miércoles, 11 de febrero de 2026

HISTORIA DEL CASTILLO DE SAN ANTÓN

 



Me encontraba yo en el Museo Militar de La Coruña disfrutando de todas las piezas expuestas cuando, de repente, paré delante de la maqueta del Castillo de San Antón, una fortaleza emblemática de la ciudad. 

Está edificado sobre una isla pequeña que se llama Pena Grande, donde existía una ermita dedicada a San Antón. Contiene un faro que guía a los barcos y desde el que se puede disfrutar de una vista panorámica del puerto. 

Este castillo nació en el siglo XVI como un fortín defensivo para proteger La Coruña. Ya, al principio de su construcción, rechazó el contraataque inglés en respuesta a la Armada Invencible en 1589. Su ubicación en la bahía la convirtió en un baluarte clave para ello. Después se completó su edificación en 1590. La dirección de la obra se debe al Teniente Pedro Rodríguez Muñíz. Este oficial, por desgracia, al revés que los Capitanes Varela y Troncoso, no es recordado por muchos coruñeses, aunque su labor fue tan importante como la de estos en la defensa de La Coruña.

En la parte alta del castillo se encuentran la sacristía y la capilla, además de casamatas utilizadas como dormitorios y almacenes para los soldados que vivían en la fortaleza. Contiene también un aljibe para almacenar agua.

Formaba junto con el Castillo de Santa Cruz y el Castillo de San Diego un dispositivo defensivo para la ciudad. 

Como ya dije, nació en el siglo XVI como fortín y evolucionó como refugio para marineros con enfermedades contagiosas, para mantenerlos aislados de la población. De ahí pasó a ser lazareto y  prisión. Todavía se conserva un lugar retirado en el que estuvo preso el marino Malaspina, condenado por la Inquisición. Incluso, en la posguerra, llegó a albergar presos políticos.

Fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1949 y desde 1994 Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento. Desde ese mismo año alberga el Museo Arqueológico e Histórico de La Coruña.

Actualmente se exhibe desde orfebrería castreña hasta piezas de la Edad de Bronce. También cuenta con una lorica segmentata, armadura que perteneció a un legionario romano. De esta forma unen la historia con la arqueología local. En el castillo se exhiben también embarcaciones antiguas. El museo ofrece periódicamente visitas guiadas a los turistas.


Tengo que decir que, como usuario de silla de ruedas, me encuentro imposibilitado de recorrer su interior, cosa que, afortunadamente, hice cuando podía andar.

Lo que me parece surrealista es que, a una pregunta que hice de por qué no se podía poner una rampa de madera para visitar el castillo, uno de los trabajadores me dijo: "Porque lo prohíbe Patrimonio". Esto no solo es indignante, sino que además es absurdo. La propia casa de María Pita, la heroína coruñesa, se puede visitar en silla de ruedas sin que Patrimonio haya puesto ninguna pega. Además sería una rampa de quita y pon. La razón debe ser otra, pero prefiero no investigar el motivo.

Todas estas reflexiones que dejo por escrito se me ocurrieron contemplando la maqueta del Castillo de San Antón en el Museo Militar de La Coruña, visitas inolvidables para mi.

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