cuando filmaron la película y me devolvieron el móvil, la pusieron para que la viera.

- ¿Te gusta cómo quedó?

Y yo pensé:

- Sí. La película también.

Luego se despidieron muy cariñosas y yo bajé del Monte San Pedro con un recuerdo maravilloso de aquel día.

No he vuelto a verlas, pero ese recuerdo lo llevaré conmigo vaya donde vaya y pase el tiempo que pase. 




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